Supongo que buena parte de las cordobesas y cordobeses conocerán la curiosa leyenda del Caimán de la Fuensanta y las peripecias del cojo para acabar con la vida de este reptil que, siendo originario de zonas tropicales del otro lado del "charco", decidió darse un chapuzón en uno de nuestros arroyos. La realidad es que se trata de un animal cazado en Filipinas y traído como exvoto al Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta. Pero existe otra leyenda que justifica la construcción de dicho santuario junto al manantial que surtía de agua al conocido pocito. A petición de uno de mis más fieles seguidores, David Morales, os dejo con esa curiosa historia, tal y como la dejó escrita Teodomiro Ramírez de Arellano:
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| IMAGEN 1. La iglesia de la Fuensanta y la capilla que rodea al pocito. |
En la primera mitad del siglo XV moraba en el barrio de San Lorenzo, junto á la puentezuela, un infeliz cardador de lana llamado Gonzalo García, á quien su escaso jornal no bastaba á sostener á su esposa é hija, la primera paralítica y la segunda demente; por tanto, imposibilitadas de ayudar á contribuir con su trabajo á los gastos de la familia: desesperado con tan triste situación, y no sabiendo qué determinación tomar, salióse un dia por la puerta de Baeza hacia el arroyo de las Peñas ó Piedras, que es el de la Fuensanta, y hacia el sitio que aun se denomina de las Moras, á causa de las muchas silvestres nacidas en aquellos paredones.
Meditabundo y pensativo iba Gonzalo hacia el mencionado sitio, cuando se le acercaron dos hermosas jóvenes, una en pos de otra, y un gallardo mancebo: la primera le dirigió estas ó parecidas cariñosas palabras: «Gonzalo, toma un vaso de agua de aquella fuente, y con devoción dalo á tu mujer é hija, y tendrán salud.» Suspenso quedó aquel desgraciado, si bien dominándolo la idea de que sus favorecedores serían la Virgen María y los Patronos de Córdoba San Acisclo y Santa Victoria, en cuya idea lo afirmó el gallardo joven, diciéndole: «Haz lo que te manda la Madre de Jesucristo, que yo y
mi hermana Victoria, como Patronos de esta ciudad, lo hemos alcanzado de la Virgen Santísima.» Lleno de gozo y aun mas admirado, volvió ansioso la vista hacia el sitio señalado, donde efectivamente corría el agua, manando de entre las descubiertas raices de un cabrahigo [higuera], que demostrando su antigüedad, cubría con sus ramas parte del paredón de la cercana huerta; mas casi simultáneamente iba á arrojarse á los pies de su celestial bienhechora, cuando esta ya habia desaparecido con los Santos Mártires.
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| IMAGEN 2. Santuario y pocito en los años 30 del siglo XX. |
Henchido su corazón de gozo y agradecimiento, corrió Gonzalo á una alfarería, cercana á la hoy demolida puerta de Baeza: compró el jarro, y lleno de la salutífera agua, lo llevó á su casa, contando lo ocurrido, y pidiendo con gran fé que con ella viviesen su mujer é hija, logró verlas libres completamente de sus acerbos y ya incurables padecimientos.
Como no podía menos de suceder, la noticia circuló por toda la ciudad; los enfermos corrieron á beber de la fuente designada, y nuevas curaciones justificaron mas y mas la virtud de sus aguas; mas nadie acertaba á descifrar aquel misterio, descubierto al fin por otra nueva revelación. El jarro comprado por Gonzalo García, y que era de barro vedriado, como color amarillo, se conservó muchos años como una preciosa reliquia, afirmando Enrique Vaca de Alfaro que el dia 6 de Abril de 1671 tuvo en su mano un fragmento que aun quedaba en poder de Juana de Luque, vecina de la calle del Aceituno, de sesenta y siete años de edad, y viuda de Nicolás Muñoz de Toro, descendiente del Gonzalo.
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| IMAGEN 3. Otra vista de la zona. |
Veinte años habian trascurrido desde aquel portentoso suceso, aun sumido en el mas misterioso secreto: el sitio conocido por la Albaida era la morada de los ermitaños de Córdoba, aun no congregados como en la actualidad, y uno de ellos agoviado por una cruel hidropesía que lo llevaba al sepulcro, se decidió también á beber de las saludables aguas de la santa fuente, y con ellas logró la salud apetecida: lleno de agradecimiento y fe, pedía á Dios y á la Virgen en sus oraciones, que se dignasen aclarar aquel arcano, cuando una noche, la del 8 de Setiembre, oyó cierta voz que satisfizo su ansiosa curiosidad, revelándole que en el tronco de aquel cabrahigo se encerraba una imagen de la Virgen, depositada en un hueco cuando, la persecución de los cristianos, y cuya concavidad había cerrado el trascurso de tantos años. El ermitaño corrió al dia siguiente á presentarse al Obispo de Córdoba D. Sancho de Rojas, y contándole lo ocurrido, éste hizo cortar el árbol, confirmándose las palabras del anacoreta, puesto que fué hallada la imagen que con tanta devoción veneramos. Es de barro, y tiene en la espalda unas letras muy gastadas, al parecer góticas.
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| IMAGEN 4. El pocito dentro de su capilla. |
Si el mas insignificante acontecimiento atrae tantos curiosos al lugar en que ocurre, figurémosnos un momento qué no sucedería en semejantes tiempos, cuando los sentimientos religiosos eran tan puros en las personas ilustradas, y el pueblo ignorante estaba subyugado por el mas exagerado fanatismo. Al dia siguiente de la revelación, cortóse el árbol, y encontrado tan estimable objeto, divulgóse la noticia con la velocidad del rayo, acudiendo casi en su totalidad el vecindario de Córdoba con el clero, autoridades y demás corporaciones, formando todos una procesión que en medio de una alegría indescriptible, aumentada por el repique de tantas campanas como entonces habia, y del disparo de cohetes y arcabuces, llegó con la imagen al Sagrario antiguo de la Catedral, hoy capilla de la Cena, donde la depositaron, hasta que se edificó en el sitio del cabrahigo el primer humilladero, costeado por el Obispo D. Sancho de Rojas.
Y hasta aquí la leyenda. Ramírez de Arellano continúa después ofreciendo datos acerca de las posibles fechas en que habrían ocurrido los hechos o sobre la posterior construcción del humilladero junto al pozo, además del santuario y la iglesia, pero tampoco es cuestión de reproducir completos los "Paseos por Córdoba" aquí y si queréis los tenéis disponibles en biblioteca.cordoba.es.
Rafael Expósito Ruiz.
DOCUMENTACIÓN
- Paseos por Córdoba: ó sean, apuntes para su historia, 1873-77. Teodomiro Ramírez de Arellano.
IMÁGENES
- Imágenes 1 y 4: Fotografías tomadas por el autor.
- Imágenes 2 y 3: Archivo Municipal de Córdoba.




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