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viernes, 29 de noviembre de 2024

LA LOSILLA DE LOS ODREROS, UN PEDESTAL DE ESTATUA PERDIDO Y VUELTO A ENCONTRAR

     Existe un manuscrito en la Biblioteca Nacional, copia del siglo XVIII de otro anterior de Juan Fernández Franco (ca. 1520-25 - 1601), titulado "Antigüedades y memorias romanas de España". Su contenido resulta bastante obvio, creo que el título ya lo dice todo pero, entre esas antigüedades de las que se habla en él, hay una que me ha llamado la atención: un pedestal de estatua que los cordobeses de a pie conocían como "la losilla de los Odreros", sobre el que Fernández Franco dice lo siguiente:


IMAGEN 1. La losilla de los Odreros.



     «En la Cibdad de Cordova junto á la Corredera está una piedra mui grande de marmol cardeno quadrada que le nombran la Losilla de los Odreros, y tiene en el cantero de la piedra esta Inscripcion; es mui notable y antigua; es dedicacion que la Colonia patricia, esto es, la Cibdad de Cordova hizo en honra de Lucio Manlio hijo de Aulo Manlio, y nieto de Aulo Manlio del tribu Galeria tribuno de los Caballeros, esto es, Capitan de la Legion quindecima, Duumviro en los sacrificios, que era uno de dos para aquel efecto, y Prefecto juridicundo, que era Asistente en la Cibdad para la jurisdicion...»


IMAGEN 2. El pedestal, como aparece dibujado en el manuscrito.



     La denominación de "losilla de los Odreros" se debía a que estaba en algún punto de la actual calle Sánchez Peña, conocida anteriormente por la de los Odreros ya que, según Teodomiro Ramírez de Arellano, «este era el punto destinado a la venta de odres, ó sean los pellejos preparados para el trasporte de aceite, vinos y vinagre, vulgarmente llamados colambres». Lo de "losilla" era puro cachondeo cordobés, ya que el pedestal era de un tamaño considerable. El cronista cordobés Ambrosio de Morales (1513-1591), profesor de Fernández Ruano, escribiría en 1575 sobre él, aunque para esa fecha ya no se encontraba en su sitio:

     «Tambien por la lindeza de las letras se juzga aver sido desta ciudad antigua la gran piedra, llamada comunmente la losilla de los odreros. Losilla la llaman como por donayre, siendo una losa grandissima, y de los odreros, por estar en la calle de los deste officio, aunque ya no esta alli. Fue basa de estatua; y dize la dedicacion...»


IMAGEN 3. La calle Odreros (Sánchez Peña) desde la Corredera.



     Posteriormente, el historiador jesuita Pedro Díaz de Ribas, en 1627, el fraile agustino Enrique Florez, en 1747, y el también jesuita Francisco Ruano, en 1760, hablarían sobre él en sus respectivas obras, aunque ninguno de los tres conoce el destino del mismo. No sería hasta 1836, y gracias a la casualidad, que se averiguaría su paradero exacto, como se puede leer en el madrileño "El Español, diario de las doctrinas y de los intereses sociales":

     «En 3 de mayo de 1836 con el motivo de haberse trasladado la pila bautismal de esta parroquia de San Pedro de Córdoba del sitio donde ha estado muchos años, que era entrando por la puerta mayor, á mano derecha, y haberla colocado al lado de la izquierda en una capilla mas decente, se ha descubierto, que la piedra que servia de solera para afirmar el pie de dicha pila, es una losa de piedra lastreña negra, de una vara una tercia y una pulgada de largo, una vara y dos pulgadas de ancho, y una tercia y tres pulgadas de grueso, en el cual por un lado tiene la inscripcion siguiente:

L. MANLIO
A. N. GAL. BO
RIB. MIL. LEG
II VIR. PRAE
VR. DIC. DD. C

     Por el recorte de algunas letras, que se le advierten faltas, se conoce que para acomodarla á dicho sitio le cortaron mucha parte del grueso de la losa; pero sin embargo, se conoce evidentemente que es la misma que publicó el padre Flores en su España Sagrada...»


IMAGEN 4. Entrando, a la derecha, donde estuvo la pila bautismal.



     De modo que, en algún momento entre 1550 (1) y 1575, el pedestal fue retirado de su ubicación en la calle Sánchez Peña y trasladado a la ahora basílica menor de San Pedro para que sirviera como peana de la pila bautismal, no sin antes haberlo recortado para que se ajustara a las medidas necesarias. Supongo que fue colocado tumbado y, tal vez, con la inscripción mirando hacia la pared, de otra forma no encuentro explicación al hecho de que durante tres siglos ninguno de los escritores que la mencionaron supiera que estaba allí.

     Una vez librado del peso del agua bendita sobre sus riñones, el presbítero José González mandó que el pedestal fuese colocado «en la esquina de la pared del postigo de la sacristía, para que se conserve la memoria de esta inscripcion, y está de modo que se ve la misma inscripcion, y el pie que servía de base á la pila bautismal». Así es que lo único que me faltaba era ir a verlo con mis propios ojos, pero hete aquí (siempre he querido usar esta expresión) que cuando accedí al interior de la basílica no encontré el pedestal, ni junto a la sacristía ni cerca de ella.


IMAGEN 5. Entrada a la sacristía.



     El empleado del Cabildo, encargado de controlar el acceso de visitantes a la basílica de san Pedro, me había acompañado amablemente a la puerta de la sacristía para corroborar que, efectivamente, el pedestal no se encontraba allí. Estuvimos charlando algunos minutos y, tras comentarme la posibilidad de que éste hubiera sido retirado tras alguna de las reformas que sufrió la basílica, me sugirió que mirase en el patio exterior trasero, en el que había algunos restos antiguos.


IMAGEN 6. La losilla, junto a unos macetones.



     Efectivamente, en un patio cerrado al público, aunque visible su interior desde la calle a través de unas rejas de hierro, se encontraba el ansiado pedestal, o al menos lo que queda de él porque, como se decía en el artículo del periódico, había sido mutilado cortándole una considerable cantidad del grueso, eliminando así parte de la inscripción original. En el lateral más afectado, muestra además el rebaje en el que se encastró el pie de la pila bautismal y parte del mismo aún empotrado, confirmando el hecho de que, como me parecía más lógico, el pedestal estuvo tumbado mientras sirvió como peana.


IMAGEN 7. Restos del pie de la pila en un lateral de la losilla.



     Es cierto que, aunque puede ser contemplada por cualquiera, la losilla de los Odreros está "escondida a la vista de todos" y seguramente muy pocos se percaten de su presencia. Tal vez estaría mejor en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba, donde estaría protegida de los elementos y sería más factible el poder verla de cerca, además de evitar que a alguien se le ocurriera volver a reutilizarla.


Rafael Expósito Ruiz.  




(1) Desconozco la fecha en que Fernández Franco describió el pedestal, aunque en la década de 1550 regresó a Córdoba después de haber estudiado en Alcalá de Henares, y bien pudo ser en esas fechas cuando realizó el manuscrito, aunque esto es una apreciación personal sin ningún fundamento.




DOCUMENTACION
- Antigüedades y memorias romanas de España, Juan Fernández Franco.
- De las Antigüedades y Excelencias de Córdoba, 1627. Pedro Díaz de Ribas.
- El Español, diario de las doctrinas y de los intereses sociales, n.º 226, 13 de junio de 1836. Biblioteca Nacional de España.
- España Sagrada. Teatro Geográfico-Histórico de la Iglesia de España, 1747. Enrique Florez.
- Historia General de Córdoba, 1760. Francisco Ruano Girón.
- Las antigüedades de las ciudades de España, 1575. Ambrosio de Morales.
- Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, 1873-1877. Teodomiro Ramírez de Arellano y Gutiérrez

IMÁGENES
- Imágenes 1, 3, 4, 5, 6 y 7: Fotografías del autor.
- Imagen 2: Ilustración del manuscrito de Juan Fernández Franco.

viernes, 8 de noviembre de 2024

UN PEDESTAL DE ESTATUA PARA REPARAR EL PUENTE ROMANO

      La reutilización de materiales constructivos no es nada nuevo, es algo que el ser humano viene practicando desde tiempos inmemoriales. En Córdoba, por ejemplo, visigodos y árabes reutilizaron basas, fustes y capiteles romanos, y la ciudad palatina de Medina Azahara acabó convertida en una cantera para todo tipo de construcciones tras su destrucción y abandono. Es curiosa, sin embargo, la finalidad que se le acaba dando a algunos de esos materiales, como se puede deducir del título de esta entrada.


IMAGEN 1. Puente romano, o al menos viejo, de Córdoba.



     A finales de 1873 Luis Sáenz Gutiérrez, Inspector General del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, fue destinado a la provincia de Córdoba, y aún no había tenido de examinar y reconocer el Puente Romano cuando se produjo una de las más grandes avenidas en el Guadalquivir, el 7 de diciembre de ese mismo año. Cuando el nivel de las aguas volvió a su sitio y se pudo hacer un reconocimiento del estado del Puente, el Inspector quedó asombrado no sólo por el deplorable estado en que éste se encontraba sino por la disparidad de los elementos que lo formaban:

     «Por doquiera me hablaban del puente romano; que tal origen tenía había leído ya en varios documentos, como también haber sido reconstruido por los árabes, sufriendo reformas más tarde y después de la reconquista. Aun examinada detenidamente la obra una y otra vez y ante aquella imponente masa de pilas de exagerados espesores, desiguales todas como sus tajamares, y sosteniendo arcos también de distintas luces, alturas y formas, con diferentes construcciones y aparejos, reparos y recalzos, y, reunidos, desde el sillar perfectamente labrado, al vergonzoso rehenchido con ladrillo, no era dable precisar la época en que se construyera ninguno de los arcos. De arquitectura clásica romana los centrales, si bien modernos relativa y seguramente, románico otro al parecer, con mucho aspecto árabe alguno, gótico quizás o mudejar...»


IMAGEN 2. El puente en 1894.



     Otro aspecto que le sorprendió, y de manera negativa también, fue el hallazgo de una pieza usada en una de las muchas reparaciones que tuvo el Puente a lo largo de su historia, y que es de la que trata esta entrada:

     «Como prueba del poco esmero ó ligereza con que se tomaban materiales para la reparación de este puente, y el ningún aprecio en que eran tenidos los recuerdos romanos, puedo citar el encuentro de un sillar, puesto al descubierto al rebajar en Agosto de 1877 el zampeado (1) que se reparaba por debajo de uno de los tajamares (2). Este sillar de mármol procedente de las canteras de la sierra de Córdoba, medía un metro de altura por medio de soga y uno con setenta centímetros de tizón. En uno de los mayores frentes, rodeada por bien labrada moldura, se leía claramente la siguiente inscripción, que se conserva en el Museo provincial de aquella ciudad:

IN HONOREM
MEMORIAE
C» ANNII» C» E (3)
LEPIDI
MARCELLI
TRIVMVIRI
KAPITALIS
ORDO
SPLENDIDISSIMAE
COLONIAE
CORDUBENSIVM
STATVAM
EQVESTREM
PONI» DECREVIT
QVINTIA» P-F (4)
CALLA (5)
MATER
HONORE ACCT
INPENSA» (6)


IMAGEN 3. Zampeado con emparrillado de madera.



     Según la ficha técnica que ofrece en la actualidad el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba sobre esta pieza, se trata de una caliza violeta, piedra local muy usada en Córdoba. Las dimensiones son 107,50 cm. de altura, 34,50 cm. de grosor y 52 cm. de ancho, y la descripción que ofrece es la siguiente: «Bloque prismático rectangular (paralelepípedo), fracturado en tres fragmentos que presenta una de las caras lisas moldurada en el borde, con una inscripción, desarrollada en 19 líneas, con letra de 2 y 3 cm. de altura. Interpunción triangular. La pieza está bastante deteriorada, la moldura erosionada y algún fragmento que falta; no obstante, la inscripción se lee bien y está completa». Anteriormente Samuel de los Santos Jener, director del Museo entre 1925 y 1958, la mencionó de esta manera en la Guía publicada en 1950:

     «En los lados útiles de este patio hay también instalados pedestales de estatuas imperiales y altares dedicados a personajes y divinidades, con numerosas inscripciones, de que, dada la brevedad de esta GUÍA, sólo anotaremos los más interesantes: En 1877 se halló en un estribo tajamar del puente sobre el Guadalquivir el pedestal número 37, que conmemora la erección de una estatua ecuestre al Triunviro Cayo Annio Lépido, costeado por su madre, Quintia Galla, hija de Pompeyo, que dice así:...»


IMAGEN 4. El pedestal en el Museo Arqueológico.



     Las transcripciones de la inscripción ofrecidas por Sáenz Gutiérrez, de los Santos Jener o el C.I.L. varían mínimamente en algunas letras, lo que no afectaría en gran medida al contenido de la misma, que básicamente nos dice que Córdoba hizo erigir "post mortem" una estatua ecuestre sobre un pedestal en honor de este C. Annius C.f. Lepidus Marcellus, y que su madre aceptó el honor y reembolsó los gastos a la ciudad. Nos quedamos, sin embargo, sin saber qué fue de la estatua y en qué punto exacto fue colocada ya que, una vez que hubo que reparar el puente, primó más el valor que el pedestal tenía como piedra que el histórico que pudiera haber tenido.

 

Rafael Expósito Ruiz.


(1) Zampeado: Técnica utilizada para calzar los pilares del puente cuando no existe roca madre superficial. El procedimiento es la creación de un emparrillado reticular por medio de vigas de madera tratada contra la humedad. En los vértices de cada retícula se clavan los pilotes. El resto de la retícula se adoquina. Esta técnica era comúnmente utilizada para la construcción de puentes antes del siglo XX. (F. Javier Rubiato Lacambra).
(2) Tajamar: Ensanchamiento realizado en la pila de un puente adoptando una sección de forma hidrodinámica (redondeada, almendrada o triangular) para conducir suavemente el agua de la corriente bajo el puente, de manera que se disminuya el empuje sobre la obra y se facilite el desagüe. Vocabulario de Ingeniería de Puentes.
(3) C(ai) · ANNII · C(ai) · F(ilii), según el C.I.L. (Corpus Inscriptionum Latinarum).
C. ANNl. C. P., según Samuel de los Santos Jener. 
(4) QVINTIA · P(ubli) · F(ilia), según el C.I.L.
(5) GALLA, según el C.I.L.
(6) IMPENSAM re[misit], según el C.I.L.



DOCUMENTACIÓN
Datos históricos acerca de la construcción del puente llamado de Córdoba en la carretera de primer orden de Madrid a Cádiz, 1894. Luis Sáinz Gutiérrez.
- Guía del Museo Arqueológico Provincial de Córdoba, 1950. Samuel de los Santos Jener.
Huellas romanas en la provincia de Córdoba. Calzadas y puentes, 2002. Francisco Javier Rubiato Lacambra
- museosdeandalucia.es/web/museoarqueologicodecordoba
- Navarro Caballero, Milagros. Perfectísima Femina, 2017. Milagros Navarro Caballero.
- Puentes romanos. Los puentes romanos del término municipal de Córdoba, 2013. Ildefonso Ostos-López.

IMÁGENES
- Imagen 1: Fotografía hecha por el autor.
- Imagen 2: Dibujo extraído de "Datos históricos acerca de la construcción del puente llamado de Córdoba en la carretera de primer orden de Madrid a Cádiz", Luis Sainz, 1894.
- Imagen 3: Dibujo extraído de "Puentes romanos. Los puentes romanos del término municipal de Córdoba", 2013. Ildefonso Ostos-López.
- Imagen 4: Fotografía de Dolores Luna Osuna que acompaña a la ficha del Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.

viernes, 25 de octubre de 2024

UN PEDESTAL EN EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CÓRDOBA

       El 19 de enero de 1912 Manuel Galindo, jefe del Museo Arqueológico Provincial de Córdoba, que por entonces compartía sede con el Museo Provincial de Bellas artes en la plaza del Potro, dirigía una petición por escrito al alcalde Salvador Muñoz Pérez para que éste gestionase la adquisición de una inscripción romana en mármol, que había permanecido en una esquina recién demolida de la casa número 14 de la calle Duque de Hornachuelos.


IMAGEN 1. Antigua ubicación del Museo Arqueológico.



     Esta inscripción llevaba allí colocada algo más de siglo y medio, desde que fuese hallada entre los cimientos de esa misma casa, propiedad entonces de Diego de León, y así nos la describe Francisco Ruano en su Historia de Córdoba de 1755:


IMAGEN 2. Historia de Córdoba.
     «Porque fabricando un quarto principal de las casas de D. Diego de Leon cerca del Colegio de la Assumpcion, por Octubre de 1752. se descubrió en los cimientos, à quatro varas de profundidad, una hermosa Bassa de jaspe blanco alabastrino, que fue Dedicacion de Estatua al Emperador FL. VALERIO CONSTANTINO (1), el menor, segun juzgamos, I habiendola sacado con grande trabajo, se colocó por mi dictamen en la esquina del nuevo Edificio, donde todos la pueden leer. Es de vara, i tres quartas de alto, i de ancho tres quartas poco menos, i como media vara de gruesso. Fue dedicada por EGNACIO FAUSTINO, Varon Perfectissimo, Presidente de la Provincia Betica en la forma acostumbrada, dando al Emperador los titulos de Varon Fortissimo, Indulgentissimo, Invicto, Eterno, i Augusto... i toda la Inscripcion suplida plenamente dice assi:

D. N.
VIROQUE. INDULGENTISSIMO
CONSTANTINO. INVICT
ATQUE. AETERNO. AUG
EGNATIUS. FAUSTINUS. V. P.
PRAES. PROV. BAET
DEVOTUS. NUMINI
MAIESTATIQUE. EIUS (2)»


     Además de la inscripción latina, en la parte baja del pedestal se puede leer otra en castellano, que se añadió posteriormente y que da cuenta del lugar y la fecha de su hallazgo.  Autores como Luis María Ramírez de las Casas-Deza, Luis Maraver y Alfaro, Bartolomé Sánchez de Feria o Teodomiro Ramírez de Arellano mencionan esta pieza en sus obras y, aunque básicamente repiten lo ya dicho por Ruano, algunos ofrecen el sitio exacto en el que se encontraba. Maraver señala «la esquina norte de dichas casas», mientras que Arellano asegura que en una esquina de «la plazuela que da vista al Jardín Botánico». Además, en la petición del Jefe del Museo Arqueológico referida más arriba, se habla de la «esquina frente al muro sur del Instituto».


IMAGEN 3. Zona en la que se encontraba el pedestal.



     La fachada del antiguo número 14 de la calle Duque de Hornachuelos daba la cara no sólo a ésta sino también a las de Diego León y Julio Burell (3) y en la esquina entre las dos últimas, que era la parte de la casa de Indalecio Díez que había sido declarada ruinosa en junio de 1911, se encontraba el pedestal que, tras el derribo necesario, fue recuperado.


IMAGEN 4. Fachada del n.º 14 de la calle Paraíso (Duque de Hornachuelos).



IMAGEN 5. El pedestal en el Museo.
     Volviendo a la petición que inició esta entrada, se solicitó al Arquitecto Municipal Félix Caballero que averiguase el nuevo paradero del pedestal, ya que él había dirigido los trabajos de derribo. Éste se hallaba en manos del propietario, Indalecio Díez puesto que, según el arquitecto, «satisfizo el importe del derribo al Ayuntamiento, quedando todos los materiales en su poder». Una vez que se contactó con el propietario, el pedestal acabó ingresando en el Museo Arqueológico, aunque desconozco si fue mediante donación o venta. Me hubiera gustado fotografiarlo pero por desgracia no se encuentra disponible para exposición actualmente, aunque podemos verlo en la fotografía que acompaña a la ficha del Museo Arqueológico, así es que ya tengo excusa para visitar el Museo en más ocasiones hasta que lo consiga.


Rafael Expósito Ruiz.


(1) Según el epigrafista Emil Hübner se trataría de Constantino I, mientras que Armin U. Stylow se decanta por su hijo Constantino II.
(2) Las letras que aparecen con un tamaño menor se corresponden a la interpretación hecha por Francisco Ruano de las que faltaban en la inscripción cuando se halló.
(3) Entre el 3 de octubre de 1910 y el 22 de enero de 1912, el tramo de la actual calle Claudio Marcelo que va desde María Cristina hasta la plaza de las Tendillas era la calle Julio Burell.




DOCUMENTACIÓN
- Expediente relativo a la devolución de una inscripción romana, que formaba parte del ángulo demolido por ruinoso de la casa n.º 14 de la calle Duque de Hornachuelos (antigua calle Julio Burell), 1912. SF/C 00837-043.
- Ficha MAECO, Inventario: DO000004. Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.
- Historia de Córdoba, 1863. Luis Maraver y Alfaro.
- Historia General de Córdoba, 1760. Francisco Ruano.
- Indicador cordobés, 1856. Luis María Ramírez de las Casas-Deza.
- Palestra Sagrada, 1772. Bartolomé Sánchez de Feria.
- Paseos por Córdoba: ó sean, apuntes para su historia, 1873-1877. Teodomiro Ramírez de Arellano.

IMÁGENES
- Imagen 1: museosdeandalucia.es/web/museodebellasartesdecordoba/historia.
- Imagen 2: Portada de "Historia de Córdoba", de Francisco Ruano.
- Imagen 3: Sección del plano, editado por el autor, perteneciente al expediente "Instituto Provincial de Segunda Enseñanza DIEGO LEON, 2 (COLEGIO DE LA ASUNCION). 1900. SF/C 00325-037". Archivo Municipal de Córdoba.
- Imagen 4: Sección del plano de 1884 de Dionisio Casañal, editado por el autor.
- Imagen 5: Fotografía de Guadalupe López Muñoz, perteneciente a la ficha del Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.

sábado, 24 de septiembre de 2022

LA BASA DE ESTATUA DE LA CALLE REY HEREDIA

     Supongo que esta entrada también la podría haber titulado "La basa de estatua de la calle Encarnación", puesto que se encuentra en la esquina que forman las dos calles y, por lo tanto, a ambas pertenece. Pero como normalmente es desde Rey Heredia desde donde suelo divisarla he decidido decantarme por ella.

IMAGEN 1.
     Concretamente está situada en la esquina del convento de la Encarnación, cuyas fachadas recaen en ambas calles. Al contrario que otras basas de estatua de forma cúbica que podemos ver en nuestra ciudad, como la que está empotrada en la fachada principal de San Nicolás de la Villa, ésta es de forma cilíndrica y podría llevarnos a pensar que se trata de una simple columna, al igual que tantas otras que decoran las esquinas de decenas de casas en nuestro casco histórico pero, a diferencia de éstas, se trata de una pieza pensada para sostener sobre ella una estatua y no el techo o el arco de ninguna construcción, amén de que al contrario que muchas de ellas no se colocó en el lugar que se encuentra en los años 50 del siglo XX para crear rincones fotografiables por los turistas, y lleva allí viendo pasar a foráneos y autóctonos más de cuatro siglos. En la parte superior de la misma, y a pesar de los rigores del tiempo y de los vehículos que en ocasiones llegan a rozarla, aún se lee a la perfección la dedicatoria que colonos y habitantes de Córdoba hicieran al edil Tito Mercelon:

T. MERCELLONI. PERSINO
MARIO. AEDIL. II. VIR
COLONI. ET. INCOLAE


IMAGEN 2.
     Existen bastantes obras dedicadas a la historia de Córdoba que mencionan esta pieza arqueológica, aunque casi siempre muy de pasada y normalmente para enumerarla como una más de las huellas que los romanos dejaron tras su estancia en nuestra tierra. Una de estas obras es "Las Antigüedades de las Ciudades de España" del historiador y cronista Ambrosio de Morales, publicada en 1575 y en la que podemos leer lo siguiente: «Por las mismas razones de las letras Romanas muy perfectas, y de la brevedad, tengo por de la ciudad antigua otra basa de estatua muy hermosa de marmol azul, que se hallo con parte de la estatua en casa de don Fernando de la Cerda, y esta agora en casa del canonigo Mohedano. Y dize...» 

IMAGEN 3.
     También Pedro Díaz de Ribas la menciona en 1627 en su obra "De las Antigüedades y Excelencias de Córdoba": «En la esquina del convento de las monjas de la Encarnacion, en frente de las casas de Don Damian de Armenta». Díaz de Ribas la sitúa en la esquina del convento, lugar donde hoy sigue, y sin embargo Ambrosio de Morales habla de la casa del canónigo Mohedano. Éste no sería otro que el canónigo Juan Mohedano, cuya casa lindaba con el convento en esas fechas, aunque no he llegado a averiguar si la basa estuvo primero en un sitio y luego en el otro o sí el convento en sus sucesivas ampliaciones se anexó la casa, por lo que en ambos casos se estaría hablando del mismo lugar. Por lo que respecta a las casas de Damián de Armenta, se trata de la casa señorial que hay justo frente a la salida de la calle Encarnación a Rey Heredia, antiguo palacio del duque de Medina Sidonia que fue adquirido más tarde por la familia de los Armentas.

IMAGEN 4.
     Otra mención a la basa la encontramos en 1760 en "Historia General de Córdoba", obra de Francisco Ruano, quien la describe así: «En las casas de los Marquéses de la Vega se halló en los tiempos de Morales una hermosa Columna de marmol cardeno con parte de la Estatua. Persevera hoi en la esquina del Monasterio de la Encarnacion, i tiene de alto siete quartas, i de gruesso mas de tres, dedicada à la memoria de TITO MARCELLON PERSINO MARIO, Edil, i Consul de Cordoba, puesta por los Colonos, i habitadores...» Aquí la disparidad se encuentra no en el sitio en el que se halla la basa sino en el lugar en que fue hallada, aunque no es tal ya que el Fernando de la Cerda que menciona Ambrosio de Morales en 1575 como dueño de la casa donde se encontró era el V Señor de la Vega de Armijo, cuyo señorío pasó a marquesado en 1679, y por lo tanto ambas casas son la misma.

     Luis Maraver y Alfaro habla sobre esta basa en su obra "Historia de Córdoba" en 1863 de la siguiente manera: «Sosteniendo la esquina de la pared oriental de la iglesia del monasterio de la Encarnacion, que es de religiosas cistercienses, hay un grueso mármol negro que fué hallado en los tiempos de Ambrosio de Morales en las casas de los Señores Marqueses de la Vega de Armijo, cuya basa tiene cerca de dos varas de alta por tres cuartas de gruesa...»

IMAGEN 5.
     Más autores han hablado sobre ella en obras posteriores, pero sería tedioso e innecesario mencionarlos a todos ya que básicamente la información que aportan es siempre la misma. Sin embargo, no quisiera terminar esta entrada sin releer de nuevo la socorrida "Paseos por Córdoba" de Teodomiro Ramírez de Arellano, y no por lo que escribiera en su día sobre la basa, que viene a ser lo mismo que otros habían escrito, sino porque nos da la situación de la casa donde ésta fue encontrada: «Pasada dicha calle nos encontramos con la plazuela del Vizconde de Miranda; aún existen allí cuatro casas principales: la de los Ríos, hoy del Barón de San Calixto; la del Marqués de la Vega de Armijo, en la actualidad de los Sres. Enríquez... Contigua á la casa del Vizconde, y formando rincón, está otra, un tiempo principal de los Marqueses de Vega Armijo, de quienes a principio del presente siglo la adquirieron los Sres. Enríquez; en algunos padrones antiguos vemos esta plazuela con el título del Marqués». 

     Ignoro en qué estado estaría la parte de la estatua de Tito Mercelon que se halló, porque ninguno de los autores antes mencionados nos habla sobre su suerte, y si se encontrará expuesta en el Museo Arqueológico o guardada en sus almacenes, o si por el contrario fue usada como relleno en cualquier edificación o construcción nueva como tantas otras veces se ha hecho por desgracia en nuestra ciudad. El caso es que ya no descansa sobre su basa y en su lugar lo hace un capitel que nunca fue creado para estar allí.


Rafael Expósito Ruiz.


DOCUMENTACIÓN
- Las obras mencionadas en esta entrada

IMÁGENES
- Fotografías 1 y 3: Archivo Municipal de Córdoba.
- Fotografías 2, 4 y 5: Tomadas por el autor.

martes, 24 de noviembre de 2020

El verdadero origen de la Piedra Escrita

     Al final de la calle Moriscos, en la esquina que forma con la calle Cárcamo, hay una fuente de estilo barroco conocida como "de la Piedra Escrita". De su frontis que imita un retablo, o de los dos caños de agua que salen por las bocas de sendos leones, poco o nada se puede añadir que no se haya dicho o escrito con anterioridad. Hay un detalle que siempre se repite, que es la razón por la que estoy escribiendo esta entrada, y es el hecho de que se desconoce el origen exacto de tal denominación, y si realmente se refiere a la fuente o, como yo creo, al sitio en que se encuentra, sitio que tomó el nombre de una piedra en concreto. Así es que voy a intentar arrojar algo de luz sobre este tema.


IMAGEN n.º 1.



     Según Cordobapedia, existen dos versiones sobre el origen del nombre de la fuente, una atribuida a la inscripción que recuerda su construcción y otra que obedece a la existencia de una piedra de origen romano bajo el arco. Como tratamos con asuntos de bastante antigüedad no hay más remedio que acudir a los "clásicos". Sin duda alguna, para conocer cómo era nuestra ciudad en otros tiempos, la primera opción es acudir a Teodomiro Ramírez de Arellano y sus Paseos por Córdoba, fuente por excelencia de la que beben muchos estudiosos en estas materias. En ella escribe lo siguiente:

     "El final de dicha calle (se refiere a la Calle Dormitorio de San Agustín, actualmente Obispo López Criado), en su confluencia con las de Cárcamo, Moriscos y Costanillas, es conocido por la Piedra escrita, por una inscripcion romana, ya borrada, que hay en el frente que forma el arco, bajo el cual hay una fuente con el pilar de mármol azul y dos leones del blanco, por cuyas bocas sale el agua: esta es de la llamada de la Fuensantilla, que nace detras del pilar de este nombre en el campo, al final del barrio de las Ollerias. En la parte alta tiene una inscripcion en una losa blanca, por la cual consta que fué hecha en 1721, siendo Corregidor de Córdoba D. Juan de Vera y Zúñiga. Antes estuvo la inscripcion en el pedestal de una gran cruz que habia en este sitio."


IMAGEN n.º 2. Placa conmemorativa de la construcción de la fuente.



     Ramírez de Arellano distingue claramente entre dos inscripciones: la romana ya borrada, y la que habla de la construcción de la fuente en 1721, aunque se decanta por la primera como causa del origen de la denominación "piedra escrita". Pero vayamos unos años hacia atrás para encontrar la segunda de las versiones que nos ofrece Cordobapedia. En 1856, Luis María Ramírez de las Casas-Deza apunta lo siguiente en su obra Indicador Cordobés, al enumerar las treinta fuentes con que cuenta Córdoba:

     "10 La Piedra-escrita. Llámase asi de la inscripcion que hay sobre ella, de la que consta que la mandó construir en 1721 el corregidor D. Juan de Vera y Zuñiga. El agua sale por la boca de dos leones."

IMAGEN n.º 3. Fuente de la Piedra Escrita. Auguste Léon, 1914.
MUSÉE DEPARTEMENTAL ALBERT KAHN.



     Hasta ahora no tenemos gran cosa, tan solo las afirmaciones de dos autores cuya validez se apoyaría únicamente en el hecho de que nos fiásemos de su palabra, pues no aportan ningún dato concluyente para poder decantarnos en uno u otro sentido. Dichos autores, aunque cercanos en el tiempo entre sí, están separados en más de un siglo de la construcción de la fuente y, por lo tanto, no hablan sobre el tema de primera mano sino por lo que han leído o escuchado con anterioridad. Es por esto que será necesario retroceder bastantes años más para encontrar alguna pista.


     Seguimos hacia atrás en el tiempo hasta llegar a 1811. De este año data el llamado Plano de los Franceses, primer plano conocido de Córdoba y realizado por el ingeniero de minas Barón de Karvinski y el ingeniero de puentes y calzadas Joaquín Rillo. Aunque con bastantes errores en su trazado, debido al procedimiento usado en su elaboración, nos proporciona importantes datos sobre la denominación de las calles y plazas de la época. Y en este plano nos encontramos con que la mayor parte del trazado de la actual Calle Moriscos, la que va desde la confluencia de las cuatro calles a que nos referíamos más arriba hasta el cruce con las actuales calles Valencia y Aceituno, es denominado como Calle de la Piedra Escrita. Este dato no nos saca aún de la duda sobre origen real de esta denominación, así que nos vamos ahora hasta el año 1772 para encontrar una nueva descripción, esta vez de la mano de Bartolomé Sánchez de Feria e incluida en su Palestra Sagrada:

     "La Iglesia de San Andres es también de Romanos, Templo muy principal, y asi lo dan à entender los fragmentos descubiertos en su reedificacion en este siglo: hallaronse alli dos Estatuas Consulares, y varios trozos de colunnas Romanas con una inscripcion à Tito Nerio, y no lexos de alli està la que llaman Piedra Escrita, que es una gran vasa de estatua."

IMAGEN n.º 4. Calle de la Piedra Escrita en el Plano de los Franceses.




     Aquí encontramos ya un dato interesante. Aunque Sánchez de Feria no se prodiga en la descripción, sí nos dice que se trata de una basa de estatua grande refiriéndose a una piedra, sin mencionar en ningún momento ni la fuente ni la placa que hay sobre ella. Una vasa, basa o bassa, que de diferentes formas lo podemos ver escrito en las obras de siglos pasados, es un pedestal o peana cuya función es sostener una estatua. Su forma suele ser poliédrica, aunque también las hay de forma cilíndrica, y en Córdoba tenemos dos claros ejemplos como son la que está empotrada en la fachada principal de la iglesia de San Nicolás de la Villa  y la que se halla en la esquina que forman las calles Encarnación y Rey Heredia.


     Pero retrocedamos hasta 1761, año en el que Francisco Ruano publicó Historia General de Córdoba. En esta obra vamos a ver la descripción más amplia hasta ahora de lo que yo opino que es el origen de la denominación "Piedra Escrita":

     "La piedra, que llaman Escrita, colocada en una esquina entre la Parrochial de Santa Marina, i el Convento de S. Agustin, es una grandiosa Bassa de Estatua de jaspe encarnado, de siete quartas de alto, media vara, i seis dedos de ancho, y de gruesso media vara. Toda persevera picada por la frente, donde estaba escrita, con una gruessa canal por el lado siniestro. Pero no podemos dudar por su grandeza, i forma, que fue Dedicacion de Estatua à Emperador Romano, aunque no nos conste su nombre: porque en todo es semejantisima à las Bassas de los Emperadores Constantino el menor, i Constancio el Ariano."

     En esta descripción nos encontramos varios elementos a tener en cuenta. Por un lado está el hecho de que, ya en el tiempo en que Ruano escribe su obra, la inscripción de la piedra está borrada, y podría ser que su existencia o no se deba solo a una interpretación personal del autor, basada en que la piedra es igual a otras dedicaciones imperiales que ha podido ver y en las que constaba el nombre del emperador a quien iban destinadas. Pero lo que sí parece tener claro es que se trata de una basa de estatua, pues como otros personajes de su época, lleva tiempo estudiando este tipo de antigüedades. Está además el hecho de que sitúa la piedra en una esquina y nos proporciona las tres magnitudes de la misma, cosa que sería imposible si, como afirmaría más tarde Ramírez de Arellano, la piedra estuviera incrustada en la pared bajo el arco de la fuente, mostrando por lo tanto únicamente una de sus caras.


IMAGEN n.º 5. Postal con la imagen de la fuente.
FO/D 0024-008, 
ARCHIVO MUNICIPAL DE CÓRDOBA.



     Retrocedamos ahora algunos años más, justo al año en que se construyó la fuente que pugna por ser el origen de la denominación "piedra escrita". En el ARCHIVO MUNICIPAL DE CÓRDOBA permanecen custodiados varios expedientes que he tenido la ocasión de consultar hace tan solo unos días. En el primero de ellos, en uno de los documentos que lo integran, se lee lo siguiente:
 
     "Cabildo del 7 de Feb. de 1721.
El sr. D. Antonio de Cardenas dice que reconociendo la gran falta de agua que tiene la ciudad y viendo lo abundante que es el remanente de la alcubilla de la Fuensanta vieja, pone en noticia de su señoría la ciudad que haciendo falta como hace una fuente en la Piedra escrita y á muy poca costa introducir dos o tres pajas de agua de dicho manantial en la atarjea de sus sudaderos para que de agua en la indicada fuente. La ciudad lo tomó en consideracion, acordando se lleven á efecto".

     En un segundo expediente se desglosan los gastos derivados de la construcción de una fuente y las cañerías correspondientes en la Piedra Escrita, y está fechado e 31 de Octubre de 1721.

     Y volviendo aún más atrás, hay en el ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÓRDOBA varios documentos que demuestran , si el anterior no lo había hecho ya, que la zona conocida como de la "piedra escrita" no debe su nombre a la fuente de la que venimos hablando, pues dicha zona, y en concreto la calle que en la actualidad conocemos como Moriscos, ya se llamaba así al menos 250 años antes de que la fuente existiera. Son documentos que hablan de transacciones efectuadas en la calle Piedra Escrita o cerca de ella. Del primero he encontrado referencia en una obra publicada en 2005 por Pilar Ostos Salcedo, y trata de la venta en 1471 de unas casas en la collación de Santa Marina, en la calle de la Piedra Escrita, por parte de Juan Romero al calderero Andrés Pérez (A.H.P.C., pergaminos, carp. 21, doc. 9). Un segundo documento, bajo la signatura CAR3,7, es una carta de posesión que Pedro de Ávila hace de unas casas en la collación de Santa Marina, cerca de la Piedra Escrita, y fechada el 20 de Agosto de 1472.


IMAGEN n.º 6. Fuente de la Piedra Escrita. Colección Luque Escribano.
FO/A 0194-003/F3, 
ARCHIVO MUNICIPAL DE CÓRDOBA.



     El dilema entre la placa colocada sobre la fuente y la piedra con una inscripción ya borrada está ya resuelto. Obviamente ya existía una calle llamada Piedra Escrita antes de que la fuente se colocara allí, pero quedarían todavía dos cuestiones por resolver. La primera es si realmente esa piedra era una basa de estatua. De creer las palabras de Bartolomé Sánchez de Feria y de Francisco Ruano habría que decir que sí; este último la vio y la reconoció como tal, y se tomó la molestia de medirla. La segunda cuestión tiene que ver tanto con la ubicación original como con el paradero actual de la piedra. Según Ruano estaba en la esquina, hecho que le permitió medir el ancho, el largo y el alto de la misma, y sin embargo Ramírez de Arellano dice: "una inscripcion romana, ya borrada, que hay en el frente que forma el arco, bajo el cual hay una fuente". A primera vista se referiría al vano o espacio libre entre el arco y la fuente, pero podría referirse a todo el frente de la fachada donde está colocada esta obra, por lo que si la piedra estaba en la esquina, una de sus caras daría a ese frente. Pero, ¿Dónde está hoy?

     Llegados a este punto voy a dejar volar un poco la imaginación, y para ello tomaré como referencia las fotografías antiguas y actuales de la fuente y las palabras de Francisco Ruano. Apoyado contra la pared y adosado a la fuente existe un pequeño monolito de piedra, que en su parte inferior toma la forma de la curvatura de la misma, cuya finalidad desconozco, aunque me inclino a pensar que pudo servir de apoyo a los cántaros recién llenados de agua. En las imágenes más antiguas se puede ver tras él la fachada más o menos bien enlucida con el zócalo más oscuro. Y en una de estas imágenes, la número 6 en concreto, se puede apreciar una anomalía en la esquina que me hace recordar a Ruano cuando afirma: "con una gruessa canal por el lado siniestro" (Imágenes n.º 7, 8 y 9).


   IMAGEN n.º 7.                                                                 IMAGEN n.º 8.



     ¿Se trata solo de una esquina de piedra o podría ser que la basa de estatua que mencionaron Sánchez de Feria y Ruano siempre haya estado ahí oculta bajo el enlucido y que la podamos ver ahora que se encuentra parcialmente destrozada? Por imaginar que no quede.


IMAGEN n.º 9.



Rafael Expósito Ruiz.





DOCUMENTACION
- Posesión de unas casas en la collación de Santa Marína cerca de la Piedra Escrita, de un pedazo de viña en el pago del Granadal y de una heredad con casa bodega y viña en el pago del Campo de Abajo, más alla del pueblo de Villar. 20-08-1472. CAR 3/7. ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÓRDOBA.
Fuentes y Cañerías. Manantiales de la Fuensanta Vieja. Antecedentes históricos relativos al agua de la Fuensanta y Piedra Escrita desde 1471 a 1842. 1842. SF/C 00275-015. ARCHIVO MUNICIPAL DE CÓRDOBA.
- Fuentes y cañerías. Arroyo de la Fuensanta.. cuenta de los gastos ocasionados en la obra de la cañería y fuente que se ha hecho en la plaza de la Piedra Escrita. 1721. SF/C 00275-016. ARCHIVO MUNICIPAL DE CÓRDOBA.
- Historia General de Córdoba. Francisco Ruano, 1761.
- Palestra Sagrada, ò Memorial de Santos de Córdoba. Bartolomé Sánchez de Feria, 1772.
- Indicador Cordobés ó sea manual histórico-topografico de la ciudad de Córdoba. Luis María Ramírez de las Casas Deza, 1856.
- Paseos por Córdoba. Teodomiro Ramírez de Arellano, 1873.
- Notariado, documentos notariales y Pedro González de Hoces, Veinticuatro de Córdoba. Pilar Ostos Salcedo, 2005.

FOTOGRAFÍAS
Realizadas con poca o ninguna gracia por el autor (no soy fotógrafo y se nota), excepto las que están debidamente acreditadas en sus respectivos pies de foto.


jueves, 6 de agosto de 2020

La "piedra escrita" de San Nicolás de la Villa

   "Sucede que en ocasiones uno mira muchas veces algo pero no lo ve..." Así comenzaba mi primera entrada a este blog y así comienza la segunda porque los tiros van por el mismo sitio.

   En innumerables ocasiones he pasado por delante de la iglesia de San Nicolás de la Villa. Suelo fijarme en su torre octogonal porque me fascina y en general no le presto demasiada atención a la fachada, es bastante sobria y no tiene nada especial que me haga detenerme a contemplarla. Es cierto que si he reparado en la columna, supongo que romana, incrustada en la esquina de la calle San Felipe con la calle Concepción.


Columna en la esquina de San Nicolás de la Villa. Fotografía del autor.



   De columnas en esquinas está la zona más antigua de Córdoba plagada, en la zona en la que vivo hay bastantes y estoy acostumbrado a verlas por lo que no le he dado más importancia a ésta que a las otras. Con la excepción quizás de la que se encuentra en la esquina del Convento de la Encarnación, entre las calles Encarnación y Rey Heredia. Ésta la veo casi a diario por razones circulatorias (no tengo más remedio que pasar por allí con el coche) e incluso me entretengo en leer lo que en ella aparece escrito.


Pedestal en la esquina del Convento de la Encarnación.
Fotografía del autor.



   Se trata de un pedestal de estatua del que Ramírez de Arellano comenta: "Desde luego procedióse a hacer las obras para convertir las casas en convento [Convento de la Encarnación], aunque la iglesia nos parece de fines del siglo XVII, y dando la casualidad de encontrarse en una de las casas de los Sres. Marqueses de Vega de Armijo, un grueso mármol negro con una inscripción romana, lo colocaron en la esquina de la calle, donde se conserva..."

   Ya antes había hablado de este pedestal Francisco Ruano que, en su Historia General de Córdoba, aseguraba: "En las casas de los Marqueses de la Vega se halló en los tiempos de Morales una hermosa Columna de marmol cardeno con parte de la Estatua. Persevera hoi en la esquina del Monasterio de la Encarnacion, i tiene de alto siete cuartas, i de grueso más de tres, dedicada à la memoria de TITO MARCELLON PERSINO MARIO, Edil, i Consul de Cordoba, puesta por los Colonos, i habitadores. Dice assi: 

T. MARCELLONI. PERSINO
MARIO. AEDIL. II. VIR
COLONI. ET. INCOLAE

   He de decir aquí que aunque Ruano transcribe MARCELLONI, lo que en realidad aparece en el pedestal es MERCELLONI. Pero, aclaraciones aparte, volvamos a San Nicolás que me estoy yendo por las ramas.


Inscripción en el pedestal del Convento de la Encarnación. Fotografía del autor.



   Como dije más arriba con respecto a la fachada de San Nicolás, es cierto que me había fijado en la columna de la esquina, pero resulta que estuve leyendo hace poco tiempo la "Historia General de Córdoba" del jesuita Francisco Ruano y publicada en 1761 y en ella encontré que, entre las descripciones que hace de innumerables inscripciones romanas en diferentes puntos de nuestra ciudad, hay una donde dice:

   "Del Emperador FL. JULIO CONSTANCIO... tenemos otra grande Bassa de Estatua en S. Nicolas de la Villa, clavada en la pared septentrional de la Iglesia entre la esquina, i la puerta, mirando hacia el Monasterio de S. Martin. Es de jaspe encarnado de siete quartas de alto, i media vara de ancho... La inscripción dice assi:


FORTISSIMO. ET. INDULGENTISSIMO
PRINCIPI. DOMINO. NOSTRO
CONTANTIO. VICTORI
PERPETUO. SEMPER. AUGUSTO
DECIMIUS. GERMANIANUS
VIR. CLARISSIMUS. CONSULARIS
PROVINCIAE. BAETICAE
NUMINI. MAIESTATIQ
EIUS. DICTASSIMUS"  







   Así es que hace unos días, aprovechando una mañana de compras con mi hija, decidí entrar a la iglesia para comprobar si dicha basa de estatua seguía existiendo. Recordaba las indicaciones de que debía estar entre la puerta y la esquina, en la pared septentrional. La visita al interior fue breve porque enseguida comprobé que en esa pared no había nada parecido a lo que buscaba, y porque estábamos en mitad de una misa y la gente empezaba a mirarnos raro. Cuando salimos, al pasar junto a un recorte en el enlucido de la fachada a ras de suelo en el que se aprecia lo que tomé por una especie de antiguo zócalo de piedra, le dije a mi hija acercándome brevemente a él: Esto no puede ser porque no tiene inscripciones. Y ahí finalizó mi búsqueda sobre el terreno. No es que fuera una investigación muy concienzuda pero hacía más calor del que yo quería soportar.

   Ya en casa, molesto por mi fracaso, busqué en la red más información sobre la basa y encontré que muchos autores la han mencionado con mayor o menor profusión de detalles. Ambrosio de Morales, en la obra "La Coronica General de España", de 1574, dice sobre ella:

   "Este Emperador Constancio, de quien aqui se haze mencion, tuuo agora a España, pues fue Emperador del Occidente, y fue padre del gran Constantino. Pusosele estatua en Cordoua, como parece en la basa della, que esta en vna pared de la iglesia de san Nicolas de la villa. Es de marmol cardeno, y dize assi,..."

Ilustración de La Coronica General de España.






   Martin de Roa, que se limita a reproducir la inscripción de Morales, escribe así en su "Antiguo Principado de Cordova en la España Vlterior, o Andaluz", de 1636:

   "I muchos siglos adelante en tiempo del Enperador Constancio padre del gran Constántino, hallamos residencia en Cordova de los Legados Consulares, que tenian el govierno de la España Vlterior, como lo muestra una hermosa basa de estatua de marmol cardeno en Cordova, que dize assi..."






   Por otra parte, Bartolomé Sánchez de Feria escribe lo siguiente en su obra de 1772 "Palestra Sagrada, ó memorial de santos de Córdoba", en el Tomo IV:

   "En San Nicolàs de la Villa se hallò, y existe hoy la dedicacion al Emperador Constancio, y otra à Claudio."





   También Luis María Ramírez y de las Casas-Deza hace mención a ella en la tercera edición de su obra Indicador Cordobés, ó sea Manual histórico-topográfico de la ciudad de Córdoba, publicada en 1856:

   "En una piedra que fué basa de estatua, y está metida, menos por una cara, en el muro de la Iglesia de San Nicolás de la Villa, se lee la siguiente inscripcion..."





   Otra referencia la encontramos en la obra de 1867 Crónica General de España, ó sea Historia Ilustrada y Descriptiva de sus Provincias,  en el apartado dedicado a Córdoba escrito por Manuel González Llana:

   "Véase sino una dedicacion hecha al padre de Constantino Magno, y que existia aun hasta hace poco en la iglesia parroquial de esta ciudad, iglesia llamada tambien de la Villa. Dice así..."





   Y no podemos olvidarnos de Teodomiro Ramírez de Arellano y sus Paseos por Córdoba, donde también habla de esta basa: 

   "Junto á ella había una gran basa de piedra que debió servir para una estatua, con una inscripción romana que muchos escritores copian y Ambrosio de Morales tradujo en esta forma:

Esta estatua puso (Décimo) Germeniano varon
clarísimo consular de la Provincia de la 
Bética al valentísimo y benignísimo Príncipe
Ntro. Sr. Constantino perpetuo vencedor,
siempre Augusto y pusoselas como muy sujeto
y dedicado á su divinidad y Magestad"





   La información que dan estos autores es escasa y, a parte de que hay ligeras variaciones al transcribir la inscripción de la piedra (no las he incluido todas por no alargar esto más de lo necesario), e incluso en el material o el color de la misma, todos vienen a decir más o menos lo mismo: que la piedra es una basa de estatua dedicada a Constancio y que está en San Nicolás de la Villa. Quizás la descripción que hace el Padre Ruano era algo más detallada, puesto que hablaba sobre las medidas de la misma y la situaba en una pared concreta, así es que volví a releer su obra y me encontré que al decir "miraba al monasterio de San Martin" (en los terrenos donde hoy está el bulevar del Gran Capitán) se refería en realidad a la basa y no a la iglesia como yo había interpretado, con lo que debía encontrarse en la fachada y no en el interior de la Iglesia. Así es que hace un par de días volví de nuevo a San Nicolás y esta vez prácticamente de rodillas observé el zócalo de piedra que antes había desdeñado. Y allí, en la parte superior izquierda, estaban unas casi imperceptibles marcas  que formaban lo que parecían las letras "SSIMO".


Situación de la basa en la fachada. Fotografía del autor.



Primer plano de la basa. Fotografía del autor.



Detalle de la parte superior izquierda. Fotografía del autor.



   Tras fotografiarla varias veces y desde distintos ángulos he intentado con un programa de tratamiento de imágenes resaltar todo el texto que fuera posible. No he conseguido sino distinguir algunas letras sueltas, en parte porque mis habilidades informáticas son bastante limitadas, en parte porque el desgaste de la piedra es considerable y en gran parte porque la basa contiene innumerables restos de algún tipo de enlucido y de pintura que hace prácticamente imposible leer nada en ella.


Parte de la inscripción resaltada por ordenador. Fotografía del autor.



   Pero no me cabe duda de que lo que para mí era un simple zócalo de piedra es la basa de una estatua. Si está dedicada al emperador Flavio Valerio Constancio, padre de Constantino I el Grande como aseguran Ambrosio de Morales y Martin de Roa, o a Flavio Julio Constancio, hijo de Constantino I el Grande como lo hace Francisco Ruano, es un tema para personas más expertas.

   Me gustaría añadir una cosa antes de acabar. No sé si este fragmento de nuestra historia estará protegido de alguna manera como bien cultural. Tampoco si la titularidad del mismo, y por añadidura la obligación de conservarlo, pertenece a la Iglesia o al Estado. En todo caso creo que urge restaurar y conservar una pieza que yo acabo de descubrir y de la que muchos quizás desconozcan su existencia.


Rafael Expósito Ruiz.