sábado, 15 de junio de 2024

LA ANTIGUA FUENTE DE LA PLAZA DE CAPUCHINAS

     Comenzaba el año 1857 y los vecinos de la plaza de Capuchinas y calles aledañas recibían ilusionados la noticia  de que, a lo largo del mismo, el Ayuntamiento les construiría una fuente pública. Lo que hoy en día parece una banalidad no lo era tanto en esos tiempos, cuando se podían contar con los dedos de una mano las casas que contaban con agua propia, mientras que una gran parte de la población tenía que hacer uso del agua de las fuentes para cubrir sus necesidades.

     Según el Indicador Cordobés, de Luis María Ramírez de las Casas-Deza, había tan sólo 32 fuentes públicas en Córdoba en 1856, repartidas entre algunos de los barrios o parroquias de la ciudad, y la más cercana a los vecinos de la plaza de Capuchinas era la que había próxima a la iglesia de San Miguel. La distancia no era excesiva, pero cuando tienes que volver a casa cargado con los cántaros llenos varias veces al día la cosa cambia. Sin embargo, la llegada de la fuente a la plaza de Capuchinas aún se haría esperar.


IMAGEN 1. Plaza de Capuchinas.



     Teodomiro Ramírez de Arellano, en sus Paseos por Córdoba, afirma que en 1860 se destinó el agua de la fuente de los Jardines de la Agricultura para surtir las de Tendillas, Capuchinas y Santa Victoria, pasando la primera a abastecerse de los veneros de Santa Clara. Se equivoca en la fecha, ya que una noticia en la prensa de septiembre de 1861da fe de que esto aún no había ocurrido:

     «Dicen los vecinos de la parroquia del Salvador que no hay en toda ella fuente alguna pública, y añaden que sería muy conveniente que de las aguas de Santa Clara, próximas á llegar á la ciudad, se surtiera una fuente de vecindad que se colocara en la plazuela de la Compañía ó en la de Capuchinas».

     Año arriba o año abajo tampoco es excesivamente relevante para el caso, y en 1862 ya se habla en la prensa de la fuente de la plaza de Capuchinas, aunque sólo sea para denunciar que unos chavales la habían inutilizado con una piedra. Lamentablemente no he conseguido localizar ninguna fotografía de la plaza en la que aparezca la fuente, aunque se sabe que estaba apoyada contra la fachada de la casa número 48 y que, según se aprecia en el plano de Casañal de 1884, su pilón era de forma semicircular, como en el caso de la fuente de la calle San Fernando.


IMAGEN 2. La fuente en un plano de 1884.



     Apenas dos décadas después, la fuente ya había generado los suficientes problemas como para que se pensara en trasladarla. Los continuos actos vandálicos contra la misma, como los robos del grifo o de su llave se unían a roturas en las tuberías, lo que hacía que el agua se derramase tanto de la fuente como de la alcubilla próxima, convirtiendo la zona en un lodazal y afectando a las fachadas de las propiedades colindantes, especialmente las casas números 46 y 48. En una sesión ordinaria del Ayuntamiento, celebrada el 9 de julio de 1881 y a petición de Manuel González Guevara, se acordó el traslado a otro punto dentro de la misma plaza que, según la prensa, sería el rincón de la misma, aunque esta vez separada dos metros de la pared.


IMAGEN 3. Entrada de cochera en el lugar que ocupaba la fuente.



     En 1884 la fuente aún no se había movido de su sitio y seguía estorbando el paso de los transeúntes, como señalaba el Diario de Córdoba, y tampoco lo hizo para agosto de 1894, momento en el que  se le añadió un nuevo caño al que ya tenía, bajo el mandato del alcalde interino Manuel Eguilior y surtido con una dotación de una paja de las aguas del venero de la Torrecilla, que venía a sumarse a la media que ya disfrutaba. Un año después Diego Roldán Lozano, propietario de la casa sobre la que estaba adosada la fuente, solicitó licencia para reformar la fachada de la misma, que daba tanto a la calle Liceo como a la plaza de Capuchinas, y probablemente ese hubiese sido el momento idóneo para trasladar la fuente, pero tampoco fue así.


IMAGEN 4. Proyecto de reforma de la casa número 48 por el lado de la calle Alfonso XIII.



     Pasarían algunos años más hasta que, en marzo de 1902, Diego Roldán se ofreció a cambiarla de sitio aunque tuviera que pagar la obra de su propio bolsillo y el Ayuntamiento, que no es tonto, aceptó, aunque con la condición de que la Comisión de Fomento decidiera el lugar idóneo. Como ya se sabe, "las cosas de Palacio van despacio", y el traslado no se aprobó definitivamente hasta mayo de 1904. El lugar escogido fue el centro de la plaza.

     Si la fuente había estorbado en su ubicación original, no lo haría menos en la nueva, al menos para unos caballos que se la llevaron por delante en septiembre de 1909. Una vez reparada, continuó en su sitio hasta que, en noviembre de 1925, comenzaron las obras de remodelación de la plaza para colocar allí el monumento al obispo Osio con motivo del 16º centenario del Concilio de Nicea. 


IMAGEN 5. Primer plano de la nueva fuente.



     La fuente fue retirada, con el consiguiente enfado de los vecinos que se surtían de su agua. Increíblemente, este malestar vecinal molestó mucho a un tal Andrés B., quien en las páginas del diario La Voz, arremetió contra aquellos «para los cuales es, sin duda, más importante el abasto de agua cómodo y fácil, que el cumplimiento de un deber histórico que tiene la raigambre de diez y seis siglos». En fin, leer para creer. Desde entonces la plaza de Capuchinas estuvo sin su fuente, hasta que fue nuevamente remodelada en 2010 y, además de limpiarla y restaurarla, se le añadió una pequeña, esta vez de tipo ornamental, en recuerdo quizás de la antigua fuente de vecindad.


Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACIÓN
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
- Fuentes públicas. Expediente, a petición del Sr. González Guevara, relativo al traslado de la fuente pública, existente en la plazuela de las Capuchinas, a otro lugar de la misma, por causar molestias a los vecinos. 1884. SF/C 00284-042.
- Diego Roldán (Rafael Jurado González) ALFONSO XIII, 48 (ANTES LICEO). 1895. SF/C 00324-072.

IMÁGENES
- Imágenes 1, 3 y 5: Fotografías del autor.
- Imagen 2: Sección del plano de Casañal de 1884, perteneciente al Archivo Municipal de Córdoba y fotografiada por el autor.
- Imagen 4: Plano perteneciente al proyecto de reforma de la casa número 48. Archivo Municipal de Córdoba.

sábado, 8 de junio de 2024

CÓRDOBA DESAPARECIDA: LA CALLEJA ALTA DE JESÚS CRUCIFICADO

     Entre las muchas callejas desaparecidas en Córdoba, cosa normal en una ciudad con la antigüedad de la nuestra y que, por lo tanto, ha sufrido muchas modificaciones en su trazado urbano a lo largo de la historia, hubo una que tiene la curiosa particularidad de haber "desaparecido" en dos ocasiones. Teodomiro Ramírez de Arellano nos habla de ella al describir la calle de Jesús Crucificado (actualmente Leiva Aguilar):

     «Estamos en la citada calle de Jesús Crucificado, á la que afluyen las de San Roque, del barrio de la Catedral, y la de Valladares, que pertenece al que vamos paseando; además tiene una calleja sin salida, que debió comunicarse con la de los Barberos en la calle de Pedregosa, y es conocida por calleja Alta de Jesús Crucificado; en ella han abierto una puerta á un departamento del convento de esta advocación, después de suprimido, y han establecido el cuartel del Cuerpo de Orden Público, vulgo Policía; aquellas monjas daban nombre a esta calle...».


IMÁGENES 1 Y 2. Calle Leiva Aguilar antes y después de ser pavimentada.
A la izquierda, la entrada a la calleja.



     El convento que menciona Ramírez de Arellano no es otro que el antiguo convento dominico de Jesús Crucificado, fundado en 1508 bajo el patrocinio de los marqueses del Carpio e instalado en un edificio construido en 1497 para servir como hospital, que se encuentra en la esquina de las calles Leiva Aguilar y Buen Pastor, y es precisamente una antigua priora del mismo quien nos ofrece una descripción más detallada de la situación de la citada calleja, en una carta que el 16 de diciembre de 1765 envía al ayuntamiento de Córdoba,  y en la que se lee «una calleja barrera, y sin salida que había en la calle alta de este convento por cima de la puerta de su Iglesia, y frente de los jardines de las Casas de los Saravias».

     Entiendo que la "calle alta de este convento" hace referencia a la de Leiva Aguilar, por encontrarse más al norte, en contraposición a la de Buen Pastor que sería la "baja", ya que el convento tenía fachada a ambas calles. Las Casas de los Saravias estaban situadas, según Ramírez de Arellano, en el número 1 de la actual calle Saravia, paralela a la de Leiva Aguilar y que, al igual que en la actualidad, atravesaría la manzana, haciendo frente así sus jardines al convento.


IMAGEN 3. La calleja en 1884.



     El objeto de la carta de la priora no era otro que "devolver" la calleja al ayuntamiento. Resulta que años atrás habían adquirido dos casas que daban a la misma para ampliar la clausura del convento, por lo que solicitaron la cesión de la calleja para incorporarla a éste, «por evitar algunos inconvenientes que por su vecindad experimentaba este Convento», vamos, que la gente se meaba, se cagaba y daba rienda a su lascivia allí, como lamentablemente continúa ocurriendo actualmente en otras calles y callejas del casco antiguo. El ayuntamiento accedió y la calleja fue cerrada, aunque no se construyó sobre ella e imagino que tan sólo se tapió su acceso, algo similar a lo ocurrido con la calleja del Curadero de la Sedala calleja del Curadero de la Seda, en la actual Ronquillo Briceño, cuyo trazado aún permanece intacto.

     Pero ahora, años después, las monjas querían deshacerse de las dos casas anexionadas al convento, que ya no eran útiles para ellas, y que supongo que la falta de liquidez las obligaba a venderlas, y obviamente era necesario volver a abrir la calleja para dar acceso a los posibles compradores. El ayuntamiento accedió, el 7 de febrero de 1756, pero con la condición de que se colocara una puerta de entrada a la misma, que debería quedar cerrada todas las noches «para evitar los perjuicios y daños que pueden resultar de estar abierta la dicha calleja, y más en calle escusada, y de poco tráfico». Dejaban abierta, además, la posibilidad de que el convento pudiera volver a cerrar la calleja siempre y cuando comunicaran su intención.


IMÁGENES 4 Y 5. La entrada a la calleja vista a mayor distancia.



     La calleja permaneció abierta dos siglos más, razón por la que, a partir de 1811, aparece reflejada en todos los planos de Córdoba de los siglos XIX y la mayor parte del siglo XX. Sin embargo en 1970 el antiguo convento, que en la actualidad alberga un asilo para ancianos, se anexiona el espacio que ocupaban la calleja y las casas que daban a ella para construir encima una ampliación del mismo, por lo que la calleja acaba desapareciendo definitivamente.


IMAGEN 6. La calle Leiva Aguilar en la actualidad, ya sin la calleja.



     Lamentablemente, y aunque ya pasé el medio siglo de vida, no tengo la edad suficiente para haberla conocido, ya que nací dos años después de su desaparición, pero tengo la suerte de pertenecer al grupo de Facebook HISTORIA DE CÓRDOBA EN IMÁGENES en el que, gracias a personas como Isabel Burón, Paco Muñoz o Rafael Granados Alba, aprendes anécdotas tan curiosas como que las vacas del corral del convento las sacaban a pastar un anciano albino y otro al que apodaban "chato", o que si podías hacer el giro de 90 grados de la calle Leiva Aguilar con un Seat 850, incluso marcha atrás, podías conducir por cualquier sitio.


Rafael Expósito Ruiz.



DOCUMENTACIÓN
- Obras Municipales. Alineación de Calles. Expediente pretendiendo el Convento de Jesús Crucificado abrir una calleja que antes tenía en su clausura, 1766.  SF/C 00766-043. Archivo Municipal de Córdoba.
- Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, 1873-1877. Teodomiro Ramírez de Arellano.

IMÁGENES
- Imágenes 1, 2, 4 y 5: Fotografías de Ladis, Archivo Municipal de Córdoba.
- Imagen 3: Sección del plano de 1884 de Casañal, perteneciente al Archivo Municipal de Córdoba y fotografiada por el autor.
- Imagen 6: Fotografía del autor.

domingo, 2 de junio de 2024

EL PRIMER GUARDIA CIVIL FUSILADO

     El viernes 5 de mayo de 1876, a las seis media de la mañana, el Batallón de Cazadores de Manila, las compañías del Batallón de la Reserva que prestaban sus servicios en "Córdoba la Vieja", dos escuadrones de a pie del Depósito de Doma y varios piquetes de la Remonta y de la Guardia Civil, se reunían a las afueras de la Puerta de Sevilla. Media hora después iba a tener lugar la ejecución del guardia civil Juan Muñoz Arellano.


IMAGEN 1. Pareja de Guardias Civiles.



     Muñoz Arellano era natural de Hinojosa, soltero y tenía treinta y dos años de edad. Formaba parte de una quinta extraordinaria de ciento veinticinco mil hombres, y no llevaba ni un año en el Cuerpo. Estaba destinado en el destacamento de Belmez, de donde salió una mañana de octubre de 1875 de partida con su compañero y jefe al que, cerca de la hacienda de Campo Alto, en Villaviciosa de Córdoba, disparó causándole la muerte. Inmediatamente después se entregó a un Capitán. Se desconocen las razones que le llevaron a cometer el homicidio, ya que la prensa de la época no entra en detalles y tan sólo apunta que pudo ocurrir tras una discusión. Hasta el momento del suceso, había mostrado una conducta irreprochable y era muy estimado por sus compañeros.


IMAGEN 2. Grupo de Guardias Civiles en 1891.



     El 22 de octubre entró en la cárcel de Córdoba, situada en el Alcázar de los Reyes Cristianos, de la que salió el 6 de diciembre para acudir al Consejo de Guerra celebrado en Sevilla, volviendo el 29 del mismo mes. La sentencia que salió de dicho Consejo no fue aprobada por el Capitán General y el caso tuvo que pasar al Tribunal Supremo, razón por la que el proceso se prolongó. Finalmente, el Supremo confirmó la sentencia del Consejo de Guerra: pena de muerte. Cuando Muñoz Arellano conoció la sentencia, el 4 de mayo de 1876, la recibió con entereza y únicamente dijo que «le quitaban la vida por haber matado a un asesino».


IMAGEN 3. Pareja de agentes en 1891.



     Fue puesto en Capilla a las siete de la mañana de ese mismo día, en uno de los calabozos habilitados para tal fin, donde se le facilitaron jamón dulce, salchichón y vino. Pasó sus últimas veinticuatro horas de vida extrañamente sereno, e incluso tuvo palabras de consuelo para uno de los "llaveros" de la cárcel, que había sido compañero suyo, y que se mostraba abatido por el destino del guardia civil. Tuvo tiempo también para despedirse de un compañero de celda y de dos cabos de su Compañía, a los que pidió que trasladasen su arrepentimiento ante el resto de compañeros.


IMAGEN 4. Una celda del Alcázar.



     A las ocho de la noche hizo testamento, ante el capitán Francisco Sánchez Maeso y el cabo primero Eusebio Robledo González, que actuó como escribano. Dejaba sus posesiones, una casa en Hinojosa y dos hazas de tierra en La Navilla y en Cerro Bermejo, a su único hermano, Antonio, al hijo de éste y a su prima hermana Feliciana, además de a los cleros de Hinojosa y Córdoba y a los establecimientos de Beneficencia. Dejaba también sus ropas para los presos que las necesitasen y para sus compañeros del Cuerpo. Durante todo el día apenas si pudo dormir, entre visitas y consuelos espirituales, aunque tampoco le era fácil conciliar el sueño. Finalmente, a las cuatro y media de la mañana, todos se retiraron y entraron a la celda los sacerdotes que lo acompañarían hasta su hora final.


IMAGEN 5. Prisión en el Alcázar de los Reyes Cristianos.



     Salió hacia la Puerta de Sevilla entre los llantos de sus compañeros de presidio, acompañado de los sacerdotes Francisco Osuna y Emeterio Bravo, su confesor Juan Cubero y los capellanes de los cuerpos de la guarnición, y precedido por la guardia del batallón de Manila que había sido designada para la Capilla, comandada por el capitán José Bonachera. Ahora que se aproximaba el final, su paso era vacilante y su ánimo había decaído. Llevaba un crucifijo en la mano del que no apartaba la vista, mientras iba diciendo «¡Perdonadme, Dios mío!» y «¡Hermanos míos, perdonadme!».


IMAGEN 6. Afueras de la Puerta de Sevilla.



     Una vez llegados al lugar de la ejecución, todo ocurrió con rapidez. Tras hablar con los sacerdotes y con un jefe de su Cuerpo, y suplicar de nuevo que lo perdonasen, se le vendaron los ojos, se arrodilló y rezó el credo y, a una señal del oficial al mando, cuatro fusiles y un revólver fueron disparados contra su pecho. Los intentos de conseguir su indulto por parte del obispo de la Diócesis, la Diputación, el Ayuntamiento, el Gobernador Civil interino, el Cuerpo Consular, los Círculos y Casinos y un sinfín de particulares, no habían conseguido evitar que, según decían haber oído en el Diario de Córdoba, Juan Muñoz Arellano acabase siendo el primer miembro de la Benemérita en ser pasado por las armas desde su creación.


Rafael Expósito Ruiz.


DOCUMENTACION
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

IMAGENES
- Imagen 1: Pareja de guardias civiles. Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau, 1900.
- Imágenes 2 y 3: Fotografías extraídas de libertaddigital.com.
- Imagen 4 y 6: Fotografías de Ladis. Archivo Municipal de Córdoba.