miércoles, 20 de mayo de 2026

DOS HISTORIAS DE JUSTICIA POÉTICA

     En 1836 Córdoba fue el escenario de uno de los episodios que formaron parte de la Primera Guerra Carlista, entre los partidarios de Carlos María Isidro Benito de Borbón y Borbón Parma, hermano del recién fallecido Fernando VII, y los de María Isabel Luisa de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, legítima heredera al trono y que estaba representada por la reina regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, su madre. El 30 de septiembre de dicho año las tropas del general carlista Miguel Sancho Gómez Damas entraban en nuestra ciudad, ayudadas por parte de sus habitantes, y la tomaban definitivamente dos días después.


IMAGEN 1. La vista de Córdoba de Alfred Guesdon.



     Podría continuar narrando cómo se desarrolló esta ocupación de apenas dos semanas pero éste no es un blog de Historia sino de "historias", así es que os voy a dejar con el relato de dos de ellas. Las dos ocurrieron en 1836, una de ellas el mismo día en que las tropas carlistas entraban en Córdoba, y el nexo que las une es que en ambas acabó actuando la justicia poética. Teodomiro Ramírez de Arellano lo dejó escrito así:


IMAGEN 2. Bajando la Espartería.
     «Cierta mañana, bajaba la Espartería el infeliz Javier de Burgos, partidario de la suprimida constitución, al mismo tiempo que el voluntario realista Nicolás García, el Rubio, subia con su sable, que sacó, yéndose para el primero en ademan de herirlo: éste, indefenso y acobardado, demandó auxilio á un fraile de San Pablo que también pasaba y que con loable caridad lo abrazó, cubriéndolo con su manto y diciendo á su perseguidor:— «Ea, vamos, basta ya; nada de odios.» — mas, lejos de obedecer, le dio una estocada, pasando la capa del religioso y asesinándolo casi en sus brazos. Impune quedó por entonces aquel delito, como desgraciadamente sucede en muchas ocasiones; pero la Providencia se encargó de vengarlo, y en 1836, murió el García arrastrado por el coche-correo, en cuyo estribo se subió en un viaje á Sevilla, á donde iba á pié en busca de un hermano que lo amparase en la desgracia, que parecía perseguirlo desde la perpetración de aquel crimen».


IMAGEN 3. Los escalones de la bajada de la lonja.



     «Hacia el año 1830 hubo una gran cuestión entre dos vecinos de esta capital, uno llamado Cristobal de Soto y el otro conocido por Ravidiego: Francisco de Luque, amigo de ambos, hizo grandes esfuerzos por avenirlos, consiguiendolo, al parecer, y siguiendo con ellos todo el dia de broma, hasta llegar la noche, que convinieron en continuar reunidos; más uno de ellos, hizo presente la necesidad de ir a sus casas a dar aviso para no alarmar a las familias, creyéronlo acertado, sin comprender que iba a armarse de nuevo para saciar la sed de venganza contra el que ya lo había perdonado: reuniéronse de nuevo, siguiendo la broma hasta las doce de la noche en que, al pasar por el Mármol quebrado, el asesino echó un brazo por los hombros de su adversario y de pronto le clavó un cuchillo en el pecho, haciéndole caer en el escalón que forma la bajada de la lonja, echando a correr sin escuchar los denuestos de Francisco de Luque, a quien conocieron unas mujeres que se asomaron y cuyas declaraciones bastaron para que fuese preso y encausado por asesinato, no teniendo otras consecuencias por haber muerto en la cárcel, de pena, sin que fuese posible probar quién era el verdadero delincuente: éste quedó salvo, dedicándose a traer vinagre de Montilla y venderlo en Córdoba, además de otros portes de vino que hacía con una buena recua de mulos comprados con los productos de su industria, cada dia en aumento; el 30 de septiembre de 1836, en que entraron los facciosos en ésta Capital, llegó nuestro vinatero a la Puerta del Puente, y logrando que le abrieran entró con sus mulos por la Carrera; más, sintiendo los tiros de los nacionales que se replegaban al fuerte, aceleró el paso a entrarse por la calle del Mesón del Sol [Magistral González Francés], cuando le alcanzó una bala que lo dejó muerto en el mismo escalón de la lonja donde él tan inicuamente había asesinado al que ya le había dado la mano de amigo».


 Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACIÓN
- Paseos por Córdoba: ó sean, apuntes para su historia, 1873-77. Teodomiro Ramírez de Arellano.

IMÁGENES
- Imagen 1: Vista aérea de Córdoba, dibujo a lápiz y aguada sobre papel. Alfred Guesdon, 1853.
- Imágenes 2 y 3: Fotografías extraídas del grupo de Facebook HISTORIA DE CÓRDOBA EN IMÁGENES, compartidas por Lolo Cordoba y Antonio Moreno Bello respectivamente.





lunes, 13 de abril de 2026

EL CRIMEN DE PUEBLONUEVO. CONCLUSIÓN.

     La entrada anterior a ésta quedó se quedó en el momento en que conocimos las dos declaraciones de Andrés Pérez Granero, marido de la víctima. Ambas diferían bastante entre sí, aunque en los dos casos este individuo coincidía en que no había visto nada de lo que le había pasado a su mujer. La continuación del artículo del Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos, arranca con la declaración de su tío, Rafael Granero Torrente, y es la que sigue:

     Rafael Granero Torrente, tio del Andrés, es de 41 años de edad, vendedor de la plaza de Pueblo Nuevo de donde es vecino; carece de instrucción y ha sido anteriormente condenado á la pena de 12 años y un dia de reclusión temporal con las accesorias correspondientes, en causa que se le siguió en el juzgado de Fuente Obejuna por homicidio.
     Este procesado desde un principio ha manifestado y ratificado: que la tarde del dia 6 estuvo con su sobrino Andrés de máscaras, que al oscurecer se separó de él, estando por la noche en casa de su convecino Pedro Martinez que habia muerto aquel dia, viéndolo las vecinas Ramona Pino, Catalina Palacios é Isabel Berdejo, á las que acompañó á sus casas; que despues fué al café de Santa Bárbara, donde al camarero Pepe le pagó dos reales que le debia, marchándose á su casa de doce á una y media, donde lo vió entrar un vecino con el que habló, -que allí estuvo hasta las seis de la mañana del 7, en que se levantó yéndose á su ocupación; que al salir de su casa vió al criado de don José Marín, al que ayudó á cargar unas naranjas; que serían las seis de la mañana, como queda dicho, cuando fué á casa de su sobrino Andrés, para recoger un tablero para su puesto que en el corral tenía depositado, viendo al salir á su sobrina Rosa y á otra muchacha, que sacaban naranjas de la habitación de la derecha, habiéndole preguntado antes de salir á su sobrina María, si Andrés estaba en la mina, contestándole aquélla afirmativamente. Dijo también, que serían las siete de aquella mañana cuando su sobrina Rosa se presentó á su madre, que también tiene otro puesto en la plaza, diciendo «que Maria estaba muerta en el corral»; que él fué inmediatamente, pero al verla muerta y que no podia prestarla auxilios, se volvió á su puesto, de donde no se movió hasta terminar la venta; que á las nueve se fué á almorzar á casa de la Geroma, y de allí pasando por la puerta de la casa de la interfecta, se dirigió por la carretera para ver si llegaba su remitente. Asegura que su hermana habló con su sobrina Maria despues que él; que no vió fuego la primera vez que entró ni en la chimenea ni en el corral, pero sí luz en la habitación de su otra sobrina María, y que cree que ésta se quemara ella misma.


IMAGEN 1. Vista de Peñarroya-Pueblonuevo.


     De las citas que hace este procesado resulta: que con efecto acompañó á sus convecinas Ramona, Catalina é Isabel; que el camarero no recuerda si estuvo en el café Rafael Granero, sin duda por el bullicio que aquella noche habia con las máscaras; que si bien su vecino Marcelino Gimenez Tena no lo vió, su compañero Antonio H. Mellado, asegura que entre doce y una, estando llamando á la puerta de su casa llegó á la suya el procesado Rafael, al que como llevaba la llave le dijo «de eso me escuso yo»; -y que si ayudó al criado de don José Marín á cargar unas naranjas, no fué en el sitio ni hora que Rafael declaró.
     Además de lo expuesto, debemos manifestar que de voz pública se dice que este desgraciado mató de una paliza á una tal llamada Paula, con la que hacia vida marital, por más que oficialmente resulta que falleció de enteritis. Con posterioridad tuvo otra criada llamada Juliana Garcia que se marchó al poco tiempo; según el procesado, la despidió porque no le servia para la venta.

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     María Granero Torrente -Esta procesada pasó la noche del 6 al 7 en su casa, según ha acreditado con el testimonio de algunos testigos; ha manifestado que de seis y media á siete de la mañana del dia del crimen fué á casa de su nuera á dejar á su nietecito; primero dijo que la vió en la cama y la preguntó si su hijo había ido á la mina, contestándole aquella que sí; luego dijo que no la vió ni podía asegurar si estaba ó no en la cama, y también afirmó después que si bien la vió le parecía que no le habló nada; que se marchó á su puesto de la plaza enseguida, hasta las diez; que como á las nueve y media llegó su hija Rosa á la que le dió los niños para que se los llevase á su nuera por que en la plaza le molestaban, volviendo enseguida aquella con la noticia de que María estaba muerta en el corral; que fué enseguida, y á poco de estar allí llegó el padre de la interfecta; que no vió leña encima ni debajo del cadáver, pero si que humeaba, y que la primera vez que aquel dia fué á casa de su nuera no vió fuego ni en el corral ni en la chimenea, creyendo que aquella se quemara sola, bien con el candil ó con el fuego de la chimenea; por último afirmó que cuando á las 6 fué á casa de la María Jordán «cree que le habló pero que no la vió porque es falta de vista.»
     Esta procesada tiene 51 años, natural de Box (Málaga) y carece de instrucción.
     Contra esta procesada se formulan cargos como el de que antes de casarse su hijo con la desgraciada María sedujo á ésta con engaño deshonrándola su hijo en su casa; ella. como es natural, niega; pero no apresuremos acontecimientos y oigamos á su consuegro.

     Lo que dice José Jordán Cámara
     Ha manifestado este desgraciado que siempre se opuso á las relaciones de su hija con Andrés por la desarreglada conducta del mismo, pero que accedió á que se casara por cubrir la deshonra de su hija que se sintió embarazada por el Andrés que abusó de su hija en casa de María Granero; que después de casados, ésta andaba levantando chismes acerca de si fulano ó mengano quería á su hija, dando esto lugar á reyertas y disgustos sin cuento en el matrimonio, y que cree que los autores de la muerte de su hija son Andrés, la madre de éste y Rafael Granero, no sospechando de Rosa, si bien de público se dice, que fué la que llevó el aceite con que los criminales impregnaron los vestidos de la asesinada, antes de prenderles fuego.


IMAGEN 2. La plaza de Santa Bárbara.



     Noticias complementarias
     Rosa aseguró primero que cuando á las seis estuvo en casa de su cuñada por las naranjas, oyó á María reñir al niño mayorcito, porque pegaba á la niña; no sospecha quien la matara, creyendo que ella misma se prendería fuego; después dijo que no sabe si la oyó hablar ó se lo figuró, confundida con el ruido de la calle; que sospecha de su tio y que los disgustos que había con su hermano Andrés eran debidos á lo borracho que este era.
     Está demostrado que tenían frecuentes disgustos Andrés y la interfecta, que estuvieron separados en el mes anterior al del crímen y que la opinión unánime acusa á Andrés Perez Granero y Rafael y María Granero Torrente, como autores más ó menos directos de la muerte violenta de la infelíz María Jordan Gavilán.

     Nuestro parecer.
     Como quiera que de los hechos consignados no resultan probados algunos extremos ó puntos que seguramente se dilucidarán en el acto del juicio, dejamos de emitirlo, si bien no hemos de abstenernos de consignar que la segunda declaración del Andrés por la que se inculpa de haber abofeteado á su mujer, y dice que su tio Rafael la cogió, llevó al corral y quemó, no está en contradicción con la formulada por su tio, pues este bien pudo ir á su casa y salir á poco rato y marchar á la de su sobrino; que es raro que Rafael Granero no fuera visto, ni viera á la Rosa y su compañera más que cuando salía con el tablero, que es de tenerse en cuenta la discrepancia que resulta entre las apreciaciones de los hermanos acerca de la hora de saber la noticia del crímen, así como de la impasibilidad que por sus manifestaciones, se vé quedaron al saber el crímen; y que entre otras circunstancias de que no hacemos mención por falta de espacio y dimensiones ya largas de este escrito, merece se haga notar las divagaciones y contradicción de la María Granero, si vió ó no vió, habló ó no habló á su nuera; así como esperamos que entre otros puntos se hará luz en el acto del juicio, si ya no estuvieran aclarados entre otros estos dos extremos pues nosotros lo ignoramos:
     1.º Si María Granero Torrente, la primera visita que hizo á su nuera al amanecer del dia en que se perpetró y descubrió el crímen fué con objeto de dejar al niño Vicente, hablára ó nó con la madre, ó la viera ó no la viera ¿cómo después mandó á Rosa con los niños porque le estorbaban en la Plaza? ¿Es que fué á dejar uno y se llevó tres?
     2.º ¿Si tanto la María Granero como su hermano Rafael fueron los primeros que supieron la noticia funesta de la muerte de María Jordán, y según afirmación ratificada por ellos mismos constantemente, se personaron inmediatamente en el lugar del suceso ¿cómo no apagaron el fuego en que seguramente ardían los vestidos y carnes de la desgraciada? ¿Es que no la vieron arder y sí el Guardia civil, el Alcalde pedáneo y el Facultativo que se personaron bastante después que ellos? ¿Es que tampoco olieron la pestilencia que había?
     No nos mueve la pasión en contra de persona alguna determinada, pero es nuestro deber satisfacer la opinión pública que vé un crimen horroroso donde hay que depurarlo todo para que el derecho perturbado por una tragresión tan terrible quede restablecido, imponiendo el merecido castigo á los culpables que resultan, si hay mas de uno.
     Ojalá que este bárbaro y espantoso hecho, como otros muchos por desgracia, tanto ó mas horribles, fueran hijos de la fantasía y no tuvieran realidad en nuestra sociedad, resultando que la infeliz María Jordán Gavilán pereció de muerte natural.
     Si como está demostrado que el hecho que nos ocupa es un vandálico «esparcimiento», y sus autores son ó fueron legalmente conocidos, desde ahora nos apresuramos á implorar indulgencia dentro de la ley.
     Por último, terminamos esta información participando á nuestros lectores que la muchacha que recojía las naranjas con la Rosa el dia de referencia, llamada Francisca, ha manifestado que tanto su compañera como la madre de la misma, le habian aconsejado dijese habia oido hablar á la Maria Jordán.
     Con el resultado de la prueba propuesta, que asciende en cuanto á la testifical y pericial á más de sesenta personas y los informes de la acusacion y de las defensas, fallará la sala primera de esta Audiencia, con arreglo al veredicto del Jurado.
     Para Andrés Perez Granero y Rafael Granero Torrente, pide el fiscal la pena de muerte ó en su defecto cadena perpétua, y para Maria Granero Torrente, como cómplice encubridora, la de 15 años de reclusión temporal, más á todos las accesorias correspondientes, multas, costas, etc.
     Las defensas de los procesados todos piden para sus patrocinados la absolución libre y que se declaren las costas de oficio, por falta de pruebas en que fundar la responsabilidad legal de los mismos.

FRANCO.


IMAGEN 3. El cerco industrial.




     Hasta aquí la segunda y última parte del artículo de Francisco González y Sáenz, que firmaba bajo el pseudónimo de FRANCO y que desde primeros de mayo se encargaba de la sección Revistas de Tribunales del Diario de Córdoba. Después llegaría el juicio, que comenzó el 10 de mayo de 1895, y su correspondiente y extenso artículo, también dividido en dos, pero creo que ya he abusado bastante del "corta y pega" y que seguramente estaréis deseando que este caso concluya de una vez por todas, por lo que intentaré ir al grano lo más resumidamente que pueda.

     Según expuso el fiscal en su intervención, sobre las doce o la una del fatídico día, Rafael llegó a la casa del matrimonio cuando Andrés estaba golpeando a María. Ambos, tío y sobrino, habían estado todo el día de carnavales y seguramente llevaban más alcohol dentro del cuerpo del necesario. Tal vez el hecho de que Andrés había sido obligado unos días antes por el alcalde de Belmez a regresar al domicilio conyugal, que había abandonado poco antes de que María diera a luz a su tercer hijo, fuera el detonante para que éste comenzase a pegar a su mujer esa noche, y la aparente naturaleza homicida de su tío y las más que probables negativas de María a los "requerimientos amorosos" de éste harían el resto. Entre los dos la arrastraron amarrada con una soga hasta el patio, no está claro si viva aún o muerta,  y una vez cometido el asesinato la rociaron con aceite y le prendieron fuego, en presencia al parecer del hijo de tres años, José, quien tras el suceso había dicho que «papá, la abuela y mi Rafael, mataron á su mamá, y que se la llevaron al corral con la jáquima» (1).

     El veredicto final llegó tras dos intentos fallidos, leídos el primero a las tres y cuarto de la madrugada del día 12 al 13 y el segundo a las cinco, ambos con ciertas incongruencias y contradicciones que hicieron que el jurado tuviera que reunirse a deliberar una tercera vez. Finalmente, a las seis de la mañana, llegó el veredicto definitivo y quince minutos después se leía la sentencia: María Torrente, aunque señalada como encubridora, no fue condenada finalmente en base al artículo 17 del código penal; para Andrés Pérez Granero y Rafael Granero Torrente, cadena perpetua. Espero que la cumpliesen íntegra.


Rafael Expósito Ruiz.




(1) Jáquima: Cabezada de cordel, que suple por el cabestro, para atar las bestias y llevarlas. dle.rae.es.




DOCUMENTACIÓN
- Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos: Año XLVI Número 13049 - 1895 mayo 7. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
- Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos: Año XLVI Número 13054 - 1895 mayo 12. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

IMÁGENES
- Imagen 1: Fotografía compartida por Loli Llerena en el grupo de Facebook FOTOS ANTIGUAS DE PEÑARROYA-PUEBLONUEVO.
- Imagen 2: Fotografía compartida por Jose Antonio Vaquera Carrasco en el grupo de Facebook FOTOS ANTIGUAS DE PEÑARROYA-PUEBLONUEVO.
- Imagen 3: Fotografía perteneciente al Fondo Francisco Solano Márquez. Archivo de la Diputación Provincial de Córdoba.

martes, 31 de marzo de 2026

EL CRIMEN DE PUEBLONUEVO. PRIMERA PARTE.

     El 7 de febrero de 1894 la localidad cordobesa de Pueblonuevo amanecía con la noticia de un trágico suceso, que ocuparía durante los meses siguientes las páginas de la prensa de la época. A nivel local, el periódico encargado de dar difusión al caso fue el Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos, el mismo que un año y tres meses después de lo ocurrido y previamente a la celebración del juicio, publicó un artículo en el que daba cuenta de los hechos y las circunstancias que rodearon tan atroz asesinato. La extensión del mismo hizo que el citado artículo fuera publicado en dos partes, y así lo haré yo para no alargar demasiado esta entrada. La primera entrega es la que sigue:


IMAGEN 1. Vista de Peñarroya-Pueblonuevo.



     Las múltiples versiones que á raiz de un suceso extraordinario suelen propalarse, nos determinó cuando este horrible crimen se descubrió á no dar más que sucinta relación del mismo, temerosos por una parte de que informes tomados, siempre de buena fé, resultasen equivocados y perjudicásemos gravemente el concepto moral y público de alguna persona, y por otra, el respeto que nos merece siempre la justicia, bajo cuya acción cayó desde los primeros momentos su esclarecimiento, formándose el oportuno proceso; mas habiendo cesado las causas que motivaron el efecto de nuestra reserva, y siendo próximo el dia que la Audiencia de esta provincia tiene señalado para la vista en juicio oral y público, vamos á refrescar la memoria de nuestros lectores con la exposición mas detallada y ordenada que nos sea posible acerca de los hechos principales á este crimen relacionados, seguros de que el público quedará perfectamente enterado y con ello nuestra misión cumplida.

     Bajo el nombre de el «Crimen de Pueblo-Nuevo» se conoce al perpetrado en la persona de Maria Jordán Gavilán, de 22 años de edad, casada, con tres hijos llamados José, Vicente y Ana, de tres, un año, y un mes, respectivamente, y á la que se encontró en el corral de su casa muerta violentamente y quemada, en la mañana del dia siete de febrero de 1894.
     Síguese el procedimiento contra el esposo de la interfecta, Andrés Perez Granero, y los hermanos Rafael y Maria Granero Torrente, tio y madre del Andrés, porque si bien en un principio se encausó á Rosa Perez Granero, cuñada de la finada, la Audiencia estimó no habia motivo que determinase su responsabilidad y dicto auto de sobreseimiento.


IMAGEN 2. Una calle del pueblo.



     Descripción de la casa del crimen.
     Se halla situada en la calle Cervantes, número 13, de la aldea de Pueblo-Nuevo, término municipal de Belmez, partido judicial de Hinojosa del Duque: su aspecto es el común y corriente de todas las del pueblo; á su entrada, y en el primer cuerpo á la derecha, hay una habitación que el dia de autos no contenia mas que un montón de naranjas, por lo que puede asegurarse que estaba inhabitada; en el segundo cuerpo, á la derecha, hay una habitación que tiene una ventana que dá á un corral, cuya ventana, como tenia una de sus puertas entre abierta, pudo observarse que en el poyo de la misma estaba colocado un velon pequeño: contenía esta habitación una cama deshecha con ropa de hombre sobre ella, varios muebles en regular orden colocados, con algunas prendas de ropa sobre los mismos; una silla frente á la cama, en la que habia un vestido á cuadros azules y un mantón negro, é inmediatamente, pero en el suelo, una alcuza para aceite de oliva, pero vacia.
     A la izquierda del segundo cuerpo está la cocina con chimenea, en la que habia una porción de leña de jara partida y preparada para encenderse; tiene una puerta que estaba abierta y dá á un corral, que es de cuatro metros de ancho por tres de largo; en el frente del corral habia una empalizada de dos metros de altura y sobre ella alguna leña de jara, á la izquierda un pesebre como de un metro de largo al que estaba atado un burro, y á la derecha, en el rincon y frente el cuerpo de una muger.

     Posicion y examen del cadáver de Maria Jordan Gavilán.
     Estaba esta desgraciada en posición diculito [decúbito] lateral izquierdo con flexión forzada de la pierna del mismo lado, la cabeza levantada y medio oculta por un haz de leña mirando hacia abajo, arrojaba por la nariz una mucosidad sanguinolenta y espesa, la lengua fuertemente aprisionada en su punta por las arcadas dentarias, amoratada en la parte que se descubría, sus labios estaban amoratados y entreabiertos, el pelo lo tenía recogido y aprisionado con un pañuelo hecho gorro que está en parte quemado, librando la parte izquierda y posterior del cabello, pues la anterior del mismo lado presenta una estension de pelo quemado y en la parte central de la cabeza una superficie circular de unos tres centímetros de diámetro desprovista de epidermis, y á uno y otro lado de la expresada superficie dos heridas contusas de poca estension que interesan el cuero cabelludo.
     El brazo y mano derecha apoyada sobre el haz de lecha presentaban manchas negruzcas producidas por la acción del fuego (algunos trozos de piel estaban carbonizados). El brazo izquierdo oculto bajo las ramas y hubo que levantar el cadáver para ver que presentaba análogas quemaduras que el derecho.
     El pecho lo tenía completamente cubierto de un color amarillento súcio que daba al tacto la consistencia y sonido del pergamino y hacía presentir la influencia de un calor lento, prolongado y no suficiente á ocasionar la combustión; la parte superior y posterior del toráx quedaron libres de la acción del fuego; los hombros y cintura los tenía cubiertos en parte de restos de ropa y desnudo completamente la mitad inferior del cuerpo.
     Calzaba los pies con botas y sin medias, y notábase como á tres ó cuatro centímetros por encima de aquellas, que terminaban rápidamente las quemaduras, marcándose la línea divisoria sin gradaciones.
     Tanto el haz de leña que había debajo de la cabeza y brazo derecho de la interfecta, como dos tallos de adelfas verdes y la leña que contenía la empalizada no tenían la menor señal de haber sido atacadas por el combustible, y cuando el cadáver se levantó pudo observarse que en el sitio por él ocupado no existía rastro ni vestigio de otro combustible que el de los vestidos que habían ardido, del que quedaron dos pedazos que no había consumido el fuego y que daban un olor manifiesto á aceite de oliva.


IMAGEN 3. Chiquillos en una calle del pueblo.



     Como se descubrió el crímen.
     María Granado Torrente, que tenía un puesto para la venta en la plaza de la aldea de Pueblo-Nuevo, (así como también tenía otro su hermano Rafael) á eso de las nueve de la mañana del dia 7 de febrero de 1894, dijo á su hija Rosa que llevara á María Jordán Gavilán los hijos de ésta que la Granado tenía, pues le molestaban en la plaza. Cumpliendo Rosa el encargo de su madre, se fué con los niños á casa de su cuñada, extrañándole sobre manera que el burro estuviese en la cocina, y como la puerta que de ésta comunica con el corral estaba abierta, al acercarse vió que su hermana política estaba muerta en un rincón del mismo y sin ropas. Por tal causa salió precipitadamente y dió cuenta á su madre, enterándose del suceso varios vecinos, que aglomerados á la puerta de la casa tan luego se enteraron, comentaban el hecho. Como pasara por allí el guardia civil Santiago Mediano Córdoba, se extrañó de ver tanta gente, y al preguntar la causa, díjole Rafael Granero Torrente, que á la sazón salía de la casa, que «la mujer de Andrés estaba muerta y quemada.» Acto seguido el referido guardia puso el hecho en conocimiento del alcalde pedáneo don Lucio Martin Nogales, y ambos, acompañados del facultativo don Emiliano Roldán, se personaron en el domicilio de la infortunada María Jordán, á la que hallaron quemada y muerta; más como ardiera aún alguna ropa de la desgraciada que la rodeaba la cintura, apagaron el fuego sin tocar el cadáver, dando el citado alcalde parte inmediatamente de este hecho al Juzgado municipal de Belmez, y dispuso que el marido de la interfecta Andrés Perez Granero y el tio de éste Rafael Granero Torrente, fuesen detenidos por recaer sobre ellos, de rumor público, acusación de haber tomado participación en el crímen.

     María Jordán fué muerta alevosamente.
     Puede consignarse sin temor alguno á error el enunciado precedente, pues científicamente está probado por las manifestaciones de los ilustrados médicos don Emiliano Ramirez y Lopez y don José Marin y Martin, quienes después de un detenido y concienzudo exámen del cadáver de la finada, practicada que fué la autopsia, afirmaron

     Primero.- Que María Jordán Gavilán fué muerta violentamente entre las dos y las cuatro de la madrugada del dia 7 de febrero de 1894.
     Segundo.- Que la violencia empleada fué la asfixia por sofocación, y rápidamente.
     Tercero.- Que la asfixia se ocasionó en este caso ó con la mano tapando la boca y la nariz ó por comprexión del pecho hasta el punto de imposibilitar los movimientos musculares, ó empleando ambos procedimientos simultáneamente.
     Cuarto.- Que teniendo en cuenta tanto la débil constitución de la finada, como la anemia producida en la misma por la falta de alimentación, un embarazo laborioso y las pocas fuerzas con que podía contar (pues unido á lo expuesto la infeliz hacía pocos dias que había dado á luz cuando se cometió el crimen), este pudo ser realizado por una sola persona, sin perjuicio de que pudieran intervenir dos ó más.
     Quinto.- Que las heridas encontradas en la cabeza de la interfecta, fueron causadas cuando la María era ya cadáver; y
     Sexto.- Que el cuerpo de la infeliz finada fué quemado después de ser cadáver y á fuego lento.


IMAGEN 4. Otra vista del pueblo.



     Lo que dicen los procesados.
     Andrés Perez Granero, esposo de la interfecta, tiene 29 años de edad, es natural de Linares (Jaen), minero, domiciliado en Pueblo Nuevo, carece de instrucción y no tiene antecedentes penales.
     Este procesado ha dado dos versiones diferentes acerca de como pasó y que le ocurrió en la noche del dia 6 á 7 de febrero del año último, á partir desde las ocho y media, hora que en unión de su mujer se salió de casa de su vecina conocida por la «Caraballa», donde estaban de visita, para irse á su casa á dormir.
 
     Es la primera: que se acostó á la dicha hora ocho y media; que serían las tres de la madrugada cuando su mujer, que padecía ataques (no dice de que clase) empezó á gritar «¡Madre mía!»; que á las cinco y media le llamó un minero llamado José, para el trabajo; que se levantó, y al irse dijo á su mujer que cerrase la puerta, y como esta le contestase lo efectuase él, se marchó echando el cerrojo al postigo de la puerta de la calle, y dejando esta encajada; que quedó su mujer en la cama con dos de sus hijos, el mayor y el más pequeño, por cuanto que el de enmedio, ó sea el de un año, dormía en casa de su madre; que como únicamente entran en su casa su citada madre y su tío Rafael para recoger un tablero que para su puesto de la plaza depositaba en su casa, no sospecha quiénes hayan sido los autores de la muerte de su mujer, creyendo que ella misma se prendería fuego.


IMAGEN 5. Arranque del castillete del pozo Antolín, en la mina del mismo nombre.



     Es la segunda manifestación ó versión que dá, la siguiente: que se acostó á la hora referida, y como á la una de la noche y estando cuestionando con su mujer, llamó su tío Rafael y le abrió la puerta; que aquél se sentó en una silla, mientras él seguía disputando con su esposa; que como á las cuatro se levantó y como no tuviera preparada la ropa, dió una bofetada y un golpe con la mano á su mujer, cayéndole al suelo; que su tío le dijo, «pégale, pégale sobrinico», y levantándose su tío de la silla, cojió a su mujer, la llevó al corral, encendiendo un fósforo y se lo aplicó al vestido, marchándose él hasta la plaza, desde donde volvió con objeto de recojer el candil; que al entrar salía su mencionado tío Rafael con el que no habló palabra alguna, yéndose él inmediatamente á su trabajo, después de recoger el candil citado y unas alforjas, y sin ver nada.
     Esta segunda declaración, que sostuvo frente á su tío Rafael, que le negaba veracidad en careo celebrado al efecto, fué después rectificada por su autor, asegurando después que la declaración verdad era la prestada primeramente.
     Tanto las manifestaciones que hizo el interesado de estar la tarde del 6 vestido de máscara con su tío y un primo llamado Manoliyo, así como la de los constantes disgustos que tenía con su mujer, están probadas; más no que el minero José lo llamara en la madrugada del 7, pues éste lo negó, diciendo que mal podría llamar al Andrés cuando trabajaba en mina diferente.
     Dijo también este procesado había tenido muchos disgustos con un tal Daniel que había sido novio de su mujer y la madre de éste, que ambos le habían amenazado de muerte y calumniado, por cuya razón los citó á juicio, pero el primer aserto queda negado por los aludidos, y con respecto al de el juicio, si bien es verdad que consta que el Andrés los demandó en una ocasión, no es menos cierto que el dia señalado para la celebración del mismo Andrés retiró su demanda, diciendo estaba ya satisfecho.

FRANCO
(Se concluirá.)


RAFAEL EXPÓSITO RUIZ.




DOCUMENTACIÓN
- Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos: Año XLVI Número 13047 - 1895 mayo 5. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

IMÁGENES
- Imágenes 1 y 4: Fotografías pertenecientes al Fondo Francisco Solano Márquez. Archivo de la Diputación Provincial de Córdoba.
- Imágenes 2 y 3: Fotografías compartidas en el grupo de Facebook "Fotografías Antiguas de Peñarroya-Pueblonuevo", por Daniela Sánchez Muñoz y Antonio Suescum Pajuelo respectivamente.
- Imagen 5: Fotografía tomada por el autor.

viernes, 20 de marzo de 2026

EL POCITO DE LA FUENSANTA

     Supongo que buena parte de las cordobesas y cordobeses conocerán la curiosa leyenda del Caimán de la Fuensanta y las peripecias del cojo para acabar con la vida de este reptil que, siendo originario de zonas tropicales del otro lado del "charco", decidió darse un chapuzón en uno de nuestros arroyos. La realidad es que se trata de un animal cazado en Filipinas y traído como exvoto al Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta. Pero existe otra leyenda que justifica la construcción de dicho santuario junto al manantial que surtía de agua al conocido pocito. A petición de uno de mis más fieles seguidores, David Morales, os dejo con esa curiosa historia, tal y como la dejó escrita Teodomiro Ramírez de Arellano:


IMAGEN 1. La iglesia de la Fuensanta y la capilla que rodea al pocito.



      En la primera mitad del siglo XV moraba en el barrio de San Lorenzo, junto á la puentezuela, un infeliz cardador de lana llamado Gonzalo García, á quien su escaso jornal no bastaba á sostener á su esposa é hija, la primera paralítica y la segunda demente; por tanto, imposibilitadas de ayudar á contribuir con su trabajo á los gastos de la familia: desesperado con tan triste situación, y no sabiendo qué determinación tomar, salióse un dia por la puerta de Baeza hacia el arroyo de las Peñas ó Piedras, que es el de la Fuensanta, y hacia el sitio que aun se denomina de las Moras, á causa de las muchas silvestres nacidas en aquellos paredones.

     Meditabundo y pensativo iba Gonzalo hacia el mencionado sitio, cuando se le acercaron dos hermosas jóvenes, una en pos de otra, y un gallardo mancebo: la primera le dirigió estas ó parecidas cariñosas palabras: «Gonzalo, toma un vaso de agua de aquella fuente, y con devoción dalo á tu mujer é hija, y tendrán salud.» Suspenso quedó aquel desgraciado, si bien dominándolo la idea de que sus favorecedores serían la Virgen María y los Patronos de Córdoba San Acisclo y Santa Victoria, en cuya idea lo afirmó el gallardo joven, diciéndole: «Haz lo que te manda la Madre de Jesucristo, que yo y
mi hermana Victoria, como Patronos de esta ciudad, lo hemos alcanzado de la Virgen Santísima.» Lleno de gozo y aun mas admirado, volvió ansioso la vista hacia el sitio señalado, donde efectivamente corría el agua, manando de entre las descubiertas raices de un cabrahigo [higuera], que demostrando su antigüedad, cubría con sus ramas parte del paredón de la cercana huerta; mas casi simultáneamente iba á arrojarse á los pies de su celestial bienhechora, cuando esta ya habia desaparecido con los Santos Mártires.


IMAGEN 2. Santuario y pocito en los años 30 del siglo XX.



     Henchido su corazón de gozo y agradecimiento, corrió Gonzalo á una alfarería, cercana á la hoy demolida puerta de Baeza: compró el jarro, y lleno de la salutífera agua, lo llevó á su casa, contando lo ocurrido, y pidiendo con gran fé que con ella viviesen su mujer é hija, logró verlas libres completamente de sus acerbos y ya incurables padecimientos.

     Como no podía menos de suceder, la noticia circuló por toda la ciudad; los enfermos corrieron á beber de la fuente designada, y nuevas curaciones justificaron mas y mas la virtud de sus aguas; mas nadie acertaba á descifrar aquel misterio, descubierto al fin por otra nueva revelación. El jarro comprado por Gonzalo García, y que era de barro vedriado, como color amarillo, se conservó muchos años como una preciosa reliquia, afirmando Enrique Vaca de Alfaro que el dia 6 de Abril de 1671 tuvo en su mano un fragmento que aun quedaba en poder de Juana de Luque, vecina de la calle del Aceituno, de sesenta y siete años de edad, y viuda de Nicolás Muñoz de Toro, descendiente del Gonzalo.


IMAGEN 3. Otra vista de la zona.



     Veinte años habian trascurrido desde aquel portentoso suceso, aun sumido en el mas misterioso secreto: el sitio conocido por la Albaida era la morada de los ermitaños de Córdoba, aun no congregados como en la actualidad, y uno de ellos agoviado por una cruel hidropesía que lo llevaba al sepulcro, se decidió también á beber de las saludables aguas de la santa fuente, y con ellas logró la salud apetecida: lleno de agradecimiento y fe, pedía á Dios y á la Virgen en sus oraciones, que se dignasen aclarar aquel arcano, cuando una noche, la del 8 de Setiembre, oyó cierta voz que satisfizo su ansiosa curiosidad, revelándole que en el tronco de aquel cabrahigo se encerraba una imagen de la Virgen, depositada en un hueco cuando, la persecución de los cristianos, y cuya concavidad había cerrado el trascurso de tantos años. El ermitaño corrió al dia siguiente á presentarse al Obispo de Córdoba D. Sancho de Rojas, y contándole lo ocurrido, éste hizo cortar el árbol, confirmándose las palabras del anacoreta, puesto que fué hallada la imagen que con tanta devoción veneramos. Es de barro, y tiene en la espalda unas letras muy gastadas, al parecer góticas.


IMAGEN 4. El pocito dentro de su capilla.



     Si el mas insignificante acontecimiento atrae tantos curiosos al lugar en que ocurre, figurémosnos un momento qué no sucedería en semejantes tiempos, cuando los sentimientos religiosos eran tan puros en las personas ilustradas, y el pueblo ignorante estaba subyugado por el mas exagerado fanatismo. Al dia siguiente de la revelación, cortóse el árbol, y encontrado tan estimable objeto, divulgóse la noticia con la velocidad del rayo, acudiendo casi en su totalidad el vecindario de Córdoba con el clero, autoridades y demás corporaciones, formando todos una procesión que en medio de una alegría indescriptible, aumentada por el repique de tantas campanas como entonces habia, y del disparo de cohetes y arcabuces, llegó con la imagen al Sagrario antiguo de la Catedral, hoy capilla de la Cena, donde la depositaron, hasta que se edificó en el sitio del cabrahigo el primer humilladero, costeado por el Obispo D. Sancho de Rojas.

     Y hasta aquí la leyenda. Ramírez de Arellano continúa después ofreciendo datos acerca de las posibles fechas en que habrían ocurrido los hechos o sobre la posterior construcción del humilladero junto al pozo, además del santuario y la iglesia, pero tampoco es cuestión de reproducir completos los "Paseos por Córdoba" aquí y si queréis los tenéis disponibles en biblioteca.cordoba.es. 


Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACIÓN
- Paseos por Córdoba: ó sean, apuntes para su historia, 1873-77. Teodomiro Ramírez de Arellano.

IMÁGENES
- Imágenes 1 y 4: Fotografías tomadas por el autor.
- Imágenes 2 y 3: Archivo Municipal de Córdoba.

sábado, 14 de marzo de 2026

COMO TRAFICANTE QUE SOY...

     A veces, mientras reviso algún expediente antiguo en busca de información para una nueva entrada, me encuentro con cosas curiosas. No hace mucho que creí estar viendo una carta firmada por Dios, cosa totalmente imposible ya que en caso de que este señor existiera dudo mucho que se dedicara a dejar su firma en un documento, pero que durante una fracción de segundo me dejó descolocado. El otro día me pasó con un escrito que comienza diciendo "Como traficante que soy...".

     Ya resulta raro que si uno se dedica a este trabajo tan poco lícito se dedique a ir contándolo por ahí, y mucho menos aún que lo deje por escrito y firmado, como así hizo un tal Bartolomé de Raya en 1805. Lo curioso del tema era la mercancía con la que este señor traficaba y que no era ni droga, ni armas ni nada por el estilo, sino aceite. Entiendo que el precio del "oro líquido" se suele poner por las nubes cada vez que el mal tiempo continuado afecta a las cosechas pero tampoco es como para llegar a esos extremos. Pero todo tiene su explicación, y mi sorpresa tiene que ver con la connotación peyorativa que con el paso del tiempo ha ido adquiriendo el verbo "traficar" y que antes no tenía.


IMAGEN 1. El escrito en cuestión.



     El escrito de Bartolomé está incluido en un expediente que trata sobre el traslado de una de las muchas fuentes públicas que existían en algunas de nuestras calles y plazas, cosa que a priori no tendría mucho sentido porque no veo la relación entre una fuente de agua y el aceite, a menos que éste fuera para las tostadas de los trabajadores. En cualquier caso, dicho escrito dice así: 

     «Como traficante que soy de Azeite de esta ciudad y vezino de ella recibí del Sõr [Señor] Maestro mayor de fontanero de esta dha. [dicha] ciudad la cantidad de trescientos quarenta y un reales de vellón valor de quatro arrobas y media de Azeite à el precio de setenta y ocho reales de vellón cada una. Y para que conste lo firmo en Cordoba à seis de nobiembre de mil ochocientos cinco = Bartolo de Raya.
Son 341 reales de vellón».

     Tras lo que en un principio parecía que iba a ser algún tipo de confesión, uno se da cuenta de que el significado de "traficante" no es sino un sinónimo de "comerciante" o "tratante", en desuso actualmente para estos menesteres, y que entiendo que la relación entre el aceite y una fuente tiene que ver con el uso de estopa y cáñamo impregnados en grasas y aceites para sellar uniones en las tuberías por las que llegaría el agua. Por cierto, si mis matemáticas no fallan, cuatro arrobas y media a 78 reales la arroba hacen un total de 351 reales y no 341, por lo que creo que al amigo Bartolomé "se la colaron floja".


Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACIÓN
- Fuentes y Cañerías. Aguas del Cabildo Eclesiástico. Antecedentes relativos a la colocación en la plazuela de la calle de D. Diego León de la fuente que existía en la pared foral de la casa del Sr. Marqués de las Atalayuelas frente a la del Gilete. 1821. SFC/00278-005. Archivo Municipal de Córdoba.

IMÁGENES
- Imagen 1: Fotografía tomada por el autor sobre el escrito perteneciente al expediente citado.

domingo, 8 de marzo de 2026

DE VISITA EN EL MUSEO ARQUEOLÓGICO

     Hace un par de semanas estuve de visita en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba con mis compis del curso de Patrimonio Andaluz, de nuevo acompañados por nuestros profes David y Auxi y una vez más con las inmejorables explicaciones de nuestro guía Eduardo Hidalgo, con el que realizamos hace poco una visita a la Mezquita y al que resulta que ya conocía de cuando ambos usábamos pantalón corto ya que hice la antigua E.G.B. con su hermano Paco, sólo unos años mayor que él, en las entonces Reales Escuelas Pías de la Inmaculada Concepción, en la plaza de la Compañía.


IMAGEN 1. Portada del palacio de los Páez de Castillejo.



     Curiosidades aparte, esta actividad estaba programada para el pasado día 4 de febrero, pero hubo de ser suspendida al igual que el resto de actividades educativas por culpa de la borrasca Leonardo, y pudo ser retomada una vez que el tiempo y la agenda lo permitieron, así es que a las 5 de la tarde del día 17 comenzó la visita a la penúltima sede del Museo Arqueológico (nunca hay que decir la última). Se trata de la ampliación que se inauguró en 2011 junto al palacio de los Páez de Castillejo, sede oficial del museo desde 1965. La cantidad de restos arqueológicos que genera una ciudad con la historia y la importancia de Córdoba es de tal magnitud que no existe edificio que los albergue, y tanto el palacio como su ampliación se quedan pequeños para este fin, por lo que podemos ver es tan solo una mínima parte de ellos aunque representativa de todas las civilizaciones y culturas que han pasado por aquí. No voy a desgranar aquí una a una las piezas que vimos ni todas las explicaciones que Eduardo nos dio sobre ellas, porque sería imposible, así es que os hablaré acerca de algunas de las más curiosas.


IMAGEN 2. Eduardo y mis compis esperando al resto de los asistentes.



     La primera de ellas es una escultura que representa la proa de un barco. Está realizada en caliza micrítica negra y en ella se pueden observar, de abajo a arriba, un espolón guarnecido con espadas, el proembolio representando la cabeza de un jabalí y el acrostolio con forma de voluta. Según el arqueólogo Desiderio Vaquerizo, esta pieza seguramente formó parte de un monumento funerario para algún personaje relacionado con el mar o con el ejército. Se encontró en la iglesia de San Lorenzo cuando se eliminó el muro que cerraba su pórtico, en el que estaba sirviendo como vulgar mampuesto.


IMAGEN 3. Proa de barco.



     La Afrodita agachada apareció en el lugar que hoy ocupan los números 5 y 7 de la calle Amparo, fragmentada en cuatro partes aunque prácticamente completa a excepción del brazo izquierdo, el antebrazo derecho y la nariz. Se trata de una figura femenina desnuda y agachada, tallada en mármol blanco de la isla de Paros, y es una réplica romana de una obra griega anterior atribuida a Doidalsas de Bitinia, de ahí que se la llame Afrodita y no Venus, que era como los romanos llamaban a la diosa griega. Es la única réplica romana aparecida en la península ibérica y una de las seis que se conocen en todo el mundo, lo que la hace una pieza muy especial.


IMAGEN 4. Afrodita con dos figuras con manto detrás.



IMAGEN 5. Afrodita pendiente de las explicaciones de Eduardo.



     Especiales son también las figuras de bronce que representan a dos adolescentes desnudos, los efebos Apolíneo y Dionisíaco. Además de su función ornamental, también servían como portadores de bandejas o de lámparas para iluminar las estancias durante los banquetes. Su hallazgo se realizó en 2012 en una finca cercana a Pedro Abad durante una operación de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Jaén, que evitó que fueran vendidas en el mercado negro. Su importancia radica en que no sólo son unas de las únicas ocho figuras que se conservan en todo el mundo sino que los dos de Córdoba forman la única pareja que existe.


IMAGEN 6. Efebo Dionisíaco, izquierda, y Apolíneo, derecha.



     Otra pieza curiosa es el fragmento de un relieve que decoraba el frontal de un sarcófago romano. Está fechado entre finales del siglo III y principios del IV, de la era actual, y se encontró tras el cementerio de la Salud. Relacionado con uno de los pilares de la economía de la Corduba romana, la producción de aceite, el relieve representa una escena de la recolección de la aceituna y el él se pueden ver a varios personajes cogiendo los frutos a mano, ayudados por escalas, y portando cestos en la espalda para su transporte posterior.


IMAGEN 7. Recogiendo la aceituna.



     La siguiente pieza, compuesta de dos partes, tiene la peculiaridad de que en un principio se desconocía que formaban parte de un todo. Se trata de un torso desnudo y parte de la pierna izquierda, ambos de mármol de la isla de Paros, que representarían la figura sedente de Augusto divinizado y que aparecieron en el número 4 de la calle San Álvaro. El torso forma parte de los fondos del Museo y la pierna de la colección Romero de Torres, y estudios posteriores han demostrado que ambas eran parte de la misma escultura. Según la página web del Museo, esta obra podría haber sido semielaborada en talleres de Roma y concluida en Córdoba para su colocación, probablemente, en el Conjunto de Culto Imperial localizado en la calle Morería y alrededores.


IMAGEN 8. El Divo Augusto sentado.



     El Mithras Tauroktonos, un grupo escultórico que representa al dios Mitra sacrificando a un toro, fue hallado en la villa romana de Fuente Las Piedras o Villa del Mitreo, en Cabra. Está realizado en mármol blanco, probablemente en la segunda mitad del siglo segundo de la era presente, y se trata de una de las tantas deidades a las que los cordobeses adoraban antes de que el cristianismo les fuese impuesto por el emperador Constantino en el siglo IV.


IMAGEN 9. Mitra sacrificando a un toro.



     En los años 60 del siglo pasado se encontró un sarcófago paleocristiano durante las obras de cimentación de una nueva construcción en la esquina de la avenida Cruz de Juárez con la calle El Almendro. Es de mármol, datado en el primer tercio del siglo IV, y en su frontal principal se encuentran tallados seis episodios bíblicos, cinco de ellos bajos arcos y separados por columnas estriadas que representan el sacrificio de Isaac, la negación de Pedro, el milagro de los panes y los peces, Adán y Eva tras el pecado original y el milagro de la piedra de Horeb de Moisés. El sexto episodio, la leyenda de Jonás, está repartido entre los intercolumbios de los arcos.


IMAGEN 10. El sarcófago paleocristiano.




     Los alminares de las mezquitas estaban coronados por una barra metálica en la que se insertaban una serie de esferas, dos, tres o cuatro, que decrecían en tamaño desde abajo hacia arriba. Este tipo de remate se denomina yamur, y en el museo pudimos contemplar el que parece ser que una vez perteneció a una mezquita en Alcolea. Posteriormente, en época cristiana, se le añadió una veleta lateral y una cruz como remate. Curiosamente, en la capital aún podemos ver algunos ejemplos de yamures, en alminares de reciente creación o en algunos que en su día lo fueron, como el de san Nicolás de la Villa, pero eso mejor os lo explica Paco Muñoz en una entrada de su blog.


IMAGEN 11. El yamur de Alcolea.



     Al lado de este yamur, y separado por una reproducción del antiguo alminar de la Mezquita de Córdoba, se encuentra la campana del abad Sanson, una pieza de bronce de los siglos IX-X de esta era que constata la presencia cristiana en época califal. Está rodeada por una inscripción en latín que, una vez traducida, dice: "El abad Sanson ofrece este regalo a la casa (ermita) de S. Sebastián, mártir de Cristo, en el año de la Era 993", aunque hay discrepancias entre algunos autores en torno a esta fecha debido a la interpretación de uno de los signos numéricos. Es otro de los objetos importantes de nuestro museo pues se trata de la campana cristiana más antigua conservada en España.


IMAGEN 12. La campana del abad Sanson.



     Podría seguir describiendo piezas pero esto se haría interminable, y tan sólo pretendo mostrar algunas de ellas para que aquellos que aún no han visitado el museo lo hagan y descubran éstas y otras muchas piezas que me dejo atrás, como las relacionadas con el ajuar doméstico, los retratos, lápidas funerarias, capiteles y un largo etcétera que es mucho mejor contemplar in situ, y si es de la mano de un guía especializado, como en el caso de Eduardo, mucho mejor.


Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACIÓN
- ceres.mcu.es.
- museosdeandalucia.es.
- notas cordobesas.com.

IMÁGENES
- Fotografías realizadas por el autor.

sábado, 28 de febrero de 2026

EL POZO DE LAS VÍRGENES

     En 1865, el Ayuntamiento de Córdoba compró lo que en su día fue el convento de Nuestra Señora de las Huertas y de la Victoria con el fin de «derribarlo y ensanchar el real de la feria y ampliar los magníficos horizontes del paseo de la Victoria y de las afueras de toda aquella parte de la ciudad». El derribo se llevó a cabo al año siguiente y parte de sus materiales se aprovecharon para los nuevos jardines de la Agricultura. De este convento extramuros no sólo queda su recuerdo en el nombre del Paseo de la Victoria, y algunas de sus imágenes en la iglesia de San Nicolás de la Villa, sino una leyenda surgida entre sus muros siglos atrás.


IMAGEN 1. Córdoba en 1567.



     El relato lo podemos encontrar en la obra "Cuentos y Tradiciones" de Rafael Ramírez de Arellano, al igual que la que compartí la última semana sobre "El mármol del diablo". Tras una introducción en la que el autor nos habla sobre la historia del convento y nos describe su iglesia como la vio él de pequeño, sigue una narración es la que se entremezclan los sucesos ocurridos en torno a la revuelta del arrabal de Saqunda con otros posteriores y bastante fantasiosos:


     La iglesia con sus muros de piedra oscurecidos por la acción del tiempo y sus artesonados, casi negros, debía tener un aspecto medroso despues de mediada una noche del mes de Mayo de 1553 en que recogidos los frailes en sus celdas, despuès de cantar sus rezos de media noche, solo alumbraba el templo la débil luz de una lámpara que ardía ante la imágen de la virgen de las Huertas, adorada en el retablo mayor de la iglesia.
     A tales horas no estaban todos los frailes recogidos, como era reglamentario, sino que, embutido en una de las altas sillas del coro, quedaba rezando devotamente sus oraciones particulares el padre fray Andrés de Santa María, religioso de ejemplares virtudes que, por su piedad y devoción, era tenido como un futuro bienaventurado entre sus hermanos de comunidad.
     Absorto estaba el buen padre en sus meditaciones y rezos, cuando observó que la luz mortesina de la lámpara tomaba incremento, ó tal creyó al ver que el templo se iba poco á poco iluminando. Abrió los ojos de par en par, miró á todos lados y no vió de dónde salía tal resplandor que iba siempre en aumento y llegó á brillar más que el sol radiante de Andalucía en un hermoso día de primavera; y aquella claridad no daba sombras como la luz del sol, sino que iluminaba con igual intensidad los techos y los muros, los pavimentos y los altares.


IMAGEN 2. El convento de la Victoria, a la izquierda.


     A poco rato empezó á oirse una armonía deleitosa, de un ritmo tan delicioso que no la habían escuchado hasta entonces humanos oidos y que se fué acercando paulatinamente hasta oirse dentro del templo sin que se vieran, no obstante, los misteriosos músicos ni los instrumentos que pulsaban y al par que la música, se difundió por el sagrado recinto un perfume tan grato como no lo soñaron jamás los humanos sentidos, y en todo ello, lo mismo en la luz que en los ecos y los perfumes, había un embriagador deleite puramente místico, sin mezcla de mundano placer, pareciendo como que el paraiso se había trasportado al monasterio de la Victoria.
     El asombro del fraile llegó á su colmo cuando desde la barandilla del coro vió que por la puerta de la clausura, que permaneció cerrada, se filtraba una mujer jóven y hermosa, con hábito blanco de religiosa y llevando una cruz procesional que brillaba con inusitado resplandor á pesar de la intensa claridad que lo invadió todo. Detrás de ésta apareció otra reverenda señora con báculo de abadesa y detrás fueron apareciendo hasta diez y ocho monjas portadoras de sendas làmparas moriscas, con sus mechas encendidas. La puerta no se abrió y a través de ella, como si no hubiera existido, pasó aquella extraña procesión que á paso lento y reposado y entonando cánticos llenos de melancólicas adencias, se dirigió al altar donde se prosternaron con devoto recogimiento. En tanto los músicos invisibles entonaron canciones inenarrables y de inviçibles pebeteros, salieron nubes de incienso que envolvieron en girones de niebla la capilla mayor y el retablo.


IMAGEN 3. El antiguo convento junto al primitivo Paseo de la Victoria, en 1811.


     Hidrópicos los ojos de fray Andrés no se saciaban de mirar aquella maravilla y ansiando el fraile acercarse, echó á correr por los claustros altos, bajó á saltos los peldaños de la escalera, llegó á la iglesia y abrió la puerta, que estaba cerrada con llave por la parte del claustro, y, penetrando en el templo, fué á arrojarse de hinojos á los piés de la abadesa, poniendo en tierra la frente y besando el borde del hábito de aquella santa mujer que solo podía ser una escogida de las que se sientan en el cielo á la diestra de Dios.
     La presencia del fraile no impresionó á aquellas mujeres que siguieron sus rezos inalterables y serenas. Cuando terminaron cantaron un himno al Dios de Nazaret y luego se levantó la abadesa, la imitaron las monjas y cesaron los coros invisibles. La abadesa dirigiéndose á fray Andrés, que permanecía postrado ante ella, le dijo: «Alzad fray Andrés y escucharme. El señor está satisfecho de vuestra virtud y en recompensa de ello ha ordenado que viéreis esta fiesta anual para que podais dar testimonio al mundo del poder del Altísimo. Oid, pues, lo que habeis de repetir á vuestro superior fray Diego de Ledesma y que se consignará en las crónicas de vuestra orden para que los que lo lean perseveren en la virtud si son buenos y se conviertan al bien si caminan por un sendero de perdición.
     Nosotros somos vírgenes consagradas al Señor que en tal día como hoy, hace setecientos treinta y nueve años, perecimos en este mismo lugar por conservar nuestra virginidad y nuestro amor al que padeció por la humanidad, siendo Dios y muriendo por redimirnos en afrentoso madero.


IMAGEN 4. El ex convento en 1851.


     En este lugar existió casi desde la muerte de nuestro divino redentor un convento de religiosas. La invasión de los árabes lo respetó como respetó las iglesias y el uso de nuestro divino culto y, aunque pidiendo á Dios constantemente que librara á España del yugo de los mahometanos, vivimos aquí, respetadas y tranquilas, un siglo entero, desde aquel funesto día en que los adoradores del coram vencieron á los adoradores de la cruz en las riberas del Barbate ante los muros de Medina Sidonia.
     En 796 subió al trono Hakam I y su carácter alegre, aficionado á la caza y al vino y poco dispuesto á someterse á los faquies, hizo á éstos emprender una campaña contra el monarca, exitando á la rebelión á los fanáticos bereberes y á los renegados que, en número grandísimo, habitaban el arrabal del Mediodía á la otra parte del río. La primera manifestación de este disgusto, fué un motín en 805, en que apedrearon al sultán y éste tuvo que abrirse paso con la espada entre la multitud. Al año siguiente se sublevó de nuevo la capital mientras Hakam fué á someter á Mérida declarada independiente, y también fué reprimido haciendo decapitar y enclavar á muchos renegados. Esta constante alarma obligó al emir á rodearse de soldados mercenarios y traer para su guarda slavos y negros á quienes la gente llamaba los mudos, porque ni hablaban ni entendían el árabe español y los mudos, amparados por su amo, se hicieron insolentes y lo atropellaban todo sin que fuesen castigados nunca por sus desmanes, más que cuando se aventuraban solos por los arrabales en que el pueblo tomaba la justicia por su mano apaleándolos y matándolos y sin que jamás se pudiera averiguar quiénes fuesen los criminales.
     Como la lucha principal era con los renegados y estos impíos, que habían negado á nuestro divino redentor, eran mirados como mahometanos tibios y hasta como cristianos ocultos, la persecución alcanzaba á los pobres mozárabes, y sin embargo, en los motines de 805 y 806 nuestro convento había sido respetado sin que se nos insultara siquiera y muchos cristianos tímidos, estuvieron refugiados en nuestra iglesia mientras pasaron aquellos días calamitosos, pero llegó el año 814 y con él la gran matanza de Mayo, en que no se perdonó ni á cristianos, ni á renegados, ni nuestra misma iglesia. Estaban los ánimos muy exitados y todo preparado para la rebelión, solo faltaba la chispa que prendiera fuego á aquella inmensa pira. Un día un slavo fué á casa de un armero del arrabal del Mediodía á que le limpiase una espada. El armero le rogó que esperara, el mudo exigió que la limpiara al instante; resistió el armero y el soldado le hundió el arma en el pecho y lo dejó cadáver. Esta fué la chispa que prendió pronto. El pueblo, furioso con aquel nuevo atentado, empezó á gritar que ya era tiempo de acabar con tales soldados y con el tirano sensual que los protegía. El ardor revolucionario se comunicó á todos los arrabales y una multitud inmensa, provista de cuantas armas encontrara á mano, marchó contra el palacio del monarca persiguiendo frenético á los soldados, esclavos y clientes de Hakam que encontraba al paso.


IMAGEN 5. El convento totalmente desaparecido en 1868.


     El sultán estaba solasándose en una de las azoteas de su alcázar cuando vió aquel hirviente mar humano, cuyas olas embravecidas le amenazaban. Para sujetarlas mandó atacar á la caballería, pero los ginetes fueron rechazados y tuvieron que refugiarse tras de los muros del alcázar regio.
     El peligro era inminente; el mismo Hakam llegó á creer que había llegado su última hora; pero permaneció tranquilo. Desde la azotea veía la embravecida multitud que lo apostrofaba y mientras meditaba el plan diabólico que venció la insurrección, llamó á su paje cristiano Jacinto y lo mandó á pedir á una de las mujeres una botella de algalia. Trájola el paje, y el sultán la vertió toda sobre su barba y cabellos, y como Jacinto asombrado le dijese: «Señor, ¿es esta ocasión de perfumes?» le contestó «Si no fuese por ellos, ¿cómo distinguirían mi cabeza entre tantas como pronto se verán cortadas?»
     Después llamó á Hodair, uno de los jefes de la guardia, á quien mandó decapitara a los faquies prisioneros, y bajando de la azotea se armé de pies á cabeza y arengó á los soldados que se reanimaron viendo la tranquilidad y el valor de su amo. Hakam dió sus órdenes, inspiradas por Satanás, á Obaidallah, su primo, quien con varios escuadrones, atacó á la multitud, ganó el puente, y unido á los soldados de la campiña, llamados por señales, incendió el arrabal. Los pobres cordobeses, al ver arder sus casas, corrieron á salvar sus ajuares y sus mujeres é hijos, y entonces Obaidallah los atacó de frente, el propio emir por la espalda, é hicieron en ellos una horribles carnicería. Los cordobeses tiraban las armas y pedían perdón; los mudos ni entendían sus súplicas y los degollaban á centenares. Solo treinta personas de distinción fueron prisioneras y el emir las mandó enclavar en palos con las cabezas para abajo á la orilla del río.
     Veinte y tres mil familias fueron arrojadas del reino; quince mil de ellas fundaron en estado independiente en la isla de Creta; las ocho mil restantes poblaron la ciudad de Fez en Marruecos. Así terminó el motín del arrabal.


IMAGEN 6. La zona en 1884.


     Nosotras, confiadas en que habíamos sido respetadas en los anteriores motines, cerramos nuestra iglesia, y, encendiendo todas las candelas del altar, nos pusimos en oración permanente. Rogamos á Dios que conservara la vida á nuestros hermanos mozárabes y que terminara aquella matanza, que también los islamitas son hijos de Dios y se debe pedir por ellos para que vivan y puedan abrir los ojos á la verdadera fé. Pero el  motín seguía y los mudos no respetaban nada. Confundiendo, en su osadía, á renegados y cristianos, saquearon las casas de éstos y las iglesias y vinieron á atacar nuestra santa morada.
     Primero llamaron, y viendo que permanecíamos silenciosas, se pusieron á derribar las puertas. Con fuertes maderos las golpeaban á manera de ariete, y aunque los cerrojos eran fuertes, las maderas, no pudiendo resistir, saltaban en astillas. Mientras ésto ocurría, nosotras orábamos; cada vez nuestro ruego al Señor era más ferviente y fortificado nuestro espíritu en el Señor, una misma idea cruzó por todos los pensamientos, y la ejecutamos sin hablar palabra, sin mirarnos siquiera. Era más de media noche; cada una llevaba su lámpara encendida, tomamos la cruz y procesionalmente nos dirigimos á la huerta. Cuando entramos en ella se oyó caer derrumbada, con gran estrépito, la puerta del templo. Llegamos á la boca del pozo. Allí se clavó en tierra la sacrosanta cruz; las lámparas fueron colocadas, encendidas, alrededor y nosotras, una á una y yo la última, desaparecimos para siempre en la profundidad del pozo. Cuando los soldados, ébrios de liviandad, llegaron al convento y lo recorrieron todo y no nos encontraron, fueron á la huerta donde aún ardían aquellas lámparas que fueron las antorchas de nuestro desposorio con el Altísimo.
     El Señor nos recibió en su seno, ante El cantamos nuestras alabanzas, y una vez al año, nos permite que vengamos á cantar preces en el mismo lugar donde ocurrió nuestro martirio. ¡Alabado sea su santo nombre!»
     Calló la abadesa, volvieron á resonar en los espacios los cánticos celestiales, la procesión volvió á salir por la puerta del claustro y poco á poco se fueron perdiendo las armonías religiosas, los perfumes exquisitos y los resplandores paradisiacos, quedando la iglesia de nuevo oscura y solitaria, alumbrada débilmente por la mortecina luz de la lámpara que ante el retablo ardía. Cuando amaneció, los frailes encontraron á fray Andrés de Santa María desmayado sobre las gradas del presbiterio.

. . . . . . . . . . . . . .

     En el siglo XVII, F. Antonio de los Reyes, que murió en opinión de santo, aseguró haber visto la extraña procesión. El pozo sirve hoy con una noria para el riego del jardín llamado Camila; la iglesia y el convento no existen. No sabemos en estos tiempos dónde celebran sus aniversarios las vírgenes del pozo.


Rafael Expósito Ruiz.




DOCUMENTACIÓN
- Cuentos y Tradiciones, 1895. Rafael Ramírez de Arellano.

IMÁGENES
- Imagen 1: Sección de la "Vista de Córdoba", realizada en 1567 por Anton van der Wyngaerde.
- Imagen 2: Sección de "Córdoba en 1860". Alfred Guesdon.
- Imagen 3: Sección del "Plano topográphico de la Ciudad de Córdoba", levantado según Procedimientos de Geometría subterranea por el Ingeniero de Minas Barón de Karvinski y el Ingenº. de Puentes y Calzadas Dn. Joaquín Rillo a Expensas de la municipalidad. Año de 1811.
- Imagen 4: Sección del "Plano de Córdoba de 1851", de José Mª de Montis.
- Imagen 5: Sección del "Plano de Córdoba de 1868", de José Mª de Montis y Fernández.
- Imagen 6: Sección del "Plano de Córdoba formado y publicado de órden y á expensas del Excmo. Ayuntamiento, por Don Dionisio Casañal y Zapatero, oficial del Cuerpo de Topógrafos. 1884.