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lunes, 17 de noviembre de 2025

UNA LOSA DE MÁRMOL CON UN SONETO DE GÓNGORA

 ¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
De arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
Que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre gloriosa patria mía,
Tanto por plumas cuanto por espadas!

Si entre aquellas ruinas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro baña,
Tu memoria no fue alimento mío,

Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!


     En mayo de 1927 iba a cumplirse el tercer centenario de la muerte del poeta y dramaturgo cordobés Luis de Góngora y Argote, y Córdoba lo celebraría con una serie de conferencias, publicaciones y demás actos; la Real Academia le dedicaba un número monográfico de su Boletín, y en las aulas de los colegios niños y niñas recitaban sus sonetos. Aunque en un principio no estaba contemplado, el remate final iba a ser la colocación de una lápida grabada con los versos que el poeta le dedicó a la cuna de su nacimiento. ¿Llegó a colocarse? Sí. ¿A tiempo para cumplir con el centenario? No, amigas y amigos, esto es Córdoba.


IMAGEN 1. El soneto "A Córdoba".



     Esta iniciativa había nacido de las palabras que Andrés Ovejero, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Madrid, pronunció en la primera de una serie de seis conferencias que pronunció entre los días 2 y 7 de mayo. En esta primera conferencia, el catedrático hacía notar su extrañeza al no ver ningún verso de Góngora adornando las calles de su propia ciudad, como sí ocurría en las de Florencia con fragmentos de la "Divina Comedia" de Dante Alighieri. El académico cordobés José Priego López, el mismo que da nombre a la calle Maestro Priego López en el barrio de Ciudad Jardín, recogía el guante lanzado y publicaba lo siguiente el 4 de mayo en el Diario de Córdoba:

     «Como Florencia, y en cuanto a Góngora, Córdoba tiene que ostentar en su "muro" los versos gallardos, enfáticos, majestuosos, con que cinceló la corona de esta que acabó "flor de España". Más que gloria para Góngora será honor para nosotros mismos que nos dispongamos a perpetuar la memoria de estas nuevas y solemnisimas lecciones que nos dá Ovejero, realizando la cordial y patriótica iniciativa que ha puesto en nuestras manos. Hay que ilustrar el "muro" de Córdoba con el "Soneto a Córdoba", de Góngora. ¿Dónde? En el lugar más monumental de esa misma muralla: en la Puerta del Puente. Mirando hacia ella, contemplando a Córdoba desde su campiña, transitando por el camino real a la vuelta de Granada, descubriendo nuestras "torres coronadas de honor, de majestad, de gallardia", desde la altura de los Visos, de cierto que don Luis concibió la estupenda salutación y sintió en su pecho las inefables armonias de sus versos...».


IMAGEN 2. Fragmento de la "Divina Comedia" en una calle de Florencia.



     José Priego acababa su escrito apelando al patriotismo del alcalde Francisco Santolalla Natera para que encabezase la iniciativa, y éste respondió iniciando el día 13 una suscripción popular. Obviamente era imposible reunir la suma necesaria en tan pocos días ya que el centenario de la muerte de Góngora se cumplía el día 23, de hecho la cantidad recaudada hasta ese mismo día era de tan sólo 105,05 pesetas. El mes de mayo se pasó y lo mismo ocurrió con el año 1927, y los versos del poeta no adornaban aún ningún muro.


IMAGEN 3. Obras en 1928. La placa de mármol aún no está colocada.



     Pasaron más de cuatro años y seis alcaldes al frente del ayuntamiento cordobés sin que la placa con los versos gongorinos fuese colocada. Llegado septiembre de 1931, en la sesión ordinaria del día 14, el entonces alcalde Francisco de la Cruz Ceballos propuso librar hasta un máximo de 500 pesetas para tal fin, ya que la suscripción popular iniciada en 1927 no había sido capaz de reunir el dinero suficiente, además de solicitar la colaboración económica de las entidades culturales cordobesas y consultar a la Real Academia sobre el lugar donde debería lucir la lápida de mármol. Estas proposiciones fueron aprobadas por unanimidad.


IMAGEN 4. Entorno de la Puerta del Puente en 1930. Sigue sin estar colocada la placa.



    Sobra decir que la placa finalmente fue colocada, y ahí sigue en la actualidad, aunque no he sido capaz de averiguar la fecha exacta en que se hizo. Ninguna fotografía del momento, mención en la prensa o expediente lo atestiguan, que yo haya podido encontrar claro está. En cualquier caso es otra muestra más de lo que cuesta en Córdoba llegar a tiempo con los centenarios, como ocurrió por ejemplo con la estatua de Osio, colocada seis meses después de que se cumpliera la fecha en que debía conmemorarse el concilio de Nicea, presidido por el obispo cordobés, y que no fue inaugurada hasta un año después de dicha fecha, o como ocurrió con la dedicada al Gran Capitán, que debía colocarse para el cuarto centenario de su muerte y que no se hizo hasta ocho años después.


Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACION
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

IMAGENES
- Imagen 1: Fotografía realizada por el autor.
- Imagen 2: Fotografía de Lisbeth Salas. lavanguardia.com.
- Imágenes 3 y 4: Colección A. J. González. Archivo Municipal de Córdoba.

viernes, 23 de agosto de 2024

EL MONUMENTO AL GRAN CAPITÁN, UN PEDESTAL SIN ESTATUA

     Como muchos cordobeses sabrán, y a los que no ya se lo cuento yo, el "caballo de las Tendillas" no siempre estuvo ahí. La ubicación original del monumento fue el cruce de las actuales ronda de los Tejares y avenida del Gran Capitán, donde fue inaugurado el 15 de noviembre de 1923. Lo que no sabrán algunos es que el pedestal llegó bastante antes que el caballo y el jinete y, para vergüenza de los cordobeses, estuvo algunos años solo.


IMAGEN 1. Cruce entre avenida del Gran Capitán y Ronda de los Tejares,
alrededor de 1910.



     La idea de dedicar un monumento al militar montillano venía de lejos. Ya en 1842, en una sesión de la Real Academia de Córdoba celebrada el 17 de diciembre, el académico Manuel de la Corte Ruano propuso que se abriese una suscripción nacional «con el objeto de levantar en esta Ciudad, en sitio público y principal de ella, una estatua sacada de buenos modelos, del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba». La Academia acogió positivamente el proyecto y nombró una ponencia para que el proyecto de llevase a cabo. Y ahí se quedó la cosa.


IMAGEN 2. Primer proyecto, 1897.
     Diez años después, en 1852, se presentó el diseño y se aprobó el presupuesto para construir una fuente monumental, que iría coronada con una estatua dedicada al Gran Capitán. La idea, al igual que la anterior, quedó postergada. Habría que esperar hasta 1897 para que el Ayuntamiento retomase la antigua iniciativa. Se trataba ahora de adecentar el Campo de la Merced, construir jardines y colocar la estatua en el centro. La realización de ésta se encargo al escultor cordobés Mateo Inurria Lainosa aunque, una vez más, la iniciativa se desinfló.

     El proyecto se revitalizó en 1909 pero hubo que esperar hasta 1915, después de tres diseños distintos por parte de Inurria, para que comenzase a hacerse realidad, aunque el sitio escogido ahora para ubicar el monumento era el cruce de las actuales ronda de los Tejares y avenida del Gran Capitán. A primeros de octubre de este último año, el pedestal estaba prácticamente acabado y en noviembre se empezaban a montar los andamios para su colocación. Todo comenzaba a estar listo para colocar la última piedra el 2 de diciembre, cuando se cumplían 400 años del fallecimiento del homenajeado. Colocado el pedestal por completo, el Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos ofrecía una descripción detallada del mismo:


IMAGEN 3. Segundo proyecto, 1909.
     «El pedestal, ya erigido, es de la mayor sobriedad y robustez, tanto en sus líneas como en sus materiales, y simbolizado está en él el tipo romántico del caudillo y de la época.
     En la tercera hilada de piedras, que es de mármol riquísimo, van tallados ocho cuarteles del escudo de armas del Gran Capitán y cuatro cartelas con inscripciones, todo ello ceñido por una faja de laurel y roble, emblema de fortaleza y victoria.
     Un dado colosal, de granito rojo pulimentado, recibirá en su parte superior el plinto de la estatua ecuestre y llevará engastados en su cara anterior y posterior hermosos escudos de bronce, uno de España de la época de los Reyes Católicos y otro de Córdoba.
     En el último cuerpo de este dado, corren unas fajas de mármol blanco bordeadas de cordones en señal de dominio, en las que van tallados los nombres de las ciudades más importantes que ganó con su espada el Gran Capitán: Nápoles, Atella, Ceriñola, Garollano, Ostia, Ruvo, Montefrío y otras».


IMAGEN 4. Tercer proyecto, 1915.
     Y colocado el pedestal, ¿Dónde estaba la estatua? Según se lamentaban en la prensa cordobesa de la época, el Estado Español había incumplido su promesa de contribuir con 50.000 pesetas, la mitad del gasto total que conllevaba el monumento, y con lo recaudado en Córdoba tan sólo había sido suficiente para el pedestal. Así es que allí se quedó éste, que durante un tiempo estuvo protegido por unas vallas de madera pero que, tras ser retiradas en 1917, dejaban al descubierto la triste y vergonzosa imagen de un monumento a medio terminar. Más tarde sería cercado con cadenas. Los meses y los años pasaban y las inclemencias del tiempo estaban comenzando ya a deteriorarlo.


IMAGEN 5. Acto de inauguración del monumento.



     Finalmente, el 15 de noviembre de 1923, se inauguraba el monumento al completo y la estatua lucía ya sobre su pedestal en el cruce de Gran Capitán con Tejares. No estaría allí mucho tiempo, ya que el aumento de tráfico rodado en la zona hizo necesario su traslado, y el 1 de febrero de 1927, el alcalde interino Rafael Cruz Conde anunciaba a la prensa que el monumento se encontraba ya en la plaza de las Tendillas. En resumidas cuentas, caballo y jinete finalmente estuvieron poco más de tres años en la ubicación original, mientras que el pedestal estuvo allí solo bastante más del doble de tiempo que acompañado, ocho años a falta de un par de semanas. Cosas que pasan en Córdoba.


Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACIÓN
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

IMÁGENES
- Imagen 1: Fotografía subida por Lolo Córdoba al grupo de Facebook HISTORIA DE CÓRDOBA EN IMÁGENES.
- Imágenes 2 y 3: Aproximación a la imagen del Gran Capitán en el arte contemporáneo español. Ramón Montes Ruiz.
- Imagen 4: Fotografía aparecida en el número del 28 de junio de 1916 de la revista Mundo Gráfico. Biblioteca Digital Hispánica.
- Imagen 5: Fotografía aparecida en el número del 21 de noviembre de 1915 de la revista Mundo Gráfico. Biblioteca Digital Hispánica.

sábado, 25 de mayo de 2024

LA ESTATUA DE OSIO

     En 1925 se cumplían 1.600 años del Primer Concilio de Nicea, convocado y presidido por el obispo cordobés Osio en el año 325 de la era presente, en el que básicamente se debatía si el tal Jesús era divino y humano o solamente lo último. Parece ser que ganó la primera opción. Hasta ese momento, Córdoba no había honrado la figura del histórico obispo, a excepción de poner su nombre a la que antiguamente se había llamado Espaldas de Santa Clara, algo que habría ocurrido en los primeros días de 1865 si nos guiamos por la coplilla publicada en la prensa el 26 de enero de ese año: «Es hoy ya calle de "Osio" / la "Espaldas de Santa Clara" / con tal centinela veo / que las tendrá bien guardadas». De modo que tocaba ya un homenaje "como dios manda". Este homenaje, ideado por el obispo Adolfo Pérez Muñoz, iba a consistir, además de una peregrinación a Roma, en una placa dedicada al "paladín del Concilio de Nicea" pero, al parecer, el alcalde José Cruz Conde era más partidario de erigir una estatua.


IMAGEN 1. Monumento a Osio en la plaza de Capuchinas.



     La prensa cordobesa aún no se había hecho eco de la noticia cuando, en julio de ese año, el periódico madrileño El Debate afirmó que España, aprovechando el centenario, debería hacer algo en gratitud a la memoria de Osio, señalando que la iniciativa debía de partir, sin lugar a dudas, de Córdoba, la ciudad de la que fue obispo. La publicación fue acogida de desigual manera por los periódicos cordobeses, y mientras el Diario de Córdoba afirmaba prudentemente que El Debate confirmaba la noticia que desde hacía tiempo circulaba por nuestra ciudad, La Voz venía a decir más o menos que no hacía falta que desde Madrid nos recordaran lo que se tenía que hacer en Córdoba a ese respecto.

     El diario madrileño también revelaba la identidad de la persona a la que se encargaría el proyecto, el reconocido escultor sevillano Lorenzo Coullaut Valera, artista que tenía relación con Córdoba ya que su madre, aunque sevillana también, era prima del novelista egabrense Juan Valera, el famoso autor de la obra "Pepita Jiménez", y al parecer habría recibido clases de Rafael Romero Barros, padre de Julio Romero de Torres, en la Escuela de Bellas Artes.


IMAGEN 2. Coullaut Valera trabajando en un busto.



     Elegido el escultor, tan sólo faltaba decidir en qué lugar de Córdoba iba a ser colocado el monumento. El 3 de octubre, Coullaut Valera dedicó el día entero para inspeccionar todas las plazas y plazuelas de Córdoba, en busca del lugar idóneo. El jardín del Campo Santo de los Mártires fue la primera opción, aunque pronto sería sustituido por el de la plazuela de San Nicolás de la Villa. Finalmente, el día 29 de ese mes, el alcalde presentó una moción ante la Comisión Permanente del Ayuntamiento proponiendo que el monumento se levantase en la plaza de Capuchinas. La moción fue aprobada por unanimidad.


IMAGEN 3. La plaza de Capuchinas en 1884, antes de su remodelación.



     En noviembre comenzaron las obras para adecuar la plaza, se levantó el pavimento por completo y se trazó la parte que iría dedicada a jardín. Imagino que estas obras contaron con el beneplácito de muchos cordobeses, entre los que no se encontraban los vecinos de la plaza, que vieron como el proyecto se llevaba por delante la fuente de vecindad, de la que se surtían de agua, para trasladarla a otro lugar. Mientras tanto, el alcalde visitaba en Madrid al escultor para comprobar que la escultura estaba ya muy avanzada. El proyecto de reforma de la plaza era obra del arquitecto municipal Rafael de La Hoz Saldaña, y el diario La Voz lo describía de la siguiente manera: 

     «En dos planos se dividirá el rectángulo que hoy constituye esa plaza, dejando siempre una calzada para el tránsito rodado que enlace la calle de Alfonso XIII con la del Conde de Torres Cabrera, y otra que corra entre el jardín y la fachada de la iglesia conventual de Capuchinas. 
     Sobre este plano se elevará una plataforma en cuyo centro será emplazado el monumento. Tras de él, una cortina de árboles le darán precioso fondo. Algunos de estos árboles decorativos, serán palmeras.
     Alrededor de las tres caras más visibles del basamento de la estatua, la anterior y las laterales, correrá un artístico tapiz bordeado de una cenefa de mosaico de piedrecillas. Convenientemente distribuidos en su perfil, habrá cuatro bancos de mármol blanco sin respaldo.
     Los macizos de jardín que rodean esta plataforma, como las que se proyectan para el plano inferior, han de ser plantas de poca altura, y solo admitirán dos árboles pequeños que serán dos naranjos, hacia los extremos, en sitio donde no perjudiquen la visualidad del monumento».


IMAGEN 4. La plaza en 1927, ya remodelada.



     La estatua quedó finalmente colocada en la tarde del 31 de diciembre, el último día del año en que se cumplía el centenario del citado Concilio. Al igual que se había hecho antiguamente en Grecia y Roma, la estatua de Osio había sido policromada, con tierra de Sevilla en unos lados y con infusión de tabaco en otros, protegido todo ello con un barniz compuesto a base de celuloide. Tres relieves de bronce dorado adornaban el pedestal sobre el que estaba colocada, representando la conversión del emperador Constantino, el Concilio de Nicea y el martirio del propio obispo, sobre los cuales aparecía grabado el monograma formado por las dos primeras letras de la palabra griega "cristo".


IMAGEN 5. Asistentes al acto de inauguración.



     La inauguración oficial del monumento se retrasaría hasta el 25 de abril de 1926. Las calles Alfonso XIII, Conde de Torres Cabrera, Diego León y la plaza de Cánovas (actual Tendillas) estaban abarrotadas desde las diez de la mañana. se cortaron al tráfico, dejando paso únicamente por la calle Mármol de Bañuelos, por donde llegaría la comitiva de autoridades. A las once y media llegó Federico Tedeschini, nuncio del Papa Pío XI, que había sido invitado al acto semanas antes por el entonces alcalde de Córdoba Pedro Barbudo, que lo acompañaba, mientras en otro carruaje llegaban el obispo Pérez Muñoz y el auditor Monseñor Guerinoni. Tras bendecir la estatua, el nuncio tomó asiento en la tribuna que había sido levantada frente a la plaza, delante del actual número 15 de la calle Alfonso XIII, donde lo acompañaron los gobernadores civil y militar, el alcalde, los presidentes de la Audiencia y la Diputación, y el ya ex-alcalde José Cruz Conde. Tras los discursos del alcalde y el obispo, el acto se cerró con el del nuncio del Papa.


IMAGEN 6. Autoridades en la tribuna.



     Los bombardeos sufridos por Córdoba durante la Guerra Civil causaron destrozos en la estatua, que perdió un dedo de la mano derecha y la vara del báculo que sostenía en la izquierda. Más de dos años estuvo el dedo sin ser repuesto y, una década después, la vara aún esperaba su turno, por más que la Comisión de Monumentos solicitaba la reparación. No debió tardar mucho en ser repuesta, ya que aparece en una fotografía de 1948, aunque en la actualidad no hay rastro de ella, así como tampoco de la policromía que cubría el rostro y el manto de la estatua.


IMAGEN 7. La estatua en 1948.


Rafael Expósito Ruiz.


DOCUMENTACIÓN
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
- Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba.

IMÁGENES
- Imágenes 1 y 3: Fotografías del autor.
- Imagen 2: Fotografía extraída de coullautvalera.com.
- Imagen 4: Sección del plano de Córdoba de 1927.
- Imagen 5: Fotografía subida por Alfonso Gómez Romero al grupo de Facebook CORDUBA.
- Imágenes 6 y 7: Archivo Municipal de Córdoba.

martes, 24 de agosto de 2021

El Gran Capitán sin cabeza

     La madrugada del 16 de octubre de 1923 llegó a Córdoba, procedente de Madrid, un tren que transportaba la tan esperada estatua ecuestre dedicada a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, obra realizada por el escultor cordobés Mateo Inurria Lainosa. Y no es banal el calificativo de "esperada" referido a la estatua, si tenemos en cuenta que hacía más de ocho años desde que, el 1 de marzo de 1915, se retirase la farola de la glorieta del cruce entre la Avenida del Gran Capitán y la Ronda de los Tejares y se comenzasen la obras de cimentación para la colocación del monumento. La idea inicial era que este estuviera concluido para la celebración el día 2 de diciembre de ese año del cuarto centenario de la muerte del famoso militar pero esto no llegó a suceder y, durante todos esos años, el pedestal construido con mármoles y granito de varias clases permaneció en la glorieta sin su insigne inquilino, para vergüenza de los cordobeses.

Imagen 1. Monumento al Gran Capitán recién instalado.


     Pero más vale tarde que nunca, y Mateo Inurria desembarcó en Córdoba la mañana del 17 de octubre de 1923, comenzando a ser colocada la estatua alrededor del mediodía del mismo. La prensa cordobesa se hizo eco del acontecimiento y en el periódico La Voz, diario gráfico de información se pudo leer al día siguiente un artículo, dentro de la sección Postales de actualidad, en el que se recogían las primeras impresiones que los cordobeses habían manifestado, no solo por la colocación de la estatua sino por el hecho de que esta no tuviese cabeza:

     «¡Ya está en Córdoba don Gonzalo y su hermoso caballo! Loado sea Dios. Respiremos pues...
     Ya llegó don Gonzalo, en gran velocidad y en una batea del mixto, después de ocho años de estancia en la glorieta de Quevedo, en el estudio del mago del cincel, el gran cordobés Inurria...
     ¡Ya llegó!... Bienvenido.
     Con don Gonzalo también ha pisado tierra cordobesa el autor de la obra, que, según nos ha dicho, ha pasado las "morás" para poner en la estación más de dos mil kilos de bronce, ¡que es bronce!
     Para ello se ha necesitado una cuadrilla de cuarenta hombres y dos camiones automóviles.
     ¡No ha armado nada el Gran Capitán!
     Pero a pesar de todo este contratiempo y de haber permanecido la figura ecuestre un mes en la fundición, donde se ha trabajado día y noche, hemos visto ya a don Gonzalo sobre el pedestal famoso, que en su larga orfandad ha criado hasta "jaramagos".
     ¡Viva don Gonzalo!
     Un acontecimiento enorme constituyó durante todo el día de ayer la colocación del monumento al cordobés insigne. Todo Córdoba -nunca mejor dicho esto,- toda la ciudad, desfiló ante la glorieta del hermoso paseo que lleva el nombre del Soldado.
     Diálogos como el presente, oíanse en todos los lugares de la población:

     - ¿Vamos a ver a don Gonzalo?
     - ¿Y quién es ese?
     - ¡Bárbaro! El Gran Capitán, don Gonzalo de Córdoba...
     - ¡Ah! Pero ha llegado ya...

     Y largas caravanas dirigíanse al pedestal, donde el público, apiñado, comentaba a su manera la feliz aparición...

     - ¡Parece que está hablando! - dice un extasiado.
     - ¿Pero "ese" es el que mató a tanta gente?
     - ¡El mismo!
     - ¿Y por qué no lo ponen mirando para la Plaza de Toros?
     - Descuida. Dentro de unos días lo pondrán así. Van a dar gusto a todos, colocándolo cada semana en una posición distinta.
     - ¿Y la cabeza? ¿Dónde está la cabeza? - grita un socio que ha llegado el último, y a codazos se pone en primera fila.
     - La cabeza está en el Suizo - añade.
     - ¿En el Suizo?
     - Sí, hombre, en el Hotel Suizo, donde se hospeda el escultor. Es de mármol y forma una pieza aparte del resto de la estatua.
     - ¿Es posible eso?
     - ¡Como lo oye!
     Y el hombre se aleja "mosca" sin que le quepa en la cabeza lo de la cabeza de don Gonzalo.»


Imagen 2. El monumento en 1925.

 

     Obviamente la blanca cabeza de mármol fue colocada en su sitio y en tal sitio permanece en la actualidad. Se pretendía inaugurar el monumento el 24 de octubre, coincidiendo con la festividad del patrón de Córdoba pero, aunque la colocación se había finalizado para ese día, el hecho de que los Regimientos de "La Reina" y "Sagunto", que debían participar en las celebraciones, se encontrasen de maniobras en dicha fecha, hizo que la entrega del monumento a la ciudad se retrasase hasta el 15 de noviembre. Poco tiempo después fue trasladado a su ubicación actual en la plaza de Las Tendillas, y con el paso del tiempo fué tomando forma una leyenda urbana sobre el origen de dicha cabeza, de sobra superada hoy en día, pero que aún constituye una realidad para muchos cordobeses. Pero eso es otra historia.


Rafael Expósito Ruiz.





DOCUMENTACIÓN
- Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

IMÁGENES
- Imagen 1: Fotografía extraída del grupo de Facebook HISTORIA DE CÓRDOBA EN IMÁGENES.
- Imagen 2: Archivo Municipal de Córdoba.