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miércoles, 20 de mayo de 2026

DOS HISTORIAS DE JUSTICIA POÉTICA

     En 1836 Córdoba fue el escenario de uno de los episodios que formaron parte de la Primera Guerra Carlista, entre los partidarios de Carlos María Isidro Benito de Borbón y Borbón Parma, hermano del recién fallecido Fernando VII, y los de María Isabel Luisa de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, legítima heredera al trono y que estaba representada por la reina regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, su madre. El 30 de septiembre de dicho año las tropas del general carlista Miguel Sancho Gómez Damas entraban en nuestra ciudad, ayudadas por parte de sus habitantes, y la tomaban definitivamente dos días después.


IMAGEN 1. La vista de Córdoba de Alfred Guesdon.



     Podría continuar narrando cómo se desarrolló esta ocupación de apenas dos semanas pero éste no es un blog de Historia sino de "historias", así es que os voy a dejar con el relato de dos de ellas. Las dos ocurrieron en 1836, una de ellas el mismo día en que las tropas carlistas entraban en Córdoba, y el nexo que las une es que en ambas acabó actuando la justicia poética. Teodomiro Ramírez de Arellano lo dejó escrito así:


IMAGEN 2. Bajando la Espartería.
     «Cierta mañana, bajaba la Espartería el infeliz Javier de Burgos, partidario de la suprimida constitución, al mismo tiempo que el voluntario realista Nicolás García, el Rubio, subia con su sable, que sacó, yéndose para el primero en ademan de herirlo: éste, indefenso y acobardado, demandó auxilio á un fraile de San Pablo que también pasaba y que con loable caridad lo abrazó, cubriéndolo con su manto y diciendo á su perseguidor:— «Ea, vamos, basta ya; nada de odios.» — mas, lejos de obedecer, le dio una estocada, pasando la capa del religioso y asesinándolo casi en sus brazos. Impune quedó por entonces aquel delito, como desgraciadamente sucede en muchas ocasiones; pero la Providencia se encargó de vengarlo, y en 1836, murió el García arrastrado por el coche-correo, en cuyo estribo se subió en un viaje á Sevilla, á donde iba á pié en busca de un hermano que lo amparase en la desgracia, que parecía perseguirlo desde la perpetración de aquel crimen».


IMAGEN 3. Los escalones de la bajada de la lonja.



     «Hacia el año 1830 hubo una gran cuestión entre dos vecinos de esta capital, uno llamado Cristobal de Soto y el otro conocido por Ravidiego: Francisco de Luque, amigo de ambos, hizo grandes esfuerzos por avenirlos, consiguiendolo, al parecer, y siguiendo con ellos todo el dia de broma, hasta llegar la noche, que convinieron en continuar reunidos; más uno de ellos, hizo presente la necesidad de ir a sus casas a dar aviso para no alarmar a las familias, creyéronlo acertado, sin comprender que iba a armarse de nuevo para saciar la sed de venganza contra el que ya lo había perdonado: reuniéronse de nuevo, siguiendo la broma hasta las doce de la noche en que, al pasar por el Mármol quebrado, el asesino echó un brazo por los hombros de su adversario y de pronto le clavó un cuchillo en el pecho, haciéndole caer en el escalón que forma la bajada de la lonja, echando a correr sin escuchar los denuestos de Francisco de Luque, a quien conocieron unas mujeres que se asomaron y cuyas declaraciones bastaron para que fuese preso y encausado por asesinato, no teniendo otras consecuencias por haber muerto en la cárcel, de pena, sin que fuese posible probar quién era el verdadero delincuente: éste quedó salvo, dedicándose a traer vinagre de Montilla y venderlo en Córdoba, además de otros portes de vino que hacía con una buena recua de mulos comprados con los productos de su industria, cada dia en aumento; el 30 de septiembre de 1836, en que entraron los facciosos en ésta Capital, llegó nuestro vinatero a la Puerta del Puente, y logrando que le abrieran entró con sus mulos por la Carrera; más, sintiendo los tiros de los nacionales que se replegaban al fuerte, aceleró el paso a entrarse por la calle del Mesón del Sol [Magistral González Francés], cuando le alcanzó una bala que lo dejó muerto en el mismo escalón de la lonja donde él tan inicuamente había asesinado al que ya le había dado la mano de amigo».


 Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACIÓN
- Paseos por Córdoba: ó sean, apuntes para su historia, 1873-77. Teodomiro Ramírez de Arellano.

IMÁGENES
- Imagen 1: Vista aérea de Córdoba, dibujo a lápiz y aguada sobre papel. Alfred Guesdon, 1853.
- Imágenes 2 y 3: Fotografías extraídas del grupo de Facebook HISTORIA DE CÓRDOBA EN IMÁGENES, compartidas por Lolo Cordoba y Antonio Moreno Bello respectivamente.





lunes, 13 de abril de 2026

EL CRIMEN DE PUEBLONUEVO. CONCLUSIÓN.

     La entrada anterior a ésta quedó se quedó en el momento en que conocimos las dos declaraciones de Andrés Pérez Granero, marido de la víctima. Ambas diferían bastante entre sí, aunque en los dos casos este individuo coincidía en que no había visto nada de lo que le había pasado a su mujer. La continuación del artículo del Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos, arranca con la declaración de su tío, Rafael Granero Torrente, y es la que sigue:

     Rafael Granero Torrente, tio del Andrés, es de 41 años de edad, vendedor de la plaza de Pueblo Nuevo de donde es vecino; carece de instrucción y ha sido anteriormente condenado á la pena de 12 años y un dia de reclusión temporal con las accesorias correspondientes, en causa que se le siguió en el juzgado de Fuente Obejuna por homicidio.
     Este procesado desde un principio ha manifestado y ratificado: que la tarde del dia 6 estuvo con su sobrino Andrés de máscaras, que al oscurecer se separó de él, estando por la noche en casa de su convecino Pedro Martinez que habia muerto aquel dia, viéndolo las vecinas Ramona Pino, Catalina Palacios é Isabel Berdejo, á las que acompañó á sus casas; que despues fué al café de Santa Bárbara, donde al camarero Pepe le pagó dos reales que le debia, marchándose á su casa de doce á una y media, donde lo vió entrar un vecino con el que habló, -que allí estuvo hasta las seis de la mañana del 7, en que se levantó yéndose á su ocupación; que al salir de su casa vió al criado de don José Marín, al que ayudó á cargar unas naranjas; que serían las seis de la mañana, como queda dicho, cuando fué á casa de su sobrino Andrés, para recoger un tablero para su puesto que en el corral tenía depositado, viendo al salir á su sobrina Rosa y á otra muchacha, que sacaban naranjas de la habitación de la derecha, habiéndole preguntado antes de salir á su sobrina María, si Andrés estaba en la mina, contestándole aquélla afirmativamente. Dijo también, que serían las siete de aquella mañana cuando su sobrina Rosa se presentó á su madre, que también tiene otro puesto en la plaza, diciendo «que Maria estaba muerta en el corral»; que él fué inmediatamente, pero al verla muerta y que no podia prestarla auxilios, se volvió á su puesto, de donde no se movió hasta terminar la venta; que á las nueve se fué á almorzar á casa de la Geroma, y de allí pasando por la puerta de la casa de la interfecta, se dirigió por la carretera para ver si llegaba su remitente. Asegura que su hermana habló con su sobrina Maria despues que él; que no vió fuego la primera vez que entró ni en la chimenea ni en el corral, pero sí luz en la habitación de su otra sobrina María, y que cree que ésta se quemara ella misma.


IMAGEN 1. Vista de Peñarroya-Pueblonuevo.


     De las citas que hace este procesado resulta: que con efecto acompañó á sus convecinas Ramona, Catalina é Isabel; que el camarero no recuerda si estuvo en el café Rafael Granero, sin duda por el bullicio que aquella noche habia con las máscaras; que si bien su vecino Marcelino Gimenez Tena no lo vió, su compañero Antonio H. Mellado, asegura que entre doce y una, estando llamando á la puerta de su casa llegó á la suya el procesado Rafael, al que como llevaba la llave le dijo «de eso me escuso yo»; -y que si ayudó al criado de don José Marín á cargar unas naranjas, no fué en el sitio ni hora que Rafael declaró.
     Además de lo expuesto, debemos manifestar que de voz pública se dice que este desgraciado mató de una paliza á una tal llamada Paula, con la que hacia vida marital, por más que oficialmente resulta que falleció de enteritis. Con posterioridad tuvo otra criada llamada Juliana Garcia que se marchó al poco tiempo; según el procesado, la despidió porque no le servia para la venta.

-


     María Granero Torrente -Esta procesada pasó la noche del 6 al 7 en su casa, según ha acreditado con el testimonio de algunos testigos; ha manifestado que de seis y media á siete de la mañana del dia del crimen fué á casa de su nuera á dejar á su nietecito; primero dijo que la vió en la cama y la preguntó si su hijo había ido á la mina, contestándole aquella que sí; luego dijo que no la vió ni podía asegurar si estaba ó no en la cama, y también afirmó después que si bien la vió le parecía que no le habló nada; que se marchó á su puesto de la plaza enseguida, hasta las diez; que como á las nueve y media llegó su hija Rosa á la que le dió los niños para que se los llevase á su nuera por que en la plaza le molestaban, volviendo enseguida aquella con la noticia de que María estaba muerta en el corral; que fué enseguida, y á poco de estar allí llegó el padre de la interfecta; que no vió leña encima ni debajo del cadáver, pero si que humeaba, y que la primera vez que aquel dia fué á casa de su nuera no vió fuego ni en el corral ni en la chimenea, creyendo que aquella se quemara sola, bien con el candil ó con el fuego de la chimenea; por último afirmó que cuando á las 6 fué á casa de la María Jordán «cree que le habló pero que no la vió porque es falta de vista.»
     Esta procesada tiene 51 años, natural de Box (Málaga) y carece de instrucción.
     Contra esta procesada se formulan cargos como el de que antes de casarse su hijo con la desgraciada María sedujo á ésta con engaño deshonrándola su hijo en su casa; ella. como es natural, niega; pero no apresuremos acontecimientos y oigamos á su consuegro.

     Lo que dice José Jordán Cámara
     Ha manifestado este desgraciado que siempre se opuso á las relaciones de su hija con Andrés por la desarreglada conducta del mismo, pero que accedió á que se casara por cubrir la deshonra de su hija que se sintió embarazada por el Andrés que abusó de su hija en casa de María Granero; que después de casados, ésta andaba levantando chismes acerca de si fulano ó mengano quería á su hija, dando esto lugar á reyertas y disgustos sin cuento en el matrimonio, y que cree que los autores de la muerte de su hija son Andrés, la madre de éste y Rafael Granero, no sospechando de Rosa, si bien de público se dice, que fué la que llevó el aceite con que los criminales impregnaron los vestidos de la asesinada, antes de prenderles fuego.


IMAGEN 2. La plaza de Santa Bárbara.



     Noticias complementarias
     Rosa aseguró primero que cuando á las seis estuvo en casa de su cuñada por las naranjas, oyó á María reñir al niño mayorcito, porque pegaba á la niña; no sospecha quien la matara, creyendo que ella misma se prendería fuego; después dijo que no sabe si la oyó hablar ó se lo figuró, confundida con el ruido de la calle; que sospecha de su tio y que los disgustos que había con su hermano Andrés eran debidos á lo borracho que este era.
     Está demostrado que tenían frecuentes disgustos Andrés y la interfecta, que estuvieron separados en el mes anterior al del crímen y que la opinión unánime acusa á Andrés Perez Granero y Rafael y María Granero Torrente, como autores más ó menos directos de la muerte violenta de la infelíz María Jordan Gavilán.

     Nuestro parecer.
     Como quiera que de los hechos consignados no resultan probados algunos extremos ó puntos que seguramente se dilucidarán en el acto del juicio, dejamos de emitirlo, si bien no hemos de abstenernos de consignar que la segunda declaración del Andrés por la que se inculpa de haber abofeteado á su mujer, y dice que su tio Rafael la cogió, llevó al corral y quemó, no está en contradicción con la formulada por su tio, pues este bien pudo ir á su casa y salir á poco rato y marchar á la de su sobrino; que es raro que Rafael Granero no fuera visto, ni viera á la Rosa y su compañera más que cuando salía con el tablero, que es de tenerse en cuenta la discrepancia que resulta entre las apreciaciones de los hermanos acerca de la hora de saber la noticia del crímen, así como de la impasibilidad que por sus manifestaciones, se vé quedaron al saber el crímen; y que entre otras circunstancias de que no hacemos mención por falta de espacio y dimensiones ya largas de este escrito, merece se haga notar las divagaciones y contradicción de la María Granero, si vió ó no vió, habló ó no habló á su nuera; así como esperamos que entre otros puntos se hará luz en el acto del juicio, si ya no estuvieran aclarados entre otros estos dos extremos pues nosotros lo ignoramos:
     1.º Si María Granero Torrente, la primera visita que hizo á su nuera al amanecer del dia en que se perpetró y descubrió el crímen fué con objeto de dejar al niño Vicente, hablára ó nó con la madre, ó la viera ó no la viera ¿cómo después mandó á Rosa con los niños porque le estorbaban en la Plaza? ¿Es que fué á dejar uno y se llevó tres?
     2.º ¿Si tanto la María Granero como su hermano Rafael fueron los primeros que supieron la noticia funesta de la muerte de María Jordán, y según afirmación ratificada por ellos mismos constantemente, se personaron inmediatamente en el lugar del suceso ¿cómo no apagaron el fuego en que seguramente ardían los vestidos y carnes de la desgraciada? ¿Es que no la vieron arder y sí el Guardia civil, el Alcalde pedáneo y el Facultativo que se personaron bastante después que ellos? ¿Es que tampoco olieron la pestilencia que había?
     No nos mueve la pasión en contra de persona alguna determinada, pero es nuestro deber satisfacer la opinión pública que vé un crimen horroroso donde hay que depurarlo todo para que el derecho perturbado por una tragresión tan terrible quede restablecido, imponiendo el merecido castigo á los culpables que resultan, si hay mas de uno.
     Ojalá que este bárbaro y espantoso hecho, como otros muchos por desgracia, tanto ó mas horribles, fueran hijos de la fantasía y no tuvieran realidad en nuestra sociedad, resultando que la infeliz María Jordán Gavilán pereció de muerte natural.
     Si como está demostrado que el hecho que nos ocupa es un vandálico «esparcimiento», y sus autores son ó fueron legalmente conocidos, desde ahora nos apresuramos á implorar indulgencia dentro de la ley.
     Por último, terminamos esta información participando á nuestros lectores que la muchacha que recojía las naranjas con la Rosa el dia de referencia, llamada Francisca, ha manifestado que tanto su compañera como la madre de la misma, le habian aconsejado dijese habia oido hablar á la Maria Jordán.
     Con el resultado de la prueba propuesta, que asciende en cuanto á la testifical y pericial á más de sesenta personas y los informes de la acusacion y de las defensas, fallará la sala primera de esta Audiencia, con arreglo al veredicto del Jurado.
     Para Andrés Perez Granero y Rafael Granero Torrente, pide el fiscal la pena de muerte ó en su defecto cadena perpétua, y para Maria Granero Torrente, como cómplice encubridora, la de 15 años de reclusión temporal, más á todos las accesorias correspondientes, multas, costas, etc.
     Las defensas de los procesados todos piden para sus patrocinados la absolución libre y que se declaren las costas de oficio, por falta de pruebas en que fundar la responsabilidad legal de los mismos.

FRANCO.


IMAGEN 3. El cerco industrial.




     Hasta aquí la segunda y última parte del artículo de Francisco González y Sáenz, que firmaba bajo el pseudónimo de FRANCO y que desde primeros de mayo se encargaba de la sección Revistas de Tribunales del Diario de Córdoba. Después llegaría el juicio, que comenzó el 10 de mayo de 1895, y su correspondiente y extenso artículo, también dividido en dos, pero creo que ya he abusado bastante del "corta y pega" y que seguramente estaréis deseando que este caso concluya de una vez por todas, por lo que intentaré ir al grano lo más resumidamente que pueda.

     Según expuso el fiscal en su intervención, sobre las doce o la una del fatídico día, Rafael llegó a la casa del matrimonio cuando Andrés estaba golpeando a María. Ambos, tío y sobrino, habían estado todo el día de carnavales y seguramente llevaban más alcohol dentro del cuerpo del necesario. Tal vez el hecho de que Andrés había sido obligado unos días antes por el alcalde de Belmez a regresar al domicilio conyugal, que había abandonado poco antes de que María diera a luz a su tercer hijo, fuera el detonante para que éste comenzase a pegar a su mujer esa noche, y la aparente naturaleza homicida de su tío y las más que probables negativas de María a los "requerimientos amorosos" de éste harían el resto. Entre los dos la arrastraron amarrada con una soga hasta el patio, no está claro si viva aún o muerta,  y una vez cometido el asesinato la rociaron con aceite y le prendieron fuego, en presencia al parecer del hijo de tres años, José, quien tras el suceso había dicho que «papá, la abuela y mi Rafael, mataron á su mamá, y que se la llevaron al corral con la jáquima» (1).

     El veredicto final llegó tras dos intentos fallidos, leídos el primero a las tres y cuarto de la madrugada del día 12 al 13 y el segundo a las cinco, ambos con ciertas incongruencias y contradicciones que hicieron que el jurado tuviera que reunirse a deliberar una tercera vez. Finalmente, a las seis de la mañana, llegó el veredicto definitivo y quince minutos después se leía la sentencia: María Torrente, aunque señalada como encubridora, no fue condenada finalmente en base al artículo 17 del código penal; para Andrés Pérez Granero y Rafael Granero Torrente, cadena perpetua. Espero que la cumpliesen íntegra.


Rafael Expósito Ruiz.




(1) Jáquima: Cabezada de cordel, que suple por el cabestro, para atar las bestias y llevarlas. dle.rae.es.




DOCUMENTACIÓN
- Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos: Año XLVI Número 13049 - 1895 mayo 7. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
- Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos: Año XLVI Número 13054 - 1895 mayo 12. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

IMÁGENES
- Imagen 1: Fotografía compartida por Loli Llerena en el grupo de Facebook FOTOS ANTIGUAS DE PEÑARROYA-PUEBLONUEVO.
- Imagen 2: Fotografía compartida por Jose Antonio Vaquera Carrasco en el grupo de Facebook FOTOS ANTIGUAS DE PEÑARROYA-PUEBLONUEVO.
- Imagen 3: Fotografía perteneciente al Fondo Francisco Solano Márquez. Archivo de la Diputación Provincial de Córdoba.

martes, 31 de marzo de 2026

EL CRIMEN DE PUEBLONUEVO. PRIMERA PARTE.

     El 7 de febrero de 1894 la localidad cordobesa de Pueblonuevo amanecía con la noticia de un trágico suceso, que ocuparía durante los meses siguientes las páginas de la prensa de la época. A nivel local, el periódico encargado de dar difusión al caso fue el Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos, el mismo que un año y tres meses después de lo ocurrido y previamente a la celebración del juicio, publicó un artículo en el que daba cuenta de los hechos y las circunstancias que rodearon tan atroz asesinato. La extensión del mismo hizo que el citado artículo fuera publicado en dos partes, y así lo haré yo para no alargar demasiado esta entrada. La primera entrega es la que sigue:


IMAGEN 1. Vista de Peñarroya-Pueblonuevo.



     Las múltiples versiones que á raiz de un suceso extraordinario suelen propalarse, nos determinó cuando este horrible crimen se descubrió á no dar más que sucinta relación del mismo, temerosos por una parte de que informes tomados, siempre de buena fé, resultasen equivocados y perjudicásemos gravemente el concepto moral y público de alguna persona, y por otra, el respeto que nos merece siempre la justicia, bajo cuya acción cayó desde los primeros momentos su esclarecimiento, formándose el oportuno proceso; mas habiendo cesado las causas que motivaron el efecto de nuestra reserva, y siendo próximo el dia que la Audiencia de esta provincia tiene señalado para la vista en juicio oral y público, vamos á refrescar la memoria de nuestros lectores con la exposición mas detallada y ordenada que nos sea posible acerca de los hechos principales á este crimen relacionados, seguros de que el público quedará perfectamente enterado y con ello nuestra misión cumplida.

     Bajo el nombre de el «Crimen de Pueblo-Nuevo» se conoce al perpetrado en la persona de Maria Jordán Gavilán, de 22 años de edad, casada, con tres hijos llamados José, Vicente y Ana, de tres, un año, y un mes, respectivamente, y á la que se encontró en el corral de su casa muerta violentamente y quemada, en la mañana del dia siete de febrero de 1894.
     Síguese el procedimiento contra el esposo de la interfecta, Andrés Perez Granero, y los hermanos Rafael y Maria Granero Torrente, tio y madre del Andrés, porque si bien en un principio se encausó á Rosa Perez Granero, cuñada de la finada, la Audiencia estimó no habia motivo que determinase su responsabilidad y dicto auto de sobreseimiento.


IMAGEN 2. Una calle del pueblo.



     Descripción de la casa del crimen.
     Se halla situada en la calle Cervantes, número 13, de la aldea de Pueblo-Nuevo, término municipal de Belmez, partido judicial de Hinojosa del Duque: su aspecto es el común y corriente de todas las del pueblo; á su entrada, y en el primer cuerpo á la derecha, hay una habitación que el dia de autos no contenia mas que un montón de naranjas, por lo que puede asegurarse que estaba inhabitada; en el segundo cuerpo, á la derecha, hay una habitación que tiene una ventana que dá á un corral, cuya ventana, como tenia una de sus puertas entre abierta, pudo observarse que en el poyo de la misma estaba colocado un velon pequeño: contenía esta habitación una cama deshecha con ropa de hombre sobre ella, varios muebles en regular orden colocados, con algunas prendas de ropa sobre los mismos; una silla frente á la cama, en la que habia un vestido á cuadros azules y un mantón negro, é inmediatamente, pero en el suelo, una alcuza para aceite de oliva, pero vacia.
     A la izquierda del segundo cuerpo está la cocina con chimenea, en la que habia una porción de leña de jara partida y preparada para encenderse; tiene una puerta que estaba abierta y dá á un corral, que es de cuatro metros de ancho por tres de largo; en el frente del corral habia una empalizada de dos metros de altura y sobre ella alguna leña de jara, á la izquierda un pesebre como de un metro de largo al que estaba atado un burro, y á la derecha, en el rincon y frente el cuerpo de una muger.

     Posicion y examen del cadáver de Maria Jordan Gavilán.
     Estaba esta desgraciada en posición diculito [decúbito] lateral izquierdo con flexión forzada de la pierna del mismo lado, la cabeza levantada y medio oculta por un haz de leña mirando hacia abajo, arrojaba por la nariz una mucosidad sanguinolenta y espesa, la lengua fuertemente aprisionada en su punta por las arcadas dentarias, amoratada en la parte que se descubría, sus labios estaban amoratados y entreabiertos, el pelo lo tenía recogido y aprisionado con un pañuelo hecho gorro que está en parte quemado, librando la parte izquierda y posterior del cabello, pues la anterior del mismo lado presenta una estension de pelo quemado y en la parte central de la cabeza una superficie circular de unos tres centímetros de diámetro desprovista de epidermis, y á uno y otro lado de la expresada superficie dos heridas contusas de poca estension que interesan el cuero cabelludo.
     El brazo y mano derecha apoyada sobre el haz de lecha presentaban manchas negruzcas producidas por la acción del fuego (algunos trozos de piel estaban carbonizados). El brazo izquierdo oculto bajo las ramas y hubo que levantar el cadáver para ver que presentaba análogas quemaduras que el derecho.
     El pecho lo tenía completamente cubierto de un color amarillento súcio que daba al tacto la consistencia y sonido del pergamino y hacía presentir la influencia de un calor lento, prolongado y no suficiente á ocasionar la combustión; la parte superior y posterior del toráx quedaron libres de la acción del fuego; los hombros y cintura los tenía cubiertos en parte de restos de ropa y desnudo completamente la mitad inferior del cuerpo.
     Calzaba los pies con botas y sin medias, y notábase como á tres ó cuatro centímetros por encima de aquellas, que terminaban rápidamente las quemaduras, marcándose la línea divisoria sin gradaciones.
     Tanto el haz de leña que había debajo de la cabeza y brazo derecho de la interfecta, como dos tallos de adelfas verdes y la leña que contenía la empalizada no tenían la menor señal de haber sido atacadas por el combustible, y cuando el cadáver se levantó pudo observarse que en el sitio por él ocupado no existía rastro ni vestigio de otro combustible que el de los vestidos que habían ardido, del que quedaron dos pedazos que no había consumido el fuego y que daban un olor manifiesto á aceite de oliva.


IMAGEN 3. Chiquillos en una calle del pueblo.



     Como se descubrió el crímen.
     María Granado Torrente, que tenía un puesto para la venta en la plaza de la aldea de Pueblo-Nuevo, (así como también tenía otro su hermano Rafael) á eso de las nueve de la mañana del dia 7 de febrero de 1894, dijo á su hija Rosa que llevara á María Jordán Gavilán los hijos de ésta que la Granado tenía, pues le molestaban en la plaza. Cumpliendo Rosa el encargo de su madre, se fué con los niños á casa de su cuñada, extrañándole sobre manera que el burro estuviese en la cocina, y como la puerta que de ésta comunica con el corral estaba abierta, al acercarse vió que su hermana política estaba muerta en un rincón del mismo y sin ropas. Por tal causa salió precipitadamente y dió cuenta á su madre, enterándose del suceso varios vecinos, que aglomerados á la puerta de la casa tan luego se enteraron, comentaban el hecho. Como pasara por allí el guardia civil Santiago Mediano Córdoba, se extrañó de ver tanta gente, y al preguntar la causa, díjole Rafael Granero Torrente, que á la sazón salía de la casa, que «la mujer de Andrés estaba muerta y quemada.» Acto seguido el referido guardia puso el hecho en conocimiento del alcalde pedáneo don Lucio Martin Nogales, y ambos, acompañados del facultativo don Emiliano Roldán, se personaron en el domicilio de la infortunada María Jordán, á la que hallaron quemada y muerta; más como ardiera aún alguna ropa de la desgraciada que la rodeaba la cintura, apagaron el fuego sin tocar el cadáver, dando el citado alcalde parte inmediatamente de este hecho al Juzgado municipal de Belmez, y dispuso que el marido de la interfecta Andrés Perez Granero y el tio de éste Rafael Granero Torrente, fuesen detenidos por recaer sobre ellos, de rumor público, acusación de haber tomado participación en el crímen.

     María Jordán fué muerta alevosamente.
     Puede consignarse sin temor alguno á error el enunciado precedente, pues científicamente está probado por las manifestaciones de los ilustrados médicos don Emiliano Ramirez y Lopez y don José Marin y Martin, quienes después de un detenido y concienzudo exámen del cadáver de la finada, practicada que fué la autopsia, afirmaron

     Primero.- Que María Jordán Gavilán fué muerta violentamente entre las dos y las cuatro de la madrugada del dia 7 de febrero de 1894.
     Segundo.- Que la violencia empleada fué la asfixia por sofocación, y rápidamente.
     Tercero.- Que la asfixia se ocasionó en este caso ó con la mano tapando la boca y la nariz ó por comprexión del pecho hasta el punto de imposibilitar los movimientos musculares, ó empleando ambos procedimientos simultáneamente.
     Cuarto.- Que teniendo en cuenta tanto la débil constitución de la finada, como la anemia producida en la misma por la falta de alimentación, un embarazo laborioso y las pocas fuerzas con que podía contar (pues unido á lo expuesto la infeliz hacía pocos dias que había dado á luz cuando se cometió el crimen), este pudo ser realizado por una sola persona, sin perjuicio de que pudieran intervenir dos ó más.
     Quinto.- Que las heridas encontradas en la cabeza de la interfecta, fueron causadas cuando la María era ya cadáver; y
     Sexto.- Que el cuerpo de la infeliz finada fué quemado después de ser cadáver y á fuego lento.


IMAGEN 4. Otra vista del pueblo.



     Lo que dicen los procesados.
     Andrés Perez Granero, esposo de la interfecta, tiene 29 años de edad, es natural de Linares (Jaen), minero, domiciliado en Pueblo Nuevo, carece de instrucción y no tiene antecedentes penales.
     Este procesado ha dado dos versiones diferentes acerca de como pasó y que le ocurrió en la noche del dia 6 á 7 de febrero del año último, á partir desde las ocho y media, hora que en unión de su mujer se salió de casa de su vecina conocida por la «Caraballa», donde estaban de visita, para irse á su casa á dormir.
 
     Es la primera: que se acostó á la dicha hora ocho y media; que serían las tres de la madrugada cuando su mujer, que padecía ataques (no dice de que clase) empezó á gritar «¡Madre mía!»; que á las cinco y media le llamó un minero llamado José, para el trabajo; que se levantó, y al irse dijo á su mujer que cerrase la puerta, y como esta le contestase lo efectuase él, se marchó echando el cerrojo al postigo de la puerta de la calle, y dejando esta encajada; que quedó su mujer en la cama con dos de sus hijos, el mayor y el más pequeño, por cuanto que el de enmedio, ó sea el de un año, dormía en casa de su madre; que como únicamente entran en su casa su citada madre y su tío Rafael para recoger un tablero que para su puesto de la plaza depositaba en su casa, no sospecha quiénes hayan sido los autores de la muerte de su mujer, creyendo que ella misma se prendería fuego.


IMAGEN 5. Arranque del castillete del pozo Antolín, en la mina del mismo nombre.



     Es la segunda manifestación ó versión que dá, la siguiente: que se acostó á la hora referida, y como á la una de la noche y estando cuestionando con su mujer, llamó su tío Rafael y le abrió la puerta; que aquél se sentó en una silla, mientras él seguía disputando con su esposa; que como á las cuatro se levantó y como no tuviera preparada la ropa, dió una bofetada y un golpe con la mano á su mujer, cayéndole al suelo; que su tío le dijo, «pégale, pégale sobrinico», y levantándose su tío de la silla, cojió a su mujer, la llevó al corral, encendiendo un fósforo y se lo aplicó al vestido, marchándose él hasta la plaza, desde donde volvió con objeto de recojer el candil; que al entrar salía su mencionado tío Rafael con el que no habló palabra alguna, yéndose él inmediatamente á su trabajo, después de recoger el candil citado y unas alforjas, y sin ver nada.
     Esta segunda declaración, que sostuvo frente á su tío Rafael, que le negaba veracidad en careo celebrado al efecto, fué después rectificada por su autor, asegurando después que la declaración verdad era la prestada primeramente.
     Tanto las manifestaciones que hizo el interesado de estar la tarde del 6 vestido de máscara con su tío y un primo llamado Manoliyo, así como la de los constantes disgustos que tenía con su mujer, están probadas; más no que el minero José lo llamara en la madrugada del 7, pues éste lo negó, diciendo que mal podría llamar al Andrés cuando trabajaba en mina diferente.
     Dijo también este procesado había tenido muchos disgustos con un tal Daniel que había sido novio de su mujer y la madre de éste, que ambos le habían amenazado de muerte y calumniado, por cuya razón los citó á juicio, pero el primer aserto queda negado por los aludidos, y con respecto al de el juicio, si bien es verdad que consta que el Andrés los demandó en una ocasión, no es menos cierto que el dia señalado para la celebración del mismo Andrés retiró su demanda, diciendo estaba ya satisfecho.

FRANCO
(Se concluirá.)


RAFAEL EXPÓSITO RUIZ.




DOCUMENTACIÓN
- Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos: Año XLVI Número 13047 - 1895 mayo 5. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

IMÁGENES
- Imágenes 1 y 4: Fotografías pertenecientes al Fondo Francisco Solano Márquez. Archivo de la Diputación Provincial de Córdoba.
- Imágenes 2 y 3: Fotografías compartidas en el grupo de Facebook "Fotografías Antiguas de Peñarroya-Pueblonuevo", por Daniela Sánchez Muñoz y Antonio Suescum Pajuelo respectivamente.
- Imagen 5: Fotografía tomada por el autor.

domingo, 12 de octubre de 2025

UN ROBO EN CASA DE DORA "LA CORDOBESITA"

     El sábado 26 de noviembre de 1927 Valeriana Aroca, criada de la conocida cupletista y modelo de Julio Romero de Torres Dora la Cordobesita, abría temprano la puerta del domicilio de ésta para efectuar la limpieza diaria. No esperaba encontrar a nadie en su interior puesto que la artista, que se había casado dos semanas antes con el matador de toros Chicuelo, estaba aún de viaje de novios; lo que tampoco esperaba encontrarse eran armarios abiertos y cajones y ropa desparramados por el suelo. Inmediatamente avisó a Antonio Cabrera, padrino de Dora, quien puso el hecho en conocimiento de la policía.


IMAGEN 1. Dora la Cordobesita.
     El domicilio de la cupletista, situado en el número 6 de la plaza del Ángel, la actual plaza de san Ignacio de Loyola, había sido asaltado presumiblemente durante la noche anterior. Los ladrones habían abierto un armario lleno de vestidos y otras prendas, de las que se apoderaron, y en el que había un manojo de llaves que abría todas las dependencias de la casa. Con estas en su poder, se dedicaron a registrar habitación por habitación, descerrajando muebles y cajones y apoderándose de todo lo que se iban encontrando. Curiosamente, la única habitación en la que no entraron era en la que se hallaban los objetos de más valor, los regalos que Dora había recibido por su reciente boda y que se estimaba que podrían valer alrededor de 125.000 pesetas; lo que se llevaron, aunque también valioso, tan sólo ascendía a unas 6.000.

     La lista de los objetos sustraídos era la siguiente: un salto de cama de seda, el traje de novia y el viso del mismo, el manto de desposada de tisú de plata, un vestido de seda negro con adornos de crespón, un vestido blanco de seda con adornos azules, un abrigo de piel, una mantilla blanca, tres camisas de seda, dos bragas de crespón, un velo negro, un vestido de seda de color y otro negro con adornos, varios pares de medias, un joyero de filigrana y otro grande dorado con un collar de perlas en su interior. De entre lo que se dejaron en la habitación no registrada, solamente los mantones de Manila que había en una maleta ya costaban cuatro veces más que lo se llevaron.


IMAGEN 2. La plaza del Ángel en un plano de 1927.



     Los agentes Antonio Jiménez Abad y Sebastián Velasco, encomendados por el comisario jefe del Cuerpo de Vigilancia Juan Herrera Pérez, iniciaron enseguida las gestiones para resolver el caso. Recorrieron todas las sucursales del Monte de Piedad, los domicilios de los anticuarios y cualquier otro lugar en que los ladrones pudieran haberse deshecho de los objetos robados a cambio de dinero, aunque no obtuvieron ningún resultado. La búsqueda continuó durante todo el domingo y el lunes, hasta que la tarde de este último día decidieron visitar el número 51 del paseo de la Ribera.


IMAGEN 3. El comisario Herrera (1) y los agentes Jiménez (2) y Velasco (3).



     Allí vivían Francisco Martínez Millán,  apodado como el Francisquito, el Fuelle o el Cojo de la Ribera, un conocido de la policía a causa de su gusto por lo ajeno, y su amante Josefa Cuñago Moral (1), la Tufitos, ladrona como él. Ambos habían intentado vender las prendas sustraídas la misma mañana en que se descubrió el robo, el primero a un anticuario de la calle Valderrama y la segunda a la madame de un prostíbulo de la calle Badanas, al que para más inri había acudido sospechosamente ataviada con un abrigo de pieles. Los dos agentes interrogaron al Francisquito, aunque éste repetía una y otra vez que no sabía nada acerca del hurto, y sin embargo decidieron registrarlo, encontrándole en uno de los bolsillos el joyero de filigrana de la cantante. Una vez practicado el registro en la casa, hallaron bajo un colchón y dentro de un baúl buena parte de las prendas robadas.


IMAGEN 4. La casa de Dora y el balcón
por el que entró el segundo ladrón.
     El Francisquito no tuvo más opción que confesar. Dijo que la mañana del sábado anterior dos conocidos suyos de Sevilla, el Mijitas y el Antonio, se habían presentado en su casa con el botín robado a Dorita para que éste los vendiese por ellos. Uno de los dos, en un descuido de la criada, se habría colado en el domicilio de la cupletista y habría permanecido oculto hasta que la casa se quedó sola. Ya de madrugada, abrió uno de los balcones que daban a la calle para que entrase su compañero. La historia seguramente era un intento de endosar a otros delincuentes su propio delito, puesto que ninguno de los dos sevillanos fueron encausados por éste. Tanto Francisco como Josefa, el Francisquito y la Tufitos, fueron finalmente juzgados, y sentenciados a primeros de marzo de 1928 a seis años y un día de prisión cada uno.


Rafael Expósito Ruiz.




(1) El primer apellido de Josefa varía en la prensa escrita de Cuñago a Couñago y Cuñado. En los censos de población, además de Cuñado, aparece también la variante Coñago.


DOCUMENTACIÓN
- Biblioteca Virtual de Prensa Escrita.
- FamilySearch.org.

IMÁGENES
- Imagen 1: Portada del número del 15 de agosto de 1923 de la revista Mundo Gráfico. Biblioteca Nacional de España.
- Imagen 2: Sección de un plano de Córdoba de 1927.
- Imagen 3: Sección de la fotografía de portada del número del 2 de diciembre de 1927 del diario La Voz.
- Imagen 4: Fotografía de portada del número del 1 de diciembre de 1927 del diario La Voz.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

UN ROBO DE MEDIO MILLÓN DE PESETAS

     El 3 de marzo de 1922, hacia las cinco de la tarde, un individuo joven y bien vestido se presentaba en la Comisaria de Vigilancia de Córdoba. El comisario Juan Herrera Pérez lo hizo pasar a su despacho donde el joven, con un conocimiento limitado del idioma español, dijo llamarse Maurice Vollaire, ser natural de Bélgica, aunque nacionalizado en Francia, y piloto de la marina mercante de profesión. Aseguraba haber sido víctima de un robo en el tren que pasaba por nuestra ciudad camino de Madrid, aunque no sabía exactamente si en la Línea de la Concepción o en Bobadilla, en el que le habían sustraído una cartera con toda su documentación y algo de dinero, y pretendía que se le facilitase un certificado de buena conducta para poder continuar su viaje sin problemas.


IMAGEN 1. Maurice Vollaire.
     El comisario Herrera notó algo raro en el relato que acababa de escuchar y, tras indicar al joven que no podía facilitarle lo que él quería, éste le rogó que algún agente de la autoridad lo acompañase al Consulado de Francia en Córdoba, al no haberla de su país, tarea que recayó en el guardia Ricardo Maquirain (1), quien casualmente dominaba el idioma del desconocido, y a quien el comisario encomendó que no lo perdiera de vista.

     El agente consular francés, el también director de la Academia Francesa Alejandro Dufour Ixart, escuchó de labios del desconocido la misma historia que el comisario Herrera. Le resultó sospechoso el apellido de Vollaire, pues su pronunciación es idéntica a la palabra francesa para designar a un ladrón: voleur, así es que lo invitó a que escribiera su nombre en un papel. Éste accedió, añadiendo que era piloto del barco a vapor belga "Ostende", natural de Boma (2) y nacido el 5 de febrero de 1886. El cónsul notó entonces que adoptaba una posición extraña con la mano a la hora de escribir, como si intentara desfigurar su propia letra.


IMAGEN 2. Domicilio del agente
consular francés en Córdoba.
     El señor Dufour, algo escamado, le dijo que no podía facilitarle la documentación que solicitaba, y tampoco un certificado de haber acudido a la Comisaría de Vigilancia a poner la denuncia y que un agente le había acompañado después hasta la Agencia Consular, como éste pretendía. Le preguntó si no había nadie en España que pudiese confirmar su identidad y Vollaire contestó que conocía al Cónsul de Bélgica en Almería, y que si le enviaba un telegrama urgente lo podría confirmar. Dufour le contestó que aunque su colega Belga le contestara que conocía a un Maurice Vollaire, nada le aseguraba que ese fuera la persona que tenía delante suyo, así es que le aconsejó que continuase su viaje hasta Madrid, donde seguramente le podrían ayudar en la Embajada de su país.

     Vollaire abandonó el Consulado muy contrariado e intentó lograr su propósito regresando de nuevo a la Comisaria de Vigilancia pero, por segunda, vez el comisario Herrera se negó a facilitar documento alguno a un desconocido. Llegada la noche, Vollaire tomaba café en la estación de tren, mientras esperaba al expreso que venía de Málaga y lo llevaría hasta Madrid, cuando el agente de vigilancia Obdulio Martínez creyó reconocer en nuestro personaje al individuo cuyas características venían detalladas en un telegrama recibido días atrás en el Gobierno Civil, y que hacían referencia al autor de un robo perpetrado en Barcelona. El agente Martínez procedió a detenerlo en ese mismo instante, momento en el que llegó a la estación el también agente Antonio Jiménez Abad que había acudido para apresar al sospechoso.


IMAGEN 3. Estación Central de Córdoba.
     Resulta que el tal Maurice Vollaire era en realidad el ciudadano suizo Hugo de Parenteun (3), un agente de ventas que trabajaba para el joyero barcelonés José Carreras. Todos los días, a cierta hora, Parenteun se presentaba en la joyería, situada en el Paseo de Gracia, para traer de vuelta el muestrario de joyas y el dinero de las que hubiera conseguido vender. El 17 de febrero, sin embargo, éste no apareció, y una hora después el joyero se presentó en el domicilio de Hugo, donde tan sólo encontró una carta en la que este le decía que le habían robado la cartera en la que llevaba las joyas y que, avergonzado y temiendo sufrir un castigo injusto, prefería marcharse. El joyero se dio cuenta enseguida que el robado había sido él y acudió al juzgado a denunciar el hecho.


IMAGEN 4. El detenido (X), el Gobernador y
los agentes encargados del arresto.
     Una vez en la comisaría cordobesa, y tras haber sido interrogado, se procedió a registrar el equipaje de Parenteun, entre el que se encontraron varias fotografías, cartas, postales, unos tickets alemanes, hojas en blanco con el membrete "Servicio Secreto", impresos de una compañía del Congo Belga y algunos artículos de aseo. Parenteun, que no había dejado de protestar por su detención, cambió el semblante cuando vio que ahora le tocaba a él ser registrado. Cosidos entre la tela de los pantalones y en el forro de la chaqueta aparecieron numerosos billetes del Banco de España, que sumaban doce mil cien pesetas, unas pequeñas sierras y varios paquetes con piedras preciosas sin montar. Bajo la camiseta, en un cinturón ancho confeccionado con hule que le rodeaba el torso, estaba el resto de las alhajas, a excepción de dos diamantes que había empeñado en Barcelona por valor de ocho mil y cuatro mil pesetas respectivamente. Ante la evidencia, el ladrón no tuvo más remedio que confesar.


IMAGEN 5. El comisario Herrera (3),  Obdulio
Martínez (1) y Ricardo Maquirain (2).
     El hecho de admitir el delito parece que apaciguó su ánimo y comenzó a mostrarse más distendido. Charlaba con unos y con otros y preguntaba sobre si lo llevarían pronto a Barcelona o sobre cuánto tiempo pasaría en la cárcel, y se maravillaba de que la policía cordobesa estuviese al tanto de sus movimientos. Comentó que el robo podría haber sido mayor si hubiera conseguido cobrar un cheque de doscientas mil pesetas, cosa que le fue imposible pues el joyero barcelonés había hecho suspensión de pagos, y miraba embelesado las joyas robadas, algunas de las cuáles pretendía haberse quedado únicamente para recrearse en ellas si no hubiese caído en manos de la policía. Encerrado después en uno de los calabozos del cuartelillo firmó sin problema el inventario de lo robado que se había realizado en el despacho del Gobernador Civil Manuel Suca Escalona. En dicho cuartelillo fue retratado por los fotógrafos Montilla y Torres Barrionuevo, antes de lo cual pidió permiso para cambiarse de traje, sustituyendo la pelliza, pantalón oscuro y gorra por un traje algo más arreglado de color azul marino, con el que fue finalmente inmortalizado (Imagen 4). Dos meses después en la cárcel de Madrid, a la que había sido trasladado desde Córdoba para continuar después a la de Barcelona, Hugo Parenteun/Maurice Vollaire acabó con su vida suicidándose. De ser cierta la fecha de nacimiento que le facilitó al agente consular Alejandro Dufour, tenía 36 años.


Rafael Expósito Ruiz




(1) Según en que medio escrito aparezca el apellido, éste aparece también como Maquinian y Maquianrey
(2) Ciudad portuaria de la República Democrática del Congo, capital del Estado Libre del Congo cuando Vollaire afirmaba haber nacido, y del Congo Belga cuando éste apareció en Córdoba.
(3) Las versiones de este apellido son aún más numerosas, y entre ellas podemos encontrar Parentó, Panten, Parenteun, Parenteuns, Pereantaun, Paranteum y Parentaner.




DOCUMENTACIÓN
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
- Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España.

IMÁGENES
- Imagen 1: Fotografía publicada en el Diario de Córdoba, periódico independiente, decano de la prensa española. Año LXXIII, Número 31.825, el 5 de marzo de 1922.
- Imagen 2: Palacio de los Villalones o de Orive. Auguste Léon, 1914. Musée Départemental Albert Kahn.
- Imagen 3: Fotografía extraída de patinaindustrial.blogspot.com.
- Imágenes 4 y 5: Fotografías publicadas en La Unión Ilustrada el 15 de Marzo de 1922.

miércoles, 3 de septiembre de 2025

UN ENTIERRO SIN CADÁVER

     El día 3 de septiembre de 1911 la localidad de Puente Genil enterraba a una de sus vecinas. El féretro fue sepultado con toda la solemnidad requerida por el triste momento, en el cementerio junto a la ermita de Jesús Nazareno, tras lo cual los afligidos familiares y amigos regresaron a sus quehaceres.


IMAGEN 1. Ermita de Jesús Nazareno. A la derecha, entrada al cementerio.



     Tan sólo unos días después, el fiscal de la Audiencia de Córdoba recibió un anónimo en el que se afirmaba que el cadáver de una señora había sido enterrado en la cripta de una de las parroquias del mencionado pueblo, sin haber recibido ningún tipo de autorización. Tras dar traslado de la denuncia al Juzgado de Instrucción de Aguilar, el subdelegado de Medicina Manuel Paniagua fue requerido para que junto a éste se practicasen las diligencias necesarias para comprobar el suceso.


IMAGEN 2. Iglesia de la Concepción
en 1974.
     Una vez que los componentes del Juzgado y el subdelegado de Medicina acudieron al lugar, pudieron comprobar que el cuerpo de una señora había sido inhumado en la capilla del Sagrario de la parroquia de la Concepción de Puente Genil, sin cumplir los preceptos legales de embalsamamiento y sin haber obtenido antes la Real orden que habría autorizado el sepelio. Pero, ¿A quién pertenecía el cadáver que se encontraba en la parroquia?

     ¿Habéis atado cabos ya? Efectivamente, la mujer cuyo cuerpo se encontraba ahora en una capilla es la misma que debería estar sepultada en el cementerio desde días atrás. ¿Y cómo llegó allí? Pues resulta que los operarios de la morgue olvidaron introducir el cuerpo en su ataúd correspondiente, el mismo que fue enterrado vacío. Cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde, así es que esperaron a que se hiciera de noche para introducirlo en la capilla de la iglesia mencionada, aprovechando que ambos edificios estaban juntos, y supongo que esperando inocentemente que nadie se diera cuenta.


IMAGEN 3. Ermita de Jesús
Nazareno en 1960-70.
     Ya sé que todo esto parece parte del argumento de una película de Berlanga, pero el hecho ocurrió tal como lo he contado, y tal como aparece publicado en el Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos. Año LXII Número 18816 - 14 Septiembre 1911. El asunto llegó al Inspector de Sanidad, quién lo comunicó al Gobernador Civil y éste a su vez al Ministro de Gobernación.

      La noticia no dio más de sí, al menos informativamente hablando, y el periódico no le dio más cobertura a este curioso suceso, o al menos yo no he sido capaz de encontrar más datos, por lo que nos quedamos sin conocer la identidad de los principales protagonistas. Doy por hecho que la señora acabó descansando en el ataúd que la aguardaba vacío en el cementerio, y espero que el castigo para los despistados trabajadores de la morgue no fuese excesivo.


Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACIÓN
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

IMÁGENES
- Imagen 1: Ermita de Jesús Nazareno, Puente Genil, ca. 1920. puentegenil.es.
- Imagen 2: Iglesia de la Concepción, Puente Genil, 1974. Francisco Solano Márquez. Archivo de la Diputación de Córdoba.
- Imagen 3: Ermita de Jesús Nazareno, Puente Genil, 1960-70. Archivo de la Diputación de Córdoba.

lunes, 5 de mayo de 2025

UN DISPARO "A BOCA DE JARRO"

     El 8 de enero de 1903, Manuel Porras Reyes paseaba por la calle Pedro López. De su mano iba la pequeña Laura (1) y algo más atrás Gracia Torres Reyes, pareja de este. De repente sonó un disparo y Manuel, de tan solo 28 años, cayó al suelo sin vida. La gente que pasaba por allí comenzó a concentrarse en torno al grupo formado por Gracia, Laura y el fallecido, comprobando que el disparo le había alcanzado en la cabeza.

     Minutos después se personaban en el lugar el jefe de la guardia municipal, Eloy Yepes, los inspectores del cuerpo de vigilancia y fuerzas de ambos cuerpos, además del juez y el actuario Pedro Fernández Pintado. Mientras tanto el autor del disparo, que había salido corriendo calle arriba, se presentó ante el guardia que prestaba servicio en el Ayuntamiento para confesar su crimen. Se trataba de Rafael Martínez Reyes, pariente de Manuel.


IMAGEN 1. Calle Pedro López en 1870.



     Rafael Martínez Reyes llevaba tiempo enemistado con los hermanos Porras Reyes, y a pesar de esto no tuvo inconveniente en tomar algunas copas con Manuel esa misma mañana bien temprano. Quizás trataba de limar asperezas, o tal vez intentaba emborrachar más si cabe al Porras, que ya venía algo mareado de antemano, para lo que habría de llegar después. Sobre las diez de la mañana, después de que ya se hubieran separado, Manuel, Gracia y la pequeña Laura se toparon con Rafael, que ahora iba acompañado de su hermano, llamado también Manuel. Lo que sucedió entonces, según relataría más tarde el fiscal en el juicio, es que «en tal situación, hallándose Porras desprevenido por completo de la brutal agresión de que iba á ser víctima, Manuel Martínez preguntó á Rafael si llevaba armas, y como le contestase negativamente, le entregó, por bajo de la capa en que iba envuelto Manuel, una pistola, diciéndole á la vez "asegúralo", y entonces Rafael, de improviso y á boca de jarro, hizo á Porras un disparo, causándole una herida encima del pabellón de la oreja, que le originó la muerte instantánea».

     El juicio contra los hermanos Martínez Reyes se programó para los días 9 y 10 de diciembre de 1904. La defensa de Rafael Martínez, a cargo del abogado José Fernández Jiménez, aún admitiendo el hecho de que éste había disparado contra Manuel Porras, arguyó que no lo había hecho con alevosía sino intentando defenderse, ya que el fallecido había intentado agredirle con un estoque sin mediar provocación alguna. Solicitaba, por tanto, que se apreciaran la eximente de legítima defensa o, en su defecto, las atenuantes de embriaguez, vindicación de ofensas y agresión ilegítima.


IMAGEN 2. La calle Pedro López en la segunda mitad del siglo XX.



     Por otra parte, la defensa de Manuel Martínez, que en un principio corría también a cargo de Fernández Jiménez, fue cedida al joven abogado Santos Serrano López. Éste, en su primera intervención en un estrado, sostuvo que la intervención de su defendido en los hechos era «una infame patraña inventada por la familia de Porras, al amparo del odio propio de la raza de los gitanos y con ayuda de varios testigos falsos buscados de propósito para cometer el delito de falso testimonio y los cuales, á fin de poder reconocer á su pobre víctima, tuvieron el infame atrevimiento de ir con anterioridad á la cárcel».

     El representante del Ministerio Fiscal, José Muñoz Bocanegra, sostuvo desde un principio que ambos hermanos eran culpables del asesinato aunque, una vez vistas las pruebas, retiró la acusación contra Manuel manteniéndola contra Rafael, calificando el hecho de homicidio aunque apreciando circunstancias modificativas. La acusación particular sin embargo, a cargo de Agustín Aguilar-Tablada, los inculpaba a ambos sin apreciar ningún eximente ni atenuante.


IMAGEN 3. La calle Pedro López en la actualidad.



     El lunes 13 de diciembre, una vez reanudado el juicio tras el fin de semana y tras la lectura del resumen de los debates anteriores a cargo del Presidente del Tribunal, el jurado declaró no culpable a Manuel Martínez, que fue inmediatamente absuelto, mientras que Rafael fue declarado culpable, siendo condenado a 12 años y un día de reclusión, al pago de la mitad de las costas del juicio y a una indemnización de dos mil pesetas a la familia de Manuel Porras.


Rafael Expósito Ruiz.




(1) Aunque en la prensa de la época no se especifica el nombre de la niña que iba de la mano de Manuel Porras, entiendo que se trata de su hija Laura, que en el momento de los hechos tenía cuatro años y medio de edad.


DOCUMENTACIÓN
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
- España, Provincia de Córdoba, registros municipales, 1509-1947, FamilySearch.

IMÁGENES
- Imagen 1: Fotografía estereoscópica, compartida por Antonio Jesús González en el grupo de Facebook HISTORIA DE CÓRDOBA EN IMÁGENES.
- Imagen 2: Fotografía compartida por Antonio Moreno Bello en el grupo de Facebook HISTORIA DE CÓRDOBA EN IMÁGENES.
- Imagen 3: Fotografía tomada por el autor.