jueves, 28 de enero de 2021

La calle Queso y la leyenda del origen de su nombre

      Hay una calle en Córdoba que consigue abrirnos el apetito y no es otra que la calle Queso. Por desgracia no se encuentra cerca de la calleja Pan y Conejo, porque si no tendríamos el almuerzo resuelto. Pero vamos a centrarnos que al final nos va a entrar hambre de verdad.





     La calle Queso se encuentra enclavada en el barrio de San Lorenzo, perteneciente a la antigua zona de la Axerquía. Parte desde la calle María Auxiliadora y finaliza en la calle Frailes, y su existencia está documentada desde la primera mitad del siglo XV. Tiene una peculiaridad y es que, junto con las calles Ciegos y Horno del Agua forma una cruz, motivo por el que antiguamente se conoció a esta zona como la Cruz de San Lorenzo. Este último dato lo aporta Teodomiro Ramírez de Arellano en sus Paseos por Córdoba, añadiendo únicamente acerca del origen de su nombre que lo tomó en el siglo XVII de la fabricación de este alimento.



Calle Queso en el plano de 1811 del Barón Karvinski.




     Hay sin embargo una versión más romántica acerca del hecho que dio origen a esta denominación, y que fue publicada el día 10 de agosto de 1943 en un artículo del diario CÓRDOBA firmado por Javier Vázquez del Prado. La historia, que el escritor asegura que es verídica, sería la siguiente:

     Alrededor del año 1690 vivía en una casa señorial de esta calle un viejo hidalgo de nombre Nuño de Nuja y Lozano de Cabrera. Sobre el portalón de entrada de dicha casa lucía un escudo con espadas cruzadas sobre un tablero de ajedrez y un lema en latín cuya traducción sería "Valor, inteligencia, perseverancia". Don Nuño había quedado viudo tras fallecer su mujer al dar a luz a la hija de ambos, una niña de nombre Isabel que se convirtió con el tiempo en una bellísima joven como lo había sido su madre. La muchacha no salía nunca de casa, a excepción de las ocasiones en que asistía temprano a misa acompañada de su ama de cría, una mujer bizca y malparecida de nombre Manolita. Estas excasas salidas al exterior bastaron para que un joven se enamorase de ella. Se trataba de Rafael Benjumea, y vivía en una casucha al fondo de la calle, donde hacía dulces, vendía leche y fabricaba unos riquísimos quesos que eran famosos en todo el barrio.



Entrada a la calle Queso desde la de María Auxiliadora.




     No se sabe de qué manera Rafael e Isabel llegaron a entablar conversación, pero pasó que la muchacha acabó enamorándose a su vez del pobre quesero. Nada de esto llegó a oídos de don Nuño, quien pretendía casar a su hija con el marqués de Ocaña, persona decrépita y desagradable que causaba auténtica repulsa en Isabel. Mientras tanto Rafael, que no estaba dispuesto a renunciar a su amada, comenzó a entrar en casa de don Nuño con la excusa de vender los quesos que fabricaba. El viejo sin embargo era bastante tacaño y, ante la negativa a comprar ninguno de ellos, Rafael acabó ofreciéndoselos como una especie de muestra gratuita, aún a pesar de que el dinero no le sobraba  precisamente. Pronto se aficionó don Nuño a todas las variedades de queso que Rafael le traía, más aún cuando el muchacho continuamente le aseguraba que los elogios hacia su producto, además de garantizarle nueva clientela, eran suficiente pago para él.



Esquina de las calles Queso y Ciegos.




     De esta manera Rafael conseguía poder ver e incluso cruzar algunas palabras con la joven Isabel, pero el tiempo y el dinero se le acababan, y decidió que era ya hora de actuar. La suerte se puso de su lado presentándole una ocasión que no podía desaprovechar. Don Nuño, que había invitado al marqués de Ocaña a cenar, lo hizo llamar para que le facilitase más muestras de su sabroso queso con las que obsequiar a su invitado. Rafael no sólo aceptó, sino que se ofreció a dirigir la cena y a servirla él mismo. La velada fué todo un éxito y tanto don Nuño como el marqués alabaron sus habilidades culinarias, en especial el queso de oveja que se sirvió de postre, lo cual aprovechó el joven para hablarles de un rico manjar que un amigo suyo había aprendido a preparar en la India, y que estaría preparado en una hora para ellos siempre que contase con la ayuda de unas manos habilidosas, pues el plato tenía su complicación. Don Nuño aceptó y ordenó a su hija Isabel que ayudase a Rafael en la preparación y, mientras los jóvenes se marcharon a la cocina, él y el marqués comenzaron una partida de ajedrez. Debió de ser muy disputado y absorvente el juego puesto que ninguno de los dos escuchó cómo el coche de caballos del marqués se alejaba a toda prisa.
     Una vez que había pasado la hora que Rafael marcó para la preparación del plato, apareció el ama Manolita con un pequeño queso sobre una bandeja, pero cuando los dos ajedrecistas fueron a probarlo descubrieron que se trataba únicamente de la corteza exterior del queso hábilmente separada y bajo la cual había un papel en la que el joven le comunicaba su huida con Isabel. De nada sirvió la cólera de don Nuño pues aunque salió en su búsqueda no consiguió encontrarlos. Rafael e Isabel acabaron casándose y se instalaron en Sevilla. Con el tiempo, don Nuño acabó aceptando la situación y, tras perdonarlos, se reunió con ellos para así poder seguir degustando su postre favorito.

     ¿Historia real o ficción? Las leyendas no son otra cosa que hechos reales excesivamente adornados, y algunas veces demasiado distorsionados, y la tomemos en serio o no, ésta es una más de las historias que enriquecen el folklore de nuestra ciudad y que hay que recordar de vez en cuando.


Rafael Expósito Ruiz.





DOCUMENTACIÓN
- Noticias extraídas del diario CÓRDOBA (años 1940 a 1970), recopiladas por Ildefonso López García-Sotoca. RED MUNICIPAL DE BIBLIOTECAS.
- Paseos por Córdoba, TEODOMIRO RAMÍREZ DE ARELLANO.

IMÁGENES
- Sección del Plano de Córdoba de 1811, del Barón Karvinski o "de los franceses". RED MUNICIPAL DE BIBLIOTECAS.
- Fotografías realizadas por el autor.

miércoles, 20 de enero de 2021

Córdoba "la llana"


Panorámica de Córdoba al pie de la sierra. Fotografía de mi amigo © Fernando Sendra.



¡Tus sendas de cabras
y tus madroñeras,
Córdoba serrana!

¡La del romancero,
Córdoba la llana!...
Guadalquivir hace vega,
el campo relincha y brama.


     Así se refirió a Córdoba el poeta sevillano Antonio Machado en su poema Apuntes, publicado en su obra Nuevas canciones en 1924. También en el poema Olivo del camino, dedicado a la memoria de su amigo Cristóbal Torres con quien compartía tertulias en el Casino de Artesanos de Baeza, usa el apelativo de "llana" para nombrar a nuestra ciudad. El poeta cordobés Juan Morales Rojas escribió algo más tarde su Soneto a Andalucía, donde se refería a Córdoba de igual manera:

Cielo azul entre campos soleados,
desde Jaén a Córdoba la Llana.
Una lírica gracia sevillana
y un bálsamo de olivos plateados.


     Todos hemos escuchado esa expresión en algún momento sin darle mayor importancia, pero lo cierto es que, al igual que la localidad cántabra de Santillana del Mar, la que según el dicho popular ni es santa, ni llana ni tiene mar, Córdoba tampoco lo es ( me refiero a lo de llana, lo del mar está claro y lo de santa lo dejo a la decisión de cada uno). Cualquier cordobés sabe esto; tan sólo basta con andar por ella, o prestar atención a aquellas personas que, según la zona en la que viven, dicen subir o bajar al Centro a comprar o a "arreglar algún papel". Ciertos nombres del callejero también nos dan una idea de que precisamente la ciudad no está asentada sobre una planicie. Las cuestas de Luján, Peramato, de San Cayetano, del Bailío o de la Pólvora son buena muestra de ello, y no dejan lugar a dudas de que en Córdoba subes o bajas.


Imágenes antiguas de las cuestas de Luján y de Pero Mato.

Cuesta del Bailío. 




     Resulta que Córdoba está construida sobre los restos de una serie de terrazas fluviales que el río Guadalquivir ha ido creando a lo largo de los milenios hasta su encajamiento actual en la cota de 90 metros sobre el nivel del mar, y que irían subiendo a modo de escalones hasta los 180 metros del barrio Naranjo. La extensión de estas terrazas es lo suficientemente grande para que se tenga la impresión de que toda la ciudad es igual de llana. Podemos caminar desde la plaza de las Tendillas hasta Ciudad Jardín o desde la avenida Virgen del Mar hasta San Lorenzo y no notaremos cambio alguno; pero si vamos desde la avenida de San José de Calasanz hasta el paseo de la Ribera la cosa cambia.
     Seguramente donde más se note la diferencia de altitud, exceptuando el ya mencionado barrio Naranjo y la parte alta del Brillante, sea en las tres terrazas inferiores: sólo es necesario bajar por Claudio Marcelo y después por la calle Espartería para llegar a la plaza de la Corredera, o por la de San Fernando hasta la Cruz del Rastro para comprobarlo.


Mapa topográfico de Córdoba donde se muestran diferencias de altitud en las tres
terrazas inferiores.

         


     Entonces, ¿de dónde procede la expresión "Córdoba la llana? Pues bien, se trata de la deformación que ha sufrido a lo largo del tiempo la expresión árabe al-djana o al-yana. Noelia Silva aclara su sifnificado con estas palabras: 

     En la escatología musulmana el Paraíso se concibe como la morada definitiva de las almas de los bienaventurados, un lugar de deleite y descanso eterno reservado para los justos en compensación de sus buenas acciones terrenales. Creado a imagen y semejanza del paraíso primigenio habitado por Adán, se halla ubicado en el Cielo, en el lugar donde se encuentra Dios y su trono, y se interpreta inequívoca e invariablemente como un jardín. Para referirse a este lugar destinado a los elegidos, el Corán emplea la palabra árabe Djanna

     Para los cordobeses que vivieron en la etapa árabe de nuestra ciudad, Córdoba era el paraíso en la tierra, y así quedó reflejado en numerosos textos andalusíes y en la memoria de todos aquellos exiliados tras la expulsión. Como ha ocurrido a menudo en nuestra lengua, la mala pronunciación reiterada de palabras derivadas de otros idiomas ha dado lugar a esta curiosa confusión, y Córdoba ha pasado de paraíso a planicie. Cosas que pasan.


Rafael Expósito Ruiz.





DOCUMENTACIÓN
LIÑÁN GUIJARRO, ELADIO /  RUIZ BUENO, MANUEL DIONISIO. Cuaternario y geomorfología: Revista de la Sociedad Española de Geomorfología y Asociación Española para el Estudio del Cuaternario, ISSN 0214-1744, Vol. 32, N.º 3-4, 2018, págs. 9-22
SILVA SANTACRUZ, Noelia (2011). "Paraíso en el Islam", Base de datos digital de iconografía medieval. Universidad Complutense de Madrid.

IMÁGENES
Panorámica de Córdoba: © Fernando Sendra.
Fotografías en blanco y negro: Archivo Municipal de Córdoba.
Mapa Topográfico de Córdoba: Topographic-Map.Com.

sábado, 16 de enero de 2021

Calles de Córdoba: Los oficios perdidos

 

     Hay nombres en las calles de Córdoba de políticos, doctoras, religiosos, científicas, escritores, batallas, y un largo etcétera. Muchos de ellos persisten en el callejero desde hace mucho tiempo, algunos fueron cambiados para evitar duplicidades, que las había, o para eliminar topónimos malsonantes, otros fueron cambiados en virtud del régimen político que imperaba en cada etapa. Y hay nombres que hacen referencia a ciertos oficios ejercidos durante mucho tiempo en nuestra ciudad, ya olvidados en su mayoría, y cuyos gremios acabaron denominando a las calles que los albergaban. De las calles que responden a este tipo de nombres vamos a hablar hoy, de las que continúan existiendo y de las que ya no están.






ACEITEROS 
     Empezamos con un caso peculiar. Si entramos en la calle Cruz Conde desde la plaza de las Tendillas encontraremos a la izquierda una calleja sin salida, y sin nombre también pues sus inmuebles han acabado tomando la numeración de la calle principal. El bloque que hoy podemos ver al fondo de la calleja, que actualmente es el número 5 de Cruz Conde y que se construyó en 1925, era anteriormente el número 7 de la calle Aceiteros. Se trata de lo que aún queda de otra anterior que desapareció en gran parte cuando se conectó la plaza de las Tendillas con la avenida Ronda de los Tejares, arrasando las callejas del barrio de Trascastillo. Partía de la calle San Álvaro, y curiosamente también se llamó con anterioridad Barqueros, al menos desde 1811, otro de los oficios que vamos a ver hoy. Teodomiro Ramírez de Arellano se extrañaba de que en esta calle pudiese vivir alguien con dicha ocupación al encontrarse tan retirada del río. Es extraño que tras la peatonalización de la calle Cruz Conde, cuando marcaron en el suelo el trazado de las antiguas calles que componían esta zona, se olvidaran de la de Aceiteros.


Trazado aproximado de la calle Aceiteros sobre un plano actual.


Vista del tramo que aún pervive de la antigua calle Aceiteros.




ACEITUNEROS
     En el barrio de Santa Marina hay una calle que une las de Moriscos y Huerto de San Agustín. Se trata de la calle Aceituno, aunque anteriormente tuvo los nombres de Aceituneros y Aceiteros, como en el caso que acabamos de ver. Al parecer vivían en ella unas familias dedicadas a la compra y venta de aceitunas, y probablemente a la fabricación del aceite. Ramírez de Arellano opina que ya en 1399 la calle se llamaba Aceituno, por lo que hoy en día vuelve a tener el nombre primitivo.


Calle Aceituno en la actualidad.




ALADREROS
     Este nombre hace referencia a aquellos artesanos que construían y reparaban aperos de labranza, arados, carros, etc. Aladro era el nombre que recibían en ciertos lugares los arados. Bajo el mismo podemos encontrar tres zonas en Córdoba. La primera sería la plaza Aladreros. Aunque en la Edad Media esta denominación afectaba al espacio sin edificar comprendido entre la Puerta de Gallegos y el Monasterio de San Hipólito, tras la urbanización de esta zona quedó reducida a una pequeña plaza, que más bien parece un ensanche de calle, entre la actual plaza Antonio Fernández Grilo y la calle Pintor Cuenca Muñoz.


Vista de la actual plaza Aladreros.



     También como de los Aladreros se conoció antes de 1811 la actual calle Cárcamo, que después pasó a denominarse Santo Cristo de la Misericordia. Curiosamente, la calle Costanillas, que forma esquina con Cárcamo, tuvo también el apelativo del que hablamos.
     Hay un dato curioso acerca de los aladreros y es que, según un "Auto de Buen Gobierno" de 1726, estaban obligados a apagar cualquier fuego que se produjese en la ciudad, junto con alarifes, albañiles, carpinteros y aguadores.


Calle Costanillas.

Calle Cárcamo.




ALFAYATAS
     Esta calle une las plazas de Abades y la Alhóndiga, en el barrio de la Catedral. Su nombre, que proviene del vocablo árabe hispánico alhayyát, alude a la antigua denominación castellana de las actuales costureras. La palabra alfayata, o alfayate en su acepción masculina, acabó en desuso en el siglo XVII frente al vocablo sastre, procedente de la palabra latina sartory que nos llegó a través del catalán con la forma sartre.
     Tuvo además en la primera mitad del siglo XIV el nombre de Albardería, que era el lugar donde se fabricaban las albardas, que son grandes almohadillas que se acoplan a los lados del lomo de los animales de carga. Poco tiempo después, hacia 1386, se denominó Alcaicería, seguramente por encontrarse en ella un acceso al mercado de la seda, y cuyo nombre proviene del árabe Al-qaysaryya.


Salida de la calle Alfayatas a la plaza Abades.




ARMEROS 
     En este caso se trata de una calle cuyo nombre obedece a los artesanos que se encargaban del oficio de la fabricación de armas. Se trata de la actual calle Lucano, que parte del cruce con la plaza de la Cruz del Rastro y las calles Cardenal González y San Fernando, y finaliza a la altura de la plaza del Potro. Según Francisco Román Morales esta calle se denominó anteriormente de la Armería, y tuvo además el nombre de otro tipo de artesanos como es de los Cordoneros, que veremos más adelante. Está dedicada a Marco Anneo Lucano, poeta cordobés y sobrino de Lucio Anneo Séneca.


Vista del tramo final de la calle Lucano.




BARBEROS
     Al menos cuatro calles de nuestra ciudad respondieron en algún momento a este nombre. La primera de ellas es la calle Romero, que parte desde la calle Deanes hasta el principio de la calle Almanzor. Inicialmente tan sólo el tramo que va desde Deanes a la plaza Profesor Aranguren ostentó el título de los Barberos, para más tarde denominarse Romero toda la calle por el apellido de algunos de sus vecinos.


Entrada a la calle Romero desde la calle Deanes.



     También de los Barberos denomina Ramírez de Arellano al ensanche que hay entre Ángel de Saavedra y Blanco Belmonte, por haberlos tenido durante mucho tiempo en la casa de la esquina. Este ensanche fue antiguamente una calle que desembocaba en la calle Leiva Aguilar e incluiría a la actual Ricardo de Montis. Francisco Román Morales, en "Las Calles de Córdoba" de 2005, apunta que la denominación de la calle Ricardo de Montis sería la del Barbero.


Vista de la calle Ricardo de Montis.




     La calle Hermanos López Diéguez, que parte de la plaza de San Andrés y finaliza en la esquina de la calles Enrique Redel y Arroyo de San Andrés, ostentó también este nombre. En el plano de 1811 de Karvinski aparece con esta denominación el tramo existente entre la calleja Beatas y la actual calle Pedro Fernández.


Tramo final de la calle Hermanos López Diéguez.



     El cuarto caso sería el de la calle Caño, que nace en la plaza de Chirinos y muere en la ronda de los Tejares. Aunque su trazado es prácticamente el mismo desde hace siglos, anteriormente finalizaba en el ensanche que hay justo a la entrada de la calle Osario.


Vista de la calle Caño desde el encuentro entre la plaza de Chirinos y la calle
Manuel de Sandoval.




BARQUEROS
     Bajo esta denominación vamos a encontrar dos calles, una que ya no se llama así que es la que vimos más arriba llamada Aceiteros, y la que actualmente ostenta ese nombre, que es la que une las plazas de Mármol de Bañuelos y San Miguel. Anteriormente tuvo el nombre de Mármol de Bañuelos al igual que la plaza, y sobre los años cuarenta del siglo XX se denominó García Morato. Tampoco esta calle está cerca del río como en el caso que se trató al principio de esta entrada, por lo que no tengo explicación para el origen de este nombre.


Calle Barqueros vista desde la plaza de San Miguel.




BATANEROS
     Esta calle en forma de "L" arranca desde Horno del Cristo y finaliza en Rey Heredia. Anteriormente se llamó Corral de Bataneros y calle del Batanero, por una casa de vecinos donde vivían trabajadores que manejaban los batanes. Éstos eran máquinas, generalmente hidráulicas y provistas de varios mazos de madera, que golpeaban los paños y tejidos para compactarlos y eliminar los residuos grasos que pudieran contener. Estuvieron vigentes hasta finales del siglo XIX en que cayeron en desuso ante las nuevas tecnologías textiles.


Calle Bataneros vista desde la de Horno del Cristo.




CALCETEROS
     Como Arquillo de Calceteros se denominó antiguamente el tramo de calle existente entre la plaza de la Cruz del Rastro y la calle Amparo, que corresponde en la actualidad con el primer tramo de la calle Cardenal González si nos atenemos a la numeración del callejero. Debe su nombre a los trabajadores dedicados a confeccionar y arreglar medias y calcetas, así como calzas de paño, y que se supone vivían en las casas contiguas. La denominación "arquillo" hace referencia a una antigua puerta romana conocida después por los nombres de "Bab Saraqusta", "Puerta del Sol" o "Puerta Piscatoria" entre otros, y cuyos restos se encontrarían dentro del bar La Bicicleta, pero de este tema hay más y mejor información en el blog notas cordobesas de Paco Muñoz, y en supersticiones, del recientemente desaparecido Manuel Harazem.


Tramo de Cardenal González que se correspondía con la calle Calceteros.




CALDEREROS
     Si seguimos andando desde el Arquillo de Calceteros hacia arriba, encontraremos a la derecha la calle Caldereros, que finaliza justo donde empieza la de Rey Heredia. Su nombre proviene de unos trabajadores portugueses instalados en ella y que se dedicaban a la fabricación de utensilios de cobre, entre ellos los calderos. Como curiosidad sobre estos artesanos, existe una Real Cédula de 1781 que prohibía a los "vagabundos dedicados a la venta de efigies de yeso, botes de olor, palilleros y otros efectos de esta clase ni los caldereros ni buhoneros sin que fijaren su domicilio". Esta calle tuvo con anterioridad otras denominaciones como Bensalha, de Francos, de los Jurados y en 1811 del Horno de Porras.


Vista de la calle Caldereros.



     También la actual calle Diario de Córdoba, que va desde el final de Claudio Marcelo hasta que se encuentra con la calle San Fernando a la altura de la cuesta de Luján, tuvo en su día los nombres de Caldereros y de la Calderería.



Calle Diario de Córdoba.




CARNICEROS
     La calle Martínez Rücker, que enlaza las plazas de Santa Catalina y Abades, se llamó de los Carniceros según Ramírez de Arellano "por habitar también en algunas de sus casas los vendedores de carne, quienes tenían sus puestos en la plazuela de los Abades y frente a la Catedral". Anteriormente también se la denominó de las Carnicerías, nombre que también tuvo un tramo de la calle Alfaros.


Entrada a la calle Martínez Rücker desde la Mezquita-Catedral.


     

CEDACEROS
     Esta calle parte desde una placita o ensanche que se encuentra entre las calles Juramento y Toril y finaliza en la de Gutiérrez de los Ríos. Ambas, plaza y calle, llevan el mismo nombre, pues en ellas se vendían los cedazos para las tahonas y otros oficios. Los cedazos eran y son unas cribas usadas para separar la parte más fina de ciertas sustancias, como por ejemplo la harina que se usaba en las tahonas o establecimientos donde se elaboraba y vendía pan, por lo que no es de extrañar que esta calle también recibiera el nombre de los Tahoneros.


Vista de la calle Cedaceros.

Plaza Cedaceros.




CERRAJEROS
     Calle de los Cerrajeros es otra de las muchas denominaciones relacionadas con algunos oficios que tuvo la actual Diario de Córdoba. Además de éste y del de Caldereros y de la Calderería, como hemos visto más arriba, también se llamó de las Librerías de los Libreros. Su trazado, junto con la calle San Fernando, correspondería aproximadamente al lienzo de muralla que separaba la Medina de la Axerquía en el período árabe de nuestra historia. Su nombre actual se debe al antiguo "Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos", fundado por Fausto García Tena en 1849, y que tuvo su imprenta en esta calle.


Vista de la calle Diario de Córdoba.




CORDONEROS
     Dice Wikipedia lo siguiente acerca de este oficio: Cordonero es el oficio del artesano que trabaja todo tipo de cordonería, como son los cordones de cotilla y calzoncillos, "agujetas", "torzales", "presillas", borlas, cofias de torzal o cosidas a palillos, flecos de hilo, alamares, bolsillos, trenzas y trencillas de "espadines" y llaves, charreteras tejidas a mano para bastones, calzones y hombros; todo género de presillas de sombreros, cordones de reloj, engarces de rosarios, cadenetas hechas al ganchillo y todo tipo de cordón "escabechado de hilo" y cíngulos del mismo género; botones de todas clases, lisos o bordados de seda, pelo, cerda, oro, plata, etc.
     Bajo esta denominación vamos a encontrar tres calles en Córdoba. Por un lado tenemos la calle Lucano, según Ramírez de Arellano "por los muchos de este oficio que en ella vivieron". Otro oficio más que unirle al de los armeros como hemos visto antes. También la calle Zapatería Vieja, en el tramo que comienza en Cardenal González hasta que la calle gira a la izquierda, tuvo el nombre de Cordoneros, como aparece reflejado en el plano de Montis de 1851. Por último está la calle Cardenal González, en concreto el tramo que va desde la plaza de la Alhóndiga hasta la calle Caño Quebrado, según el mapa de Karvinski de 1811.


Calle Zapatería vieja vista desde la de Cardenal González.

Vista de la calle Cardenal González desde el final de Corregidor Luis de la Cerda.




CUCHILLEROS
     El oficio de estos artesanos dedicados a la elaboración de cuchillos y navajas dio nombre a un tramo de la calle San Fernando, concretamente el que va desde la cuesta de Luján hasta la calle Maese Luis.


Vista de la calle San Fernando desde la Cuesta de Luján.




     Quedan aún muchas calles que mantienen el nombre de los gremios que ejercían sus oficios en ellas, o cuyos trabajadores las habitaban, pero no quiero que esta entrada sea excesivamente larga. Continuaré repasando este tipo de calles en una próxima entrada.


Rafael Expósito Ruiz.







DOCUMENTACIÓN
Archivo Municipal de Córdoba.
Ramírez de Arellano, Teodomiro. Paseos por Córdoba, 1873-1877.
Román Morales, Francisco. Las calles de Córdoba, 2005.

FOTOGRAFÍAS
Todas hechas con poca o ninguna gracia por el autor.

domingo, 10 de enero de 2021

De esquinas y columnas. Sexta parte

      Hace apenas cuatro meses que comenzamos esta serie de caminatas en busca de columnas y capiteles colocados en las esquinas de algunas casas. Como viene siendo habitual desde entonces, continuaremos nuestros paseos haciéndolo alrededor de las plazas de la zona más antigua de nuestra ciudad. Hoy visitaremos algunas como las de la Corredera, Socorro, Almagra y San Pedro. Empezamos.


Localización de las columnas sobre el callejero.




1. PADRE COSME MUÑOZ
     Partimos desde la plaza de la Paja donde vamos a ver la primera columna de hoy. Se encuentra en la esquina de la casa número 5 de la calle Padre Cosme Muñoz, haciendo esquina con la citada plaza (Fotografías 1 y 2). También esta calle fué conocida anteriormente como la de la Paja, y debe su actual nombre a un religioso soriano nacido en el siglo XVI que desarrolló su carrera en Córdoba, donde murió en el primer tercio del XVII.






2 y 3. PLAZA DE LA ALMAGRA
     Continuamos hacia el norte por la calle Padre Cosme Muñoz para encontrar las dos siguientes columnas justo a la salida. La primera de ellas la veremos en la esquina de la casa que pertenece al número 15 de la plaza de la Almagra, y no a la del Socorro como pudiera parecer, (Fotografías 3 y 4), en el edificio ocupado por un punto de recogida de basuras de la empresa SADECO. Justo en la esquina contraria, la que pertenece al número 12 de la misma plaza, podremos ver la segunda columna (Fotografías 5 y 6).







4 y 5. CARLOS RUBIO
     Dejamos atrás la plaza del Socorro y enseguida giramos a la derecha hacia la calle Carlos Rubio. Hacia la mitad de la misma y a la derecha veremos una calleja sin salida, que mantiene la numeración de la calle principal. Allí podemos ver otras dos columnas en las dos esquinas de la entrada (Fotografías 7, 8 y 9), en las casas números 14 y 20. En esta última nació a principios del siglo XIX el escritor cordobés que da nombre a la calle.







6. ESCULTOR JUAN DE MESA
     Continuamos por Juan Rubio y giramos esta vez a la izquierda para entrar por la calle La Rosa. Al salir de la misma estaremos en la plaza de San Pedro y, girando de nuevo a la izquierda encontraremos otra columna (Fotografías 10 y 11) en la esquina de la casa número 7 de la calle Escultor Juan de Mesa, conocida siglos atrás como calle Poyo.






7. ALFONSO XII
     No entraremos en esta última calle sino que atravesaremos la plaza de san Pedro con dirección a la calle Alfonso XII. En la casa número 1 de ésta, haciendo esquina con la calle La Palma, vamos a ver una nueva columna (Fotografías 12 y 13). Encima de ella hay una estructura de ladrillo visto que imita a una columna, sobre la que se puede apreciar lo que podría ser un capitel de piedra.






8. PEDRO LÓPEZ
     Continuamos por la calle La Palma y al pasar por la plaza Regina giramos a la izquierda, atravesando la calle del mismo nombre. Desembocaremos en la calle Gutiérrez de los Rios y giraremos esta vez a la derecha, para entrar en la calle Pedro López. La siguiente columna de hoy la veremos en la casa número 29 (Fotografías 14 y 15), haciendo esquina con la calle Especieros.






9. CEDACEROS
     Continuamos por la calle Pedro López y giramos a la izquierda, atravesando la plaza del tambor y desembocando en la calle Juramento. Hacia la mitad de la calle hay un pequeño ensanche y en éste encontramos la entrada a la calle Cedaceros. En la esquina de la casa número 6 veremos la última columna del día (Fotografías 16 y 17).






     El paseo ha terminado por hoy, así es que continuaremos por la calle Juramento y giraremos a la derecha hacia la calle Toril para desembocar en la plaza de la Corredera. Aquí es donde nos vamos a tomar una cervecita para reponer fuerzas.


Rafael Expósito Ruiz.





Fotografías realizadas por el autor.