martes, 16 de marzo de 2021

La Cuesta de Luján

     No es fácil conocer la fecha exacta en que una calle comenzó a existir. A unas pocas se les puede suponer porque han mantenido el trazado, en mayor o menor medida, desde los tiempos en que romanos y árabes vivieron en Córdoba, pero no es así en la mayoría de los casos. Por desgracia no se conocen callejeros de Córdoba anteriores a 1811, año en que el Ingeniero de Minas Barón de Karvinski y el Ingenierio de Puentes y Calzadas Joaquín Rillo confeccionaron el vulgarmente conocido como "Plano de los Franceses". Sin embargo hay casos, como el que voy a tratar hoy, en que la fecha está inscrita en una placa y colocada en la parte alta de la calle en cuestión: se trata de la Cuesta de Luján.


IMAGEN 1. Vista de la Cuesta de Luján en la actualidad.




IMAGEN 2. Cuesta de Luján en el Plano de 1811.
     Hay que retroceder hasta la primera mitad del siglo XVI para encontrar el origen de una calle que comenzó siendo terriza para adquirir, tras sucesivas reformas, el aspecto que presenta en la actualidad. En el tramo de muralla que iba desde la Cruz del Rastro hasta el final de Diario de Córdoba tan solo existían dos accesos: la Puerta de la Pescadería o Piscatoria, que estaba situada a la salida de la actual calle Caldereros, y el Arco del Portillo que, pese a la dejadez que hasta hace poco ha sufrido, se mantiene en pie. Era necesario añadir un nuevo paso que conectara la Medina y la Axerquía y, a finales de abril de 1531, se abrió esta cuesta, aunque la obra no se concluiría hasta el año 1537. Así lo refleja la placa conmemorativa a la que me referí más arriba y que hoy día podemos aún leer, con la dificultad claro está de que se encuentra escrita en castellano antiguo. Según la misma, el artífice de finalizar esta nueva vía de comunicación entre las dos zonas de la ciudad fue Hernán Pérez de Luján, Corregidor de Córdoba además de Comendador De Aguilarejo y Caballero de la Orden de Santiago. Bajo esta última condición tuvo que hacer frente a una multa de seis ducados, 2.250 maravedís, por incumplir algunas normas de la Orden, como eran no haber tenido un año licencia para poseer bienes, no haberla solicitado para confesarse y por haber arrendado su encomienda sin licencia. Era hijo de Pedro de Luján e Inés de Ayala y, al igual que su padre, destacó en la milicia, especialmente en las guerras de Italia. Cuando digo que Pérez de Luján finalizó la obra es porque en 1531 aún no ostentaba el cargo de Corregidor, del que tomó posesión el 5 de mayo de 1535, según consta en las Actas Capitulares de ese año custodiadas en el Archivo Municipal de Córdoba. He de decir que este último dato lo he encontrado en un comentario que Manuel Villegas Ruiz, especialista en historia cordobesa del siglo XVI, hizo a la entrada que nuestro bloguero Paco Muñoz dedicó a la Cuesta de Luján; posteriormente, y gracias a la amabilidad de Eva María Herrero Vizuete, he podido tener acceso a dichas Actas.

IMAGEN 3. Placa conmemorativa.
     La calle no tomó el nombre del Corregidor en un principio, esto es algo que ocurriría más adelante. En el plano de 1811 no se hace referencia a su denominación ni al portillo que habría existido al final de la misma. En el libro Las Calles de Córdoba, de Francisco Román Morales, se apuntan denominaciones como "Nueva", "de los Gabachos" y "Nueva de los Franceses".  Estas dos últimas denominaciones, según Cordobapedia, harían referencia a comercios dedicados a reparar paraguas y abanicos, industrias implantadas inicialmente por unos franceses, y que de ahí vendría el sobrenombre de "Gabachos" con el que la gente de a pie la conocía. Existe un expediente de 1772 en el Archivo Municipal de Córdoba que corrobora esta última denominación. Por otro lado, en un artículo del Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos publicado el 12 de junio de 1866, y que trata sobre la celebración del Corpus Christi en 1636, podemos leer lo siguiente: [...] las tiendas de caldereria estaban en la Calle Nueva, hoy cuesta de Lujan, de donde le vino á esta el nombre de los Gabachos con que nuestro pueblo ha designado siempre á los naturales de Francia [...]. Por su parte, Teodomiro Ramírez de Arellano apunta en Paseos por Córdoba que el nombre obedecía a unos franceses que se establecieron en ella y que se dedicaban a trabajar el cobre.

IMAGEN 4. Publicidad de la farmacia del doctor Avilés.
     Independientemente de si se trataba de abanicos o calderos de cobre, no eran estos los únicos comercios que existieron en la Cuesta de Luján. Cuando Ramírez de Arellano escribió su obra, se podían adquirir las reconocidas píldoras purgativas del señor Dehaut o el milagroso ungüento Holloway en la farmacia, abierta en el número 2 por Francisco Avilés Cano y que, en esos días, tras haberla regentado durante un tiempo su viuda, estaba dirigida por el hijo de ambos. José Guijarro, alias El Granadino, tenía su zapatería en el número 7 y, en el número 1, se encontraba la platería de José Crespo Merino; Pedro Soler vendía abanicos de gran tamaño, conocidos vulgarmente por "pericones" mientras José Flores atendía su peluquería en el número 3. Como se puede observar por el número de establecimientos, la Cuesta de Luján era una calle viva y no solamente una calle de paso; junto a Ambrosio de Morales, Librería y Letrados, era una de las de mayor tránsito de la población, al menos durante el día. Continuamente aparecían noticias en la prensa escrita cordobesa avisando de la necesidad de dotar de más alumbrado a la calle con algún que otro farol de los nuevos que se estaban construyendo y colocando en otras zonas de la ciudad. Además, durante la época de lluvias, la cuesta resultaba impracticable y un peligro para la seguridad de los viandantes, por lo que en 1851 se tuvieron que picar las aceras para evitar resbalones.

IMAGEN 5. Trazado de la calle en 1884.
     Diez años después, el día 4 de noviembre de 1861, se comenzó a embaldosar la calle con losas de granito y, aunque en un principio se había resuelto hacerlo en todo el ancho de la misma, finalmente solo se colocaron las aceras y se empedró la parte central. Un mes más tarde, y terminado el embaldosado, se colocó el ansiado farol  en el centro de la calle, con lo que quedó perfectamente iluminada y transitable tanto de día como de noche.
     Otra nueva mejora llegó en 1869 con la colocación de las tuberías para el alumbrado de gas, como ya se había hecho en las calles Ayuntamiento, Librería y San Fernando, aunque transitar por la cuesta continuaba siendo un peligro, incluso después del embaldosado. En mayo de 1872 apareció en la prensa la noticia de que la calle iba a ser entoldada en su totalidad, aunque no sé si llegó a llevarse a cabo o fue una medida temporal, puesto que en 1876 volvió a aparecer otra noticia en la que se decía que era probable que se colocaran toldos en la parte superior de la cuesta. Ese mismo año hubo que picar las nuevas aceras y arreglar la zona empedrada. Esta operación hubo que repetirla nuevamente en 1884. 

IMAGEN 6. Obras de 1927.
     Ya en pleno siglo XX se acometió la reforma más importante desde que la calle se abrió al tránsito y la que le dio a la Cuesta de Luján el aspecto que hoy podemos apreciar. En la primera mitad de 1927 comenzaron las obras, aunque estuvieron paralizadas varios meses por diferencias entre el arquitecto y el contratista, con el consiguiente malestar de vecinos y comerciantes. Una vez salvadas dichas diferencias, y tras una visita de algunos periodistas al alcalde para hacerle llegar las quejas vecinales, la obra se reanudó y finalmente en octubre de ese año la nueva y remodelada Cuesta de Luján estaba lista. Lo que hasta ese momento había sido una rampa resbaladiza desapareció con la construcción de diecinueve escalones, adornados con figuras romboidales hechas a base de chinos y, aunque ni entonces ni ahora han sido nunca demasiado cómodos para bajar o subir por ellos, al menos facilitaban los desplazamientos a través de la calle y evitaban alguna que otra caída. Al mismo tiempo se construyeron a los laterales unas gradas o poyetes sobre los que se colocaron maceteros adornados con diferentes plantas, muy golosos al parecer puesto que tan solo un mes más tarde se multó a Antonio Lucena León, vecino del pueblo de Baena, por haber robado uno de ellos. El arreglo de la calle no fue totalmente costeado por el Ayuntamiento ya que, el 9 de junio de 1928, se aprobó una contribución especial que ascendía al treinta por ciento del coste total, que sería impuesta a todos los propietarios que habían resultado beneficiados por la obra.

IMAGEN 7. Vista en la segunda
mitad del siglo XX.
     Los primeros años del siglo XX trajeron nuevos negocios a la calle que acompañarían a los ya existentes. Francisco Avilés Merino aún seguía despachando remedios de lo más variopinto en la farmacia que había establecido su padre más de sesenta años atrás, aunque no fue por mucho tiempo pues falleció en junio de 1910. En el Almanaque del Obispado de Córdoba de 1901 aparecen el establecimiento de venta de calzado de Matilde Doblas Piédrola,  en el número 7, otro en el que se podían adquirir todo tipo de velas,  de Eduardo Álvarez de los Ángeles, y un tercero regentado por Manuel Porcal dedicado a paraguas y bastones.
     Más tarde fueron llegando establecimientos como la sastrería de Silvio Bonilla, la imprenta Ideal, Deportes Romero, el establecimiento de aparatos y material eléctrico Casa Guzmán, la carbonería y piconería Hipólito o la zapatería La Veloz. Esta última, que es el único negocio de aquel tiempo que aún perdura en la Cuesta de Luján, la abrió Rafael Trujillo Cañero el 13 de junio de 1959 en la esquina de la casa que actualmente ostenta el número 6, en la zona alta de la cuesta. Los menos jóvenes recordarán también la imprenta Muñoz y a un tal Mariano que ejercía allí su profesión de practicante. Los que no conocimos la calle en esa época por la edad, tenemos que recurrir a la memoria de nuestros mayores o a los documentos antiguos. Con respecto a estos últimos he conseguido localizar en el Archivo Municipal de Córdoba dos expedientes del año 1970 relativos a licencias de apertura: el primero de ellos, a nombre de Gerardo Checa Alamillo, hace referencia a un establecimiento de retales y saldos; un segundo expediente aparece a nombre de Francisco García González para la apertura de un negocio de conservación de helados con despacho.

IMAGEN 8. Cuesta de Luján en 1988.
     A finales de los años 80 el Casco Histórico de Córdoba presentaba un aspecto lamentable, lejos de la imagen que debiera tener una ciudad con tanta historia como la nuestra. Como se podía leer en el monográfico del Pregonero de enero de 1989, en un artículo firmado por Juan A. García Molina:
     "Para aquellos que desde hace algún tiempo no pasean por nuestro Casco Histórico la vuelta a éste les puede resultar desagradablemente sorprendente: zonas con una total pérdida de su identidad, construcciones pseudotradicionales, abandono consentido de una parte importante del parque inmobiliario, ruinas, solares... [...]  No puede extrañar así que alguna de nuestras calles más tradicionales, caso de Gutiérrez de los Ríos, den la impresión de haberse visto sometidas a un intenso bombardeo." 

IMAGEN 9. La calle en 1997.
     En esta lamentable situación estaba incluida la Cuesta de Luján. Los maceteros que durante tantos años habían adornado sus laterales ya no estaban, y la desidia de propietarios e instituciones hacía que  fachadas como la de la casa número 2, en la que aún se podían ver los restos del letrero de la antigua peluquería de señoras, presentaran un aspecto deplorable (Imagen 8). Posteriormente, en 1990,  tanto esta casa como la correspondiente al número 4 fueron incluidas en un plan de ayudas para mantenimiento y rehabilitación de la empresa Viviendas Municipales de Córdoba, S.A. (VIMCORSA). Sin embargo la ruina se había extendido a la casa contigua, que en 1997 aparecía apuntalada contra las fachadas de las casas del otro lado de la calle, obligando a que la zapatería La Veloz tuviera que trasladarse al local donde anteriormente se situó Deportes Romero, negocio que a su vez se había trasladado al número 4 como se puede apreciar en la fotografía 8.
     Como dije anteriormente, en la actualidad únicamente subsisten en la Cuesta de Luján la zapatería, regentada por Manuel Porras Montero, yerno de su fundador, y el establecimiento Element's, del mismo propietario que La Veloz y en el que se realizan copias de llaves y teñido de pieles entre otras cosas, aunque por las circunstancias en las que nos encontramos no está en funcionamiento. La casa en ruinas de la esquina acabó siendo derribada y en su lugar se levantó una nueva en 2003, según la información del Catastro, aunque los maceteros siguen sin adornar una calle que ha perdido la vida y el ajetreo que tuvo desde que se abrió.


Rafael Expósito Ruiz.





DOCUMENTACIÓN Y BIBLIOGRAFÍA
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica
- Expedientes del ARCHIVO MUNICIPAL DE CÓRDOBA
- Las calles de Córdoba, 2005. Francisco Román Morales

IMÁGENES
- Imágenes 1 y 3: realizadas por el autor.
- Imagen 2: Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba.
- Imagen 4: Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
- Imágenes 5, 6 y 8: Archivo Municipal de Córdoba.
- Imágenes 7 y 9: Fotografías extraidas del grupo de Facebook Córdoba Antigua.

1 comentario:

  1. Que alegría saber que los recuerdos de nuestra ciudad encuentran en tus trabajos una categoría merecida. Hay que quitarse el sombrero porque la cantidad de datos históricos añadidos a la reseña de una calle demuestran tu capacidad y nivel como investigador. Enhorabuena y un fuerte abrazo.

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